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Deporte | Martes 07 • Marzo • 2017

Óscar Washington Tábarez. Foto: Federico Gutiérrez
Óscar Washington Tábarez. Foto: Federico Gutiérrez

Con Óscar Washington Tabárez, entrenador de la selección uruguaya

En vísperas de su cumpleaños número 70, el Maestro Óscar Tabárez recibió a la diaria en el Complejo Uruguay Celeste y, como en cada momento en que se avecinan nuevos desafíos para la selección uruguaya, analizó los próximos partidos por las Eliminatorias para el Mundial de Rusia 2018. Pero además el director técnico celeste fue más allá -como siempre- y habló de los juveniles, del proceso que encabeza, que en unos días cumplirá 11 años, y de la situación de los futbolistas uruguayos y su disputa por los derechos como trabajadores.

–“La vida son ciclos”, dijo en una entrevista. Se viene un nuevo microciclo de Eliminatorias. ¿Cómo está todo?

-Seguramente bastante parecida a todas las dobles fechas que hemos tenido en 11 años de jugar partidos por Eliminatorias. Creo que hemos progresado mucho en los acercamientos a los partidos, desde la observación de los jugadores en los partidos que juegan en sus clubes, las reservas que hacemos para cada partido de acuerdo con el panorama que tenemos: jugadores a disposición, lesionados, suspendidos, el rival. En eso hemos ganado mucho, pero las bases son las mismas. Y como también sucede siempre, vamos a trabajar con plazos muy perentorios. Algunos jugadores vienen el lunes 20 de marzo; de ellos, los que no lleguen a tiempo para participar en el entrenamiento que hacemos de tarde, cuyo objetivo principal es mitigar los efectos del viaje y del cansancio que pueden traer de la competencia en su equipo el fin de semana, entrenan al otro día. El martes de tarde estarán todos, aunque algunos recién habrán llegado al mediodía. A estos hay que contemplarlos y no cargarlos mucho, pero también es necesario transmitir qué vamos a hacer. Eso será el martes acá, en este lugar donde estamos conversando, veremos el pizarrón y en un entrenamiento tratarán de demostrar en el campo lo hablado. Al día siguiente practicaremos jugadas de pelota quieta, y el día del partido haremos una activación en la mañana, que no tiene mucho que ver con la parte táctica del partido; y de noche, a jugar. Ya tenemos experiencia en esto. Eso es un punto fuerte para nosotros.

–El próximo rival de Uruguay será Brasil, que viene en ascenso desde que consiguió ganar en los Juegos Olímpicos.

-Enfrentamos a un rival poderoso histórica y estadísticamente. En este momento, además, es el puntero de las Eliminatorias, con una ventaja importante, además de venir de seis victorias consecutivas -tres en casa y tres afuera-. Considero que el primer acontecimiento importante fue el cambio de entrenador. La llegada de Tite trajo aparejada una mejoría en el juego y en los resultados; esto de ninguna manera es una crítica a Dunga, que tiene su estilo definido y de quien incorporé muchas cosas. Se vienen con ese panorama. Pero al tiempo de asumir que es un partido más que difícil, para nosotros también es muy motivante y es una oportunidad de conseguir algo que no se obtiene siempre.

–Junto a su cuerpo técnico incorporó jugadores después del Mundial de Brasil 2014. Varios quedaron, pero otros no. En 2012 también ocurrió algo similar en un momento difícil de la selección. ¿Cómo se llevan a cabo esos cambios? ¿Por qué se hacen en esos momentos?

-Nosotros organizamos un proceso de selecciones juveniles para que, una vez que los muchachos llegan a la sub 20, algunos tengan posibilidades de acceder a la selección mayor. Pero ese momento no es cuando dicen los exitistas o los entrenadores de turno que aparecen. De esta selección sub 20, que por suerte ha conseguido el título y nos causó una alegría inmensa, ya ponen jugadores en la selección mayor, sin hacer las cosas que hemos hecho con todos los anteriores: esperar a que compitan a niveles de exigencia muy parecidos a los que van a enfrentar si juegan en la selección mayor. Es el caso de [Diego] Rolan, Gastón Silva, [Giorgian] de Arrascaeta, a quienes les llevó un tiempo. También el de muchos otros jugadores que estuvieron y no han vuelto a ser convocados, pero no quiere decir que estén afuera. En cualquier momento puede aparecer un jugador que esté en esa situación.

–En ese momento, en 2012, apareció Cristhian Stuani.

-Sí, pero Stuani debutó en 2008, en un amistoso en Sudáfrica. Yo lo conocía de mucho antes. Una vez tuvimos una conversación, acá de pasada, con Diego Forlán y hablamos de él. Además de jugar muy bien al fútbol, Forlán respira información por todos lados, es un fanático, por lo que me hace pensar que en cualquier estamento de la estructura gruesa del fútbol puede actuar y con éxito. Lo que quiero decir es que Stuani estuvo, después no, y volvió para quedarse. Salió goleador en Uruguay, en España; sé lo que había hecho en Danubio, en Bella Vista, las características personales, cómo era su familia, un montón de cosas. ¿Pero sabe cómo apareció el hueco? [Javier] Aguirre, en su momento en Español, lo puso de volante por la derecha. A mí me interesó, lo empecé a seguir y vi que cumplía con la función. Yo sabía que cuando se acercara al área no tenía que decirle nada, porque los goleadores generalmente basan todo su potencial en un don que tienen para eso, que obviamente mejoran con trabajo, experiencia, con la preparación, pero que tienen desde niños. En ese sentido, fue uno de los que se incorporaron de acuerdo con las circunstancias. Es diferente de lo que pasó con [Edinson] Cavani, que en un momento no jugaba en la posición que juega ahora, o no tenía muchas oportunidades ahí. Los negativos decían que jugaba de marcador de punta, y eso es un barbarismo, una exageración. Nunca jugó de marcador de punta. La situación a la que voy es que lo mismo le pasó hace no mucho en su equipo, Paris Saint-Germain. No jugaba en la posición de ahora. ¿Por qué? Porque estaba [Zlatan] Ibrahimovic. ¿Y en la selección quién estaba? Forlán, [Sebastián] Abreu, jugadores que todavía aportaban. Entonces, cuando un jugador tiene capacidad goleadora pero también puede aportar otras cosas -y esas otras cosas las hace bien-, hay que pensar la manera de involucrarlo en el equipo. Yo invito a que vean la actuación de Cavani en el partido con Inglaterra en el Mundial de Brasil; es uno de los mejores partidos de Cavani que vi desde que lo conozco. Cumplió una función táctica importantísima en la limitación del poderío del equipo rival, borró a [Steven] Gerrard de la cancha o, mejor dicho, no dejándolo hacer. Cuando se aproximó al área, puso una pelota de gol. Cuando se adelantó en el campo, no la tocó él pero obligó a Gerrard a cabecearla para atrás. Fue clave. Después fue a buscar el partido en los últimos minutos. Esos jugadores démelos en la cancha, ojalá, con la posibilidad de ponerlos en la zona donde más influyen; pero eso no significa borrar de un saque la chance de que en algún momento puedan cumplir otra función.

–En momentos en que las críticas caían por el lado de que Cavani jugaba de marcador de punta, usted lo puso de 9 en los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

-Sí. Y, dicho sea de paso, esa no fue una buena experiencia teniendo en cuenta los objetivos que nos habíamos planteado. Pero todo lo que se vive es experiencia si uno la analiza y la vuelca; no sólo lo que le pasa a uno, sino lo que uno hace después con eso que le pasó. Ese es el verdadero sentido de la experiencia. Además, y para salir del tema de Cavani, sus condiciones de liderazgo cada día aumentan más.

–¿Cómo analiza las vueltas a la competencia de Martín Cáceres, Cristian Rodríguez y Álvaro González, tres pilares de esta selección?

-Fue una alegría que se concretaran los pases del Cebolla y del Tata. No porque hayan venido a nuestro medio y a los equipos grandes, sino porque les da la posibilidad de jugar partidos y ponerse en rodaje futbolístico, y eso es lo que le interesa al cuerpo técnico de la selección. No hay dudas en cuanto a su aporte a la selección. Lo mismo ocurre en el caso del Pelado; me puso muy contento que arreglara con un equipo de la Premier League [Southampton] y que haya superado sus pruebas físicas. Eso no nos hace olvidar de que hace un año que no juega un partido de fútbol. Como para todos los jugadores, hay que esperar los huecos -que en este caso, si no están, los fabricamos-, siempre y cuando estemos segurísimos de que es para jugar. Más allá de que estén para jugar o no, son jugadores que han demostrado que son titulares o que son muy importantes, lo que no quiere decir que no puedan ser suplentes.

–Las selecciones juveniles han sido la grifa de este proceso de selecciones. ¿Qué sensaciones le dejó el torneo conseguido por la sub 20? ¿Y la participación de la sub 17? Usted dijo que es la que más problemas ha tenido para clasificarse a un Mundial.

-Nosotros siempre pensamos y tratamos de difundir que lo importantes es prepararse, mentalizarse, motivarse y llevar eso al campo de juego. Pero hay que ser consciente de que antes de entrar al campo no tenemos nada ganado, no se escribió la historia todavía. Lo de la sub 20 y lo de la sub 17 son ejemplos de cuáles son las cosas que pueden pasar. En un deporte como el fútbol, los aspectos que tienen que ver con la parte humana, la personalidad, las emociones y las sensaciones son importantísimos; para mí son esenciales. No elegimos a los jugadores por esas características, sino por cómo juegan al fútbol, pero esas características son las que a veces interfieren de tal manera que no se les termina de encontrar explicaciones totales al aspecto puramente técnico y táctico. Con respecto a la sub 17, la palabra que me nace para hablar de su actuación es que estoy sorprendido por lo que no se pudo hacer. El buscar, meter, no entregarse, hacer mucho gasto desde el punto de vista físico y mental estuvo, pero los otros aspectos distaron mucho de lo que habíamos visto hasta los últimos momentos de la preparación que se hizo jugando partidos internacionales. Pero a veces esas cosas pasan. Tampoco gastamos demasiado en pensar anticipadamente que la sub 20 iba a salir campeona; yo no lo sabía. Hice charlas previas con los dos planteles, por invitación de los cuerpos técnicos, y lo que planteamos fue que se cuestionaran o reflexionaran lo siguiente: ¿por qué fueron elegidos?; ¿qué tienen ustedes para haber sido elegidos?; ¿piensan en eso?; ¿en qué son buenos?; ¿en qué no tanto?; ¿cómo hacen para llevar adelante lo bueno y aportárselo al equipo? Eso es en lo que hay que pensar antes de los partidos, no en salir campeón, porque pensar en salir campeón desgasta. Indudablemente, esto sucede muchísimo más en gente que no tiene, por razones de edad, la experiencia de un jugador que jugó 80 o 100 partidos internacionales. En ese sentido, aspiramos a que se siga trabajando: preparaciones largas, actividad internacional, espectros amplios de jugadores que lleguen al complejo para que todos participen y traten de mostrar sus cosas para, eventualmente, ser elegidos para una selección. Obviamente, no hay que dejar de lado la diferencia entre objetivo y meta. Los objetivos son estos que le mencioné; la meta es salir campeón. Eso culminaría todo lo que queremos, pero no se puede cumplir una meta si no se cumplen todos esos objetivos. Las tres veces que no conseguimos ir al Mundial fue en sub 17, y evidentemente hay un efecto que pesa. Eso lo tengo. Tengo que leer más y juntar más información a nivel académico, porque es una cuestión para gente más especializada en la evolución del individuo, en todos los aspectos de la adolescencia: el físico, el psicológico, el emocional, el social. Un entrenador tiene que ser siempre un observador, si es un buen observador mejor.

–¿Cómo analiza el intercambio de ideas y la situación que se vive en torno a los derechos de los trabajadores del fútbol que comenzó hace unos años con [Santiago] Bigote López y Agustín Lucas y se hizo fuerte con la exposición de Diego Godín y otros integrantes de la selección uruguaya?

-Tengo una visión un poco más global de la cuestión. Los reclamos de los futbolistas, esa persistencia colectiva por sus derechos, se institucionalizó con la creación de la Mutual Uruguaya de Futbolistas Profesionales en 1946. No sólo en Uruguay, en todo el mundo, con la evolución que ha tenido el fútbol, se han presentado aspectos nuevos que acá quizá no son tan visibles. Estamos hablando de fútbol profesional, en el que están implicados el dinero, las finanzas y la generación de recursos como elemento esencial. ¿Cuáles eran los recursos de los clubes en las décadas de 1960 y 1970? La venta de entradas y el traspaso de los futbolistas. Ahora esos siguen existiendo, pero son aspectos un poco más secundarios. Un equipo podrá vender muchas entradas por partido cuando juega de local, pero eso no le da para nada comparado con otros ingresos, como los derechos de televisión. [Alex] Ferguson, en su último libro, Liderazgo, habla del “dinero a paladas que nos da la televisión”. Lo dice un manager y un histórico del fútbol mundial. En esos aspectos están incluidos -porque esto supone transferencias de futbolistas y grandes contratos- los derechos de imagen. Cuando se publicita la firma de un gran contrato para un futbolista se dice que va a ganar una cifra por salario y otra por derechos de imagen. ¿Qué quiere decir eso? Que el club le compra los derechos de imagen al jugador, paga por eso. Todo lo que reciben los clubes lo vuelcan en infraestructura, en preparación, en mejores condiciones, en seguridad, en un montón de cosas. Esos son derechos de los futbolistas, muchos de los cuales no están planteados. Ahora, cuando bajamos el nivel, dejamos participar o le damos mucho espacio a gente que ni siquiera es futbolista... Futbolistas, o ex futbolistas, son los directivos de la Mutual y los que están en actividad, u otros que no son directivos pero forman parte de la masa social de la Mutual. Las ofensas, las degradaciones y los ataques personales bajan el nivel de la discusión. Acá también hay derechos televisivos, tiene que haber merchandising, hay contratos, y es un medio que no está muy desarrollado desde el punto de vista profesional. Yo lo digo de manera un poco cáustica, pero si hacemos un campeonato de profesionalismo en América -algo imposible, pero para dar una figuración, una imagen- nosotros pelearíamos el descenso. En las canchas se han mejorado los pisos, pero hay algunos escenarios que se han hecho cuando empezó el fútbol profesional en este país, o antes. ¿Se han mejorado? Sí, pero el otro día vi que anunciaban como algo importante que en una cancha se hizo un baño y se le criticó que no tuvieron en cuenta el uso del baño para gente discapacitada o con una minusvalía. Quiere decir que en eso estamos un poco atrás, y eso se arregla con dinero. Esos factores infraestructurales, de salarios de futbolistas, de que vaya público a las canchas y de seguridad se solucionan con dinero. Y ese dinero tiene que venir de lo que se recaude por los derechos que se venden. ¿Qué tengo para generar esos recursos? Los derechos televisivos. De eso se trata, y por eso no entiendo demasiado que dentro de un mismo gremio haya tantas diferencias de opinión y tantos ataques subliminales cuando todos tendrían que tirar para el mismo lado. En mi condición de entrenador, y de entrenador de la selección nacional, no quiero tomar partido por personas, pero sí por reivindicaciones, porque creo que están muy vinculadas a la realidad del fútbol actual. Y esto lo dije cuando vine del Mundial de Italia 1990 e hicieron un simposio que se llamaba “¿Uruguay nunca más campeón mundial?”. Lo vengo analizando desde hace mucho. Es cuestión de tiempo. Esto va a tener una salida, que ojalá sea rápida.

–Me imagino que serán muchos y muy lindos, pero me gustaría pedirle a usted un recuerdo o algún aspecto que tenga grabado de estos diez años que pasaron del proceso de selecciones nacionales.

-Yo estoy convencido de que esta manera de trabajar, en este país, es la que da resultado. Es muy difícil armar una selección nacional acá, porque comparativamente se tienen pocas opciones de elección de jugadores importantes. Es muy difícil tener una manera de jugar. A mí me gustaría jugar con 4-3-3. Brasil lo hace porque tiene como cinco millones de jugadores de fútbol y de esos un buen porcentaje son jugadores de selección. Yo no lo puedo hacer porque no tengo tantos punteros desequilibrantes como para estar salvado de tener lesionados o suspendidos. La manera más adecuada que yo veo de trabajar es con los juveniles, formar jugadores, darles experiencia -no nos metemos en la manera de jugar-. La reflexión es esa, además de [Fabián] Coito, [Alejandro] Garay y [Diego] Demarco han estado otros entrenadores que han hecho grandes cosas y han sido muy importantes para este proceso, y han dejado su aporte personal, técnico y su idoneidad para el trabajo. Sobre todo desde el punto de vista humano se ha mantenido una línea, y eso es gracias a las personas. Estoy convencido de una forma de trabajar, y en esa forma de trabajar después tenemos la aspiración de ganar. Yo me comprometo a realizar sí o sí la forma de trabajar; ganar puede depender de otras cosas.


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