Él dice que es tranquilo, pero está un poco nervioso. Son muchas cosas a la vez. Hace unas semanas se fue de Guaraní de Paraguay con la marca de ser el goleador histórico del fútbol paraguayo con 127 anotaciones (anotó 17 en el aborigen) y vino a Uruguay con la idea de cerrar su carrera defendiendo la camiseta de algún equipo local. Entre las ofertas, los aprontes y el destino, apareció una llamada inesperada. Raúl Rodríguez, presidente de Racing Club de Montevideo, donde jugó en 2002 y anotó 12 goles, lo llamó para que se hiciera cargo del plantel principal tras la salida de Pablo Peirano. Aparecieron las dudas y la cabeza de Rodrigo deliró. Si agarraba como entrenador ya no podría jugar, pero si lo hacía estaba haciendo lo que desde hace varios años pensó que iba a hacer. Y lo hizo.

El Yaya, como todos le dicen, arrancó su carrera en River Plate y se movió por varios frentes. En nuestro país, además de la de los cerveceros y darseneros, defendió la casaca de Danubio y luego armó las valijas para andar por Italia, Grecia, Chile, Paraguay, México y Argentina. Levantó la Copa Libertadores en 2002 con Olimpia, defendió la celeste en selecciones juveniles y fue citado por Oscar Washington Tabárez para las Eliminatorias que nos llevaron a Sudáfrica 2010. Hoy, junto a su familia instalada en Montevideo, con una madre que no tiene que ir a despedirlo al aeropuerto cada año, Hernán Rodrigo López asumió el mando de Sayago y habló con la diaria.

–¿Cómo se hace para cambiar el chip de goleador para pasar a ser entrenador?

–No sé [ríe]. Me tomó de sorpresa porque todavía estaba analizando algunas oportunidades para jugar acá en el fútbol uruguayo. Hubiera sido algo lindo en mi carrera, pero en un momento empecé a dudar y en ese momento apareció Racing con la propuesta inesperada. Si bien yo tenía la idea de más adelante arrancar como entrenador no me lo imaginaba tan rápido. Le pedí al presidente de Racing 48 horas para pensarlo bien y no tomar una decisión de la que luego me pudiera arrepentir. No por lo de ser técnico, sino porque después no iba a tener seis meses más o un año para jugar al fútbol. Creo haber tomado la decisión acertada.

–¿Esas dudas por qué aparecieron?

–Tenía ganas de seguir jugando. Me daba la sensación de que venía de un fútbol competitivo, como es el paraguayo [es físico y muy fuerte], y si lo comparaba con el fútbol uruguayo eran las mismas características. Al final hice pesar otras cosas. Si bien ser director técnico te consume mucho tiempo en la vida cotidiana, creo que la vida del jugador de fútbol es más sacrificada desde lo físico. Las recuperaciones después de los partidos me llevaban mucho tiempo y pensé que no estaba para seguir con esa faceta.

–¿Sentiste que Racing incidió en tu retiro?

–En Paraguay algunos clubes, mientras estaba jugando, me decían que podía tener el perfil como para en un futuro cercano ser entrenador. Como me veían en la cancha entendían que era algo lejano. Cuando Racing apareció con una posibilidad concreta lo tomé más en serio. Un poco las ganas las tenía pero también incidía que Racing apuntaba a entrenadores de estas características y eso me hizo sentirme cómodo.

–¿Qué cosas pensás que había en esos que te decían que te veían para ser técnico?

–Una es el haber permanecido tanto tiempo en el primer nivel del fútbol. Entiendo que no es fácil llevar una carrera tan larga con casi 40 años. Me retiré no en plenitud, pero activo, adentro de la cancha, como yo quería. Siempre soñaba con retirarme en la cancha, no me veía en un plantel sin jugar. Las ganas y la competencia interna que siempre tuve hicieron que pudiera llegar a esta edad con actividad. Hay un fuego sagrado que me mantuvo competitivo. Ese era un poco el miedo que tenía de venir a Uruguay y de dejarme estar, que me diera lo mismo jugar o no. Nunca me dio lo mismo, siempre hice todo lo que estaba a mi alcance para estar en la cancha.

–¿En qué momento cayó el bicho de querer dirigir?

–Empezó de grande. Pisando los 35 años, por ahí. No pensé que iba a jugar hasta ahora, no me imaginaba jugar con 39 años. Como todo cambió y ha evolucionado hay muchos aspectos del físico que son diferentes, antes los jugadores se retiraban antes. Después de pasar por el fútbol argentino fue cuando pensé que podía ser entrenador. Ahí empecé el curso, mientras jugaba en Estudiantes, después el segundo año lo revalidé en Misiones, Paraguay. El aprendizaje que te da el fútbol no te lo da nadie, te da roce, te da vestuario, te da experiencia. También empecé a sacar cosas de los entrenadores, como el Tata [Gerardo] Martino, [Alejandro] Sabella, [Ricardo] Gareca, empezás a ver los trabajos que hacen. Por qué los hacen, para qué sirve, tu memoria las va incorporando. Cuando sos chico los tenés pero no te quedás pensando. Muchas veces en mi interior cuestionaba a algún técnico de por qué hacía tal trabajo, cuando para mí había que hacer otro. Muchos técnicos me decían que no era fácil estar de su lado, porque se deben tomar decisiones y obviamente pueden salir bien, o no.

–En 48 horas tomaste una decisión y debías comenzar a planificar, ¿cómo lo hiciste?

–Las estrategias y las ideas las voy a ver según los futbolistas, el técnico es un factor importante pero se debe adaptar. Ahora estoy con esta experiencia nueva y tengo que vivirla, sentirla. Al principio tuve un poquito de timidez porque tenés que estar al frente de un grupo. Los tiempos cambiaron, antes el entrenador estaba como una imagen más alejada de los futbolistas. Hoy es lo contrario, yo voy a tener el perfil de acercarme, hablar, y estar en el día a día de los jugadores. No es los jugadores por un lado y el cuerpo técnico por el otro, yo me voy a sentir parte de un grupo.

–¿Cómo viene siendo la pretemporada?

–El fútbol actual es desde el primer día arrancar con la pelota. Hay trabajos manejados por el profe mezclados con trabajos tácticos. A Alejandro Martínez ya lo conocía de un pasaje muy corto en Racing y sé cómo trabaja. Es la forma que a mí me gusta. Empezamos con trabajos de pelota y eso se hace más llevadero. No es que se va el profe 15 días con los jugadores a correr por la ruta, estás en permanente contacto con el jugador.

–¿Cómo fue la sensación de venir y encontrarte con esta realidad?

–Primero vine a la presentación mientras los jugadores estaban de vacaciones. Eso me puso un poco intranquilo porque una vez que ya me confirmaron en el cargo estuve como 15 días sin trabajar. Ahí la cabeza me estallaba. Pensaba qué hice, si estará mal, cómo iba a hacer. Luego cuando empezamos a trabajar ya me calmé y me adapté al grupo. Estoy arrancando en algo nuevo, muchos ex jugadores que fueron entrenadores me comentaron que era muy diferente. Por el momento agarro una pelota y tengo que evitar patearla o ponerme a correr con los jugadores, que también se puede hacer, pero intentaré no hacerlo.

–¿Ves diferencias entre el delantero que eras vos en Racing en el 2002 y los delanteros de hoy?

–El delantero tiene diferentes características, eso es lo bueno. Siempre me consideré un delantero de todo el frente del ataque, nunca fui un nueve fijo. Con el correr de los años, ya más grande, los técnicos me comenzaron a posicionar como centrodelantero, por un tema de no hacer el desgaste y de estar mucho más cerca del área. A los delanteros que hay en Racing voy a tratar de inculcarles todo tipo de movimiento y desplazamiento. Que no les agarre la ansiedad en los momentos difíciles que pasamos los delanteros, que es cuando no la mandamos guardar. Ahí es cuando deben estar más tranquilos. Eso será parte de un aprendizaje.

–¿Tenés una idea futbolística de algo que te guste?

–Sí, me gustan dos o tres ideas tácticas. Me gusta el 4-4-2 o 4-3-3, pero eso dependerá de lo que vea en el plantel. Lo vamos a ver con el cuerpo técnico, porque soy muy abierto en ese sentido de que todos participemos en las ideas para sacar lo mejor del plantel. Vamos a tratar de aplicar las ideas tácticas a los jugadores, aunque es un plazo muy corto, pero he notado que en estos días se ha reaccionado muy bien a todo: lo táctico y la convivencia con el profe. Creo que el fútbol es uno solo, hay normas de convivencia que son universales. Me habían comentado que este grupo de jugadores es de respetar ese tipo de cosas. Nos gusta tratar de tener buen trato de pelota, intentar que la pelota vaya por abajo, pero como no hay una regla para todo, por momentos se intentará jugar si se puede. A veces el rival no te lo va a permitir, pero eso es lo lindo del fútbol, vos querés hacer algo y el contrario no te va a dejar.

–Cuando asumiste en Racing pasaste a ser un ex jugador, ¿hubo algo?

–Eso me costó. Hubo un clima raro en mi cabeza, por momentos me preguntaba cómo iba a ser mi vida diaria. En las vacaciones yo terminaba un campeonato, pero tu cabeza seguía pensando y funcionando como la de un jugador de fútbol. Tenías que cuidarte con las comidas, moverte, entrenar, y estar pensando en tu próximo equipo y tu próximo pase. Yo siempre tenía ofertas y tenía que estar evaluando. De golpe y porrazo eso se terminó. Tuve que hacerme la idea de que no iba a pasar, pero surgió lo de Racing.

–¿Te dio para mirar para atrás ahí?

–Sí, sí. Miré mucho. Sobre todo hablando con mi vieja, con mis hermanos, te pasan muchas cosas por la cabeza. Todo el tiempo invertido, no digo un sacrificio porque para mí no lo fue, yo disfruté mucho ser jugador. Si lo tuviera que volver a hacer, lo haría. Me pasó todo muy rápido. Jugando en Paraguay les decía a los jugadores que disfrutaran de cada momento, de los entrenamientos, de llegar temprano, de los vestuarios. Me imaginaba que cuando me tocara retirarme lo iba a extrañar. Capaz ahora no lo extraño tanto porque estoy en Racing, me tocó esto, pero podía haber sido diferente.

–¿Te quedás con un momento?

–Fueron muchos. Toda mi etapa como juvenil fue algo que disfruté mucho. Mis formativas fueron en River Plate y me acuerdo clarito. Cómo fui subiendo, inesperado, de un día para el otro pasé de la quinta al primer equipo, me sentía rarísimo. No lo esperaba. Ese día toqué el cielo con las manos. De estar en la quinta a cambiarme con [Juan Ramón] Carrasco, Petete [Fernando] Correa, Diego López.

–Tanto así que cuando te citaron la primera vez no fuiste por vergüenza.

– [Ríe y se pone nervioso] ¿Cómo sabés eso? Fue así, increíble. El técnico de la quinta de River Plate me avisó que tenía que ir a entrenar con él primero. No fui porque no me imaginaba y me daba vergüenza afrontar esa situación. La dejé pasar, como no había teléfono, y fui a entrenar con mi categoría. Al otro día me volvieron a decir y tuve que ir. [Jorge] Fossati me llamó al vestuario de los técnicos, me habló con esa voz gruesa que tiene: “¿Qué pasó, pibe, que no viniste?”. Le inventé cualquier cosa y no me creyó. Me dijo que de ahí en más debía ir a cambiarme todos los días con el plantel principal. Imaginate ir al vestuario a hablar con él, era diferente, generaba mucho respeto y te daba cierto temor. Lo veíamos lejano eso de estar hablando mano a mano con un técnico.

–¿Pensás generar ese tipo de cosas de respeto y el trato en el plantel?

–Sí, justo lo venía hablando con alguno de los muchachos. Me gustaría que hablemos, que haya diálogo fluido. Les dije a los más grandes que se acercaran y que les dijeran a los más chicos lo mismo. Buscamos dar nosotros el primer paso para que todo sea fluido. Vamos a intentar que todo sea en un marco de respeto, con normas a seguir, porque somos los responsables de la conducción del plantel y del grupo. Queremos que haya buen clima y que si un día nos toca perder un partido no sea una tragedia. Son resultados y es parte del fútbol. Es doloroso perder, pero queremos trabajar siempre de la misma manera.

–Ganaste una Libertadores, brillaste en Argentina, sos el goleador histórico del fútbol paraguayo, ¿qué te queda?

–Otro momento en el que me sentí realizado fue cuando llegué a Argentina. De chico con el carnet de jugador no me perdía ningún partido, en casa miraba fútbol italiano en los canales abiertos y lo que más miraba era el fútbol argentino por los ídolos: [Enzo] Francescoli, [Gabriel] Cedrés, el Manteca [Sergio Martínez]. Era un clásico a las 21.00 ver el fútbol argentino. Cuando me tocó jugar me pregunté qué estaba haciendo ahí. Era un sueño realizado. Era impresionante ver ese fútbol por la tele por todo el entorno que se generaba. Lo disfruté mucho, a pesar de que me tocó de grande, como estar en la selección uruguaya.

–¿Fue algo pendiente la selección? Estuviste unos pocos partidos.

–Quizá podría haber llegado antes. Se dio así y lo disfruté en el momento. Esa convocatoria fue en un momento difícil de la selección, a mediados de la segunda rueda de la Eliminatoria, y también el repechaje contra Costa Rica. Fue lindo y por suerte se clasificó a Sudáfrica. Me dio para agarrar cosas de ahí por el grupo que hasta hoy se mantiene. Ni que hablar con lo que hacía el cuerpo técnico. Fue lindo estar en un grupo en el que pasamos 50 jugadores que van a quedar en el recuerdo.

–¿Sigue habiendo delanteros típicos uruguayos?

–Hay y siguen apareciendo. Yo no me considero completo, pero me obligaron a jugar de delantero, yo era volante. Permanentemente tenía contacto con la pelota y luego pasé al frente de ataque. Siempre fui un jugador de venir desde atrás, y esa condición era como natural. Hoy los delanteros así son los que salen menos, pero también hay muchos jugadores completos en el fútbol uruguayo. Luis Suárez es el mejor jugador de toda la historia.

–¿Qué esperás de tu trabajo como entrenador?

–Primero que nada espero ser como jugador. Primero está la persona y quiero ser frontal con los jugadores. Sé que es difícil, porque me pasó por la cabeza, porque muchas veces el jugador no está contento con el técnico porque es quien toma las decisiones y hay jugadores que quedan afuera. Eso es lo complicado. Pero pienso ser honesto en ese sentido. Luego espero hacer bien las cosas y que el trabajo sea reconocido. A pesar de estar en un equipo como Racing, se va a exigir mucho, entonces nos preparamos para eso porque todo depende de resultados. Vamos a intentar jugar bien y ganar, pero es muy difícil y es el gran problema que hay en el fútbol. Quiero un equipo con mentalidad ganadora.