La octava intentona de clasificarse a una Copa del Mundo de una selección femenina sub 20 debía comenzar anoche, cuando la primera parte de la delegación tenía previsto emprender el viaje hacia Ecuador, más precisamente a la ciudad de Ibarra, donde deberá afrontar los cuatro encuentros correspondientes al grupo B del Sudamericano. El torneo brindará dos cupos para la Copa del Mundo que se jugará este mismo año en Francia.

El desafío es sumamente difícil y no sólo para Uruguay, sino para nueve de las diez selecciones participantes: Brasil ha ganado las siete ediciones, jugadas cada dos años desde 2004. Si esta fuerte tendencia se mantiene, lo que es bastante previsible, las restantes nueve selecciones estarán peleando por un solo cupo.

Además, las celestes actuarán en el grupo B, en el que también estarán las selecciones de Brasil y Venezuela, campeona y vicecampeona de la última edición, respectivamente. Justamente, esos dos rivales serán los primeros en enfrentar a las celestes.

El domingo, en el debut en el certamen, las uruguayas se medirán con las venezolanas a las 19.00 (hora uruguaya), y el jueves 18, después de usufructuar su fecha libre en la segunda etapa, a las 21.15, jugarán con las brasileñas. Los otros dos rivales serán, por su orden, las bolivianas (sábado 20), con las que las celestes tienen saldo histórico positivo, ya que están invictas al haber ganado un partido y empatado el otro; y las chilenas (lunes 22), con las que se enfrentaron tres veces, con dos victorias trasandinas y un empate.

Montevideo-Ibarra, en cuotas

El viaje de la delegación uruguaya, integrada por 30 personas, al Campeonato Sudamericano se planificó en tres tandas, como consecuencia de importantes problemas de cupos en las líneas aéreas. Estaba previsto que ayer, cerca de la medianoche, un primer grupo partiera desde el Aeropuerto Internacional de Carrasco. Antes, a las 19.00, toda la delegación concurrió al Museo del Fútbol, donde tuvo lugar la despedida y la Secretaría Nacional del Deporte les entregó el pabellón patrio, como suele hacerse con todas las delegaciones deportivas que salen del país para representarlo en el exterior.

Hoy seguirán las despedidas desde la terminal aérea, ya que se irá el segundo grupo. La tercera y última tanda partirá en la primera hora de mañana. Está previsto que recién mañana de noche se reúna en la ciudad de Ibarra la delegación, integrada por 22 jugadoras y ocho oficiales.

Último ensayo: ¿la primera formación?

En el atardecer del martes –comenzó poco después de las 19.00– se jugó el último partido de preparación del equipo, en el estadio Eduardo Martínez Monegal de la ciudad de Canelones. Las muchachas fueron goleadas por un tanteador previsible al enfrentar a la selección masculina sub 17 de Canelones, que se prepara para debutar en estos días en la Copa Nacional de la Organización del Fútbol del Interior. Esos jugadores con ansias de ingresar al profesionalismo no debieron, de ninguna manera, ser los elegidos para hacer de sparrings de un equipo juvenil femenino de edades similares. Quien decidió que así fuera desconoce la diferencia enorme entre fuerza y velocidad que existe en un equipo masculino y uno femenino. El 12-0 final no fue lo peor, sino que la selección derrotada no pudo siquiera esbozar el armado de alguna jugada ofensiva o de preparación de ataques.

Esa fue la culminación de una planificación que tuvo en su parte final únicamente partidos de confrontación con otros equipos de varones que, aunque eran menos vigorosos que los canarios, siempre colocaban a las integrantes de la sub 20 en la situación de resistir el partido, no de jugarlo. Fueron seis partidos con varones, sin contar el plato final con los canarios.

Lo que quedó es la información indirecta –o, por lo menos, una aproximación– de cuál puede ser la integración de Uruguay en el debut del domingo. Quienes entraron como titulares el martes fueron la helvética Agustina Sánchez en el arco; Carina Felipe y Fátima Barone (ambas de Nacional), Daiana Farías (Peñarol) y la duraznense Micaela Domínguez (Liverpool) en la defensa; Agustina González (San Jacinto) y Luciana Gómez (Liverpool) como volantes; Naiara Ferrari (Nacional) y Belén Yuvet (Peñarol) como enlaces externos; y las delanteras Esperanza Pizarro (Palmirense) y Cecilia Gómez (Colón).

Recordamos a las demás integrantes del plantel celeste: las goleras Josefina Villanueva (Colón) y Catia Gómez (Peñarol); las defensas Adriana Salvagno y Sofía Ramondegui (ambas de Palmirense), Daniela Olivera (Liverpool) y Antonella Ferradans (Nacional); las mediocampistas Lucía Pérez y Karol Bermúdez (ambas de Liverpool) y Micaela Fitipaldi (Peñarol); y las delanteras Ángela Gómez (Liverpool) y Tamara García (Palmirense).

Expectativas y posibilidades

Ya dimos cuenta de las dificultades claramente existentes para acceder a la justa mundial de la categoría, lo que se puede extender a la posibilidad de estar entre los cuatro equipos que jugarán el cuadrangular final, que serán dos por cada grupo. Lograr ubicarse entre las cuatro mejores, postergando a tres selecciones del grupo B, ya sería un éxito resaltable.

Hay buenas y muy buenas jugadoras en el plantel, pero se da ventaja en edades. Seguramente la mayoría de los rivales tendrán jugadoras predominantemente de 19 y 18 años. El entrenador Ariel Longo lleva nueve jugadoras sub 17 y apunta a darle experiencia a un núcleo duro de lo que será el equipo que nos represente en el Mundial de esta categoría, que se llevará a cabo en noviembre en Uruguay. Y hace bien. Es una excepción plausible.

Seguramente hubo deficiencias en la observación y el reclutamiento de futbolistas del interior. La preparación fue insuficiente tanto en tiempo como en encare. Se podría haber entrenado enfrentando a equipos femeninos fuertes –incluso la selección mayor, que tiene el mismo entrenador–, pero no se hizo. Por el contrario, se abusó en la opción de practicar en partidos con varones.

Mantener viva la llama de la esperanza en las horas previas a un torneo es una razón de ser del deporte de competición. Alentemos esa esperanza.