Mate y termo en mano, con una mirada calma y gestos pausados, Eduardo Espinel transmite no sólo con sus palabras un ritmo de vida propio del interior –más precisamente de su Cardona natal–. De a poco, junto con su cuerpo técnico, se va adaptando al estilo de vida montevideano en sus primeras semanas como director técnico de Wanderers. Atrás quedaron el histórico Torneo Clausura ganado con Plaza Colonia en 2016 y la experiencia de un año dirigiendo al Santiago Wanderers de Chile. Ahora su presente es Wanderers, el de acá, el del Prado, el de los jugadores jóvenes y el buen fútbol, el del Chapita Sergio Blanco y Nacho González. Los bohemios ya se preparan para debutar el 22 de enero por la primera fase de la Copa Libertadores con Olimpia. Espinel es el timonel en este nuevo desafío wanderista, y en medio de la preparación se tomó una pausa para hablar con la diaria.

–¿Por qué Wanderers? –Después de un año complicado, estando lejos de la familia en el exterior, decidimos parar seis meses. Estábamos prontos para un nuevo desafío este año y en ese momento nos llamaron de Wanderers. Realmente, mirando el plantel que tenía y el proyecto deportivo con jugadores del club, nos sentimos identificados. Empezamos a conversar, porque había varios candidatos para agarrar el club –muy buenos entrenadores–, se fue analizando y en un momento quedamos algunos. Estábamos a la espera pero también, gracias a Dios, con alguna posibilidad de ir a otro equipo en el exterior. Cuando nos llamaron de Wanderers definitivamente hicimos un análisis, para ver si aceptábamos quedarnos en el país, y nos pusimos de acuerdo con el cuerpo técnico de que era una posibilidad linda por el proyecto, especialmente con la posibilidad de jugar una copa internacional y de que en los últimos años el club está peleando siempre arriba. Además nunca habíamos trabajado en la capital y ese era otro desafío, porque no es lo mismo que dirigir en el interior. A veces precisás estar en el ambiente donde se concentra todo, que es el fútbol capitalino. Después de varias conversaciones nos pusimos de acuerdo con el club y estamos muy contentos. Hay mucho laburo por hacer, porque hay poco tiempo, pero lo estamos disfrutando.

– ¿Otros clubes de Chile los llamaron? –Sí, había algunas ofertas de Chile. Dejamos una buena imagen y quedaron amigos. Incluso nos llamaron cuando terminamos el contrato allá, para quedarnos, pero decidimos parar unos meses porque veníamos cansados. Teníamos la posibilidad de un equipo de primera y otro de segunda, y además desde lo económico el mercado chileno es atractivo. Pero priorizamos otras cosa: el proyecto que había acá, trabajar en Montevideo, y también el hecho de que precisábamos estar más cerca de la familia.

–¿Cómo los han recibido en Wanderers y en esta lógica capitalina? –Nos recibieron de forma espectacular, la gente que trabaja en el club y también los jugadores. Empezamos la pretemporada en una fecha difícil –entremedio de Navidad y Año Nuevo– y encontramos buena disposición. Los dirigentes también colaboran en todo lo que pueden, y así nos vamos ayudando mutuamente. Acá si les va bien a los jugadores, si le va bien al entrenador, si les va bien a los dirigentes, le va a ir bien al club. Hay un ambiente muy familiar en el club, me habían hablado de eso, pero ahora que estoy adentro veo que realmente es así, que siempre uno está pendiente del otro. Es cierto que los resultados marcan; ojalá se siga así, con esta sintonía, porque es un lindo proyecto.

–¿Cómo encontraste al plantel después del campeonato que hicieron? –Los encontré muy motivados, más allá de los pormenores –que le pasan a cualquier equipo–; se clasificaron a una Libertadores y eso no es poca cosa. Estos jugadores vienen haciendo un gran trabajo con los entrenadores con los que han estado: en su momento Gastón Machado hizo lo suyo y lo mismo pasó con Jorge Giordano, a quien conozco muy bien, sé cómo trabaja y me hablaron maravillas de lo que hizo. Eso te simplifica mucho a la hora de tomar un proyecto, tomás a los jugadores con una base, y nuestra idea es continuar todo eso. Vamos a hacer cambios desde el punto de vista de la filosofía que tenemos, pero paulatinamente, para no pegar ese golpe sorpresa y cambiarles la rutina a los jugadores. Encontré jugadores muy motivados y, principalmente, los referentes están con muchas ganas de ayudar y los chicos con ganas de crecer y aprender, y eso es muy positivo.

–Es decir que no tenés que arrancar desde cero, porque contás con una base.

–Claro. A veces es muy difícil moldear al jugador profesional. El jugador profesional muchas veces hace cosas porque tiene que cumplir con su laburo, pero nosotros intentamos que haya un cambio de sentido para hacerlas: el de querer el lugar en el que se está, el de tener sentido de pertenencia a un club, y eso puede ser difícil de lograr. En Plaza Colonia pudimos conseguirlo y para eso es fundamental que los jugadores sepan que están en un lugar que les brinda las armas para salir adelante. Eso los jugadores tienen que valorarlo y agradecerlo, más allá de que tienen un contrato. En Wanderers no hay que insistir mucho en eso porque muchos jugadores vienen mamando todo eso desde las inferiores. Ese ambiente de querer al club se respira, se ve.

–¿Cómo es readaptarse al fútbol uruguayo y a esta forma de trabajo?

–No es sencillo. Conocemos lo que es el fútbol uruguayo, pero venimos del fútbol chileno, que realmente te sorprende por la organización y los recursos que tiene para trabajar. Pero como te decía, sabemos que estamos en el fútbol uruguayo y tenemos clarísimo cómo son las cosas acá. Lo que sí me ha costado un poquito, en lo personal, es el ritmo de Montevideo. Nosotros venimos de Colonia, y yo de Cardona, donde tenés más tiempo para todo, para hablar con los amigos, para ir a ver a tu familia, está todo cerca. Acá salís temprano a trabajar y volvés tarde, por el tema de las distancias. Pero hay que adaptarse. Queríamos esta experiencia, porque es acá, en Montevideo, donde se cocina nuestro fútbol. Continuamente te encontrás con mucha gente y tenés que estar dialogando, intercambiando ideas, porque todo te sirve para crecer. A veces en el interior no tenemos esa posibilidad.

–¿Hay cosas que hacías en Plaza Colonia que acá no vas a poder hacer?

–Sin duda. Por ejemplo, en Colonia entrenábamos de mañana, y si teníamos que hacer dos o tres reuniones con jugadores, iba a su casa y a las pocas cuadras vivía otro. Podías hablar con la familia, ver qué pasaba en cada casa y si podías dar una mano. Acá es un poco más complicado. En Colonia para ir a entrenar salía media hora antes desde donde yo estaba, y acá tenés que salir dos horas antes. En Wanderers tenés que llegar al Viera, cambiarte para ir al complejo, y todo eso lleva su tiempo. Ahora estamos entrenando de mañana y estamos volviendo de tarde a nuestra casa. Después tenés alguna reunión, o surge algo, entonces cuando te querés acordar el tiempo se te pasa volando. No tenés el tiempo de la siesta, como teníamos en el interior, el ratito para descansar. Pero nosotros elegimos esta experiencia porque nos parece que nos puede favorecer para seguir experimentando cosas nuevas. Para abrirte nuevas oportunidades de trabajo hay que salir de la zona de confort, y teníamos que dar ese paso. No es fácil tener trabajo como entrenador en nuestro país, porque hay muy buenos entrenadores y pocos equipos para entrenar. Entonces, una vez que tenés la oportunidad, tenés que aprovecharla.

–¿Con qué expectativas llegan?

–Llegamos con las mejores expectativas. Tenemos objetivos claros con el club. Creemos que somos capaces de llevarlos a cabo, especialmente viendo el entusiasmo que hay en el plantel. Cuando vemos eso, que los jugadores se brindan para que nosotros los ayudemos, tenemos la expectativa de hacer un buen trabajo y sumar en la filosofía que tiene el club, de no sólo jugar al fútbol. Las expectativas son muy grandes; yo puedo decir muchas cosas, pero la hora de la verdad es cuando entra el equipo a la cancha: ahí se va a ver el verdadero análisis de lo que piensa la gente de nuestro trabajo. Estoy deseando que empiece eso, a rodar la pelotita.

–¿Cuáles son los objetivos planteados por el club?

–Son cuatro. El primero es pasar, como mínimo, la primera fase de la Copa Libertadores. Por supuesto que el objetivo es llegar a la fase de grupos, pero los dirigentes saben que pasando una fase el club se asegura un dinero muy importante. Estamos confiados de que se puede. Después otro objetivo planteado es priorizar a los jugadores del club, potenciarlos en Primera División. Si no hay algunos puestos cubiertos con jugadores que están abajo y son del club, ahí recién tenemos autorización para poder acercar algún jugador desde afuera. Luego otro de los objetivos es tratar de mantener una filosofía histórica del club en cuanto al juego, y tenemos claro cuál es el paladar del hincha de Wanderers. El cuarto objetivo es clasificar nuevamente a una copa internacional, una aspiración común entre la mayoría de los equipos. Son objetivos que creo que podemos llevar adelante. En esa línea vamos a seguir trabajando, en primer lugar apuntando a los partidos con Olimpia de Paraguay.

–¿Y en lo futbolístico qué cosas encontraste?

–Del análisis que hicimos desde lo técnico, tenemos claro que hay muy buenos jugadores. Hay algunos con proyección, no sé si para jugar en Primera inmediatamente, pero de aquí a un año –o algunos un poco más–. Nos sorprendieron algunos jugadores que no conocíamos, por su juventud y porque no estuvieron con el primer plantel. Ya sabemos que desde el punto de vista técnico los más grandes que están son muy buenos, pero también vemos que son muy inteligentes. Les hemos planteado determinadas situaciones y ellos las han resuelto muy bien. La verdad que desde lo futbolístico tenemos grandes expectativas para tratar de hacer un buen trabajo y de seguir esa filosofía que el club quiere: tener buen trato de balón, circulación, crear situaciones con pelota bien jugada. En eso estamos.

–¿Sentís que tenés una mochila en la espalda por el campeonato que ganaste con Plaza?

–Creo que sí. Me contratan por eso. Acá te pueden contratar porque tenés buenas vinculaciones, por tener pasado como jugador, o porque lograste algo importante, y creo que ese es mi caso. También me llevaron a Chile por eso. Han visto que en Plaza se jugó de determinada manera y seguramente esperan que haga algo parecido. Pero no rehúso de eso ni mucho menos, tampoco es una mochila tan pesada, porque estoy convencido de que vamos a trabajar para ello. Creo que lograr ese campeonato con Plaza, una verdadera hazaña, fue algo que nos sirvió a todos: a los jugadores, al cuerpo técnico y también a los dirigentes. Entonces tenemos que esforzarnos para repetir esa actuación y superarla.

–¿Por qué decís que fue una hazaña?

–Si te ponés a ver el presupuesto que tenía Plaza y ganar el campeonato, en un estadio que es hermoso y que tenía tanta connotación... Después, ganarle a uno de los clubes más grandes de América, y además con autoridad... fue una hazaña. Ojalá se repitiera, pero no sé cuántas se pueden lograr. Creo que se habló poco en su momento, pero a medida que pase el tiempo se van a acordar más de aquel equipo de Plaza. Lo que hizo ese grupo de jugadores fue fantástico, sumado a que se clasificó a una copa. Hay que recordar que todo arrancó con el equipo último en la B, con diez partidos sin ganar y jugadores que entrenaban y trabajaban. Creo que se habló poco porque es un equipo del interior. No sé cuántos equipos estuvieron 18 partidos sin perder en la B, y luego tuvimos invictos 13 en Primera. Capaz que nosotros tampoco tuvimos el tiempo de disfrutarlo, porque desde ese campeonato cada uno agarró su camino. Fue una hazaña y no sé si hay otra dentro de nuestro fútbol nacional, quizá la de Rocha, pero esa se dio en otro contexto.

–Tenés una historia cercana a Wanderers porque es tu club en Cardona. ¿Te influye en algo?

–Es verdad. Wanderers de Cardona es mi club, me tocó ir a Santiago Wanderers de Chile, y ahora estoy acá. Siempre me gustó este club. Nunca fui hincha de los grandes, nunca me lo inculcaron. Siempre me tiraron los colores blanco y negro. Tampoco me voy a hacer el hincha número uno de Wanderers, pero es cierto que era un simpatizante más del club y siempre lo miré con cariño. Incluso estuve entrenando para jugar siendo muy chico.

–¿Qué queda del carpintero que hacía kilómetros todos los días para dirigir?

–Quedan las máquinas en el galpón, las tengo guardadas. Pero en cualquier momento lo retomamos. Viví mucho tiempo de esa profesión y me sigue gustando mucho la carpintería. Cuando puedo, hago algo, porque es de las cosas que cuando estaba estresado me aliviaba: meterme adentro del taller y hacer cosas con madera. Primero en Plaza empezó con una aventura, iba a entrenar y luego trabajaba de carpintero. Cuando todo empezó a crecer la responsabilidad aumentó, entonces algunas veces me quedaba en Colonia y al taller lo fui dejando de lado. Cuando empezamos a pelear el campeonato, cosas importantes, las presiones y las responsabilidades me hicieron dejar totalmente la carpintería. Pero como te decía, todo está guardado ahí, porque sirve como terapia y en cualquier momento voy y armo algo. Me preparé tanto para ser carpintero como para ser entrenador. Y estoy orgulloso de eso, porque estudié y puedo decir que he vivido de dos cosas en base a trabajo, nadie me regaló nada. Con mucho sacrificio saqué a la familia adelante con esas profesiones.

–¿Si no hubieras agarrado aquel Plaza Colonia último en la B hoy no estarías acá?

–Es un cúmulo de cosas, pero sí, es cierto, si no lo agarraba hoy no estaba acá. Siempre cuento la anécdota de cómo agarré Plaza, es un poco jocosa. No tenía ni idea del momento en el que estaba el equipo. Me la tiró uno de los gerenciadores, el Chiqui Roberto García, en la calle. “¿No querés dirigir a Plaza?”. Yo le dije que no. En ese momento me iba a mi casa y tenía que hacer 50 kilómetros. “Pensalo, tenés 50 kilómetros para hacerlo”, me dijo. Yo estaba más para el fútbol amateur, trabajando con niños en mi pueblo, o dando clases en los cursos de entrenadores. Había dejado a Plaza Colonia de lado porque estaba metido en otras cosas. Cuando agarré a Plaza el club estaba muy mal desde todo punto de vista. Hoy ves a Plaza y es otro, independientemente del descenso. Es una institución fortalecida y va a subir rápidamente, porque creció y tiene credibilidad. Si yo no daba ese “sí” no estaba acá. Es así. Creo mucho en el destino.

–¿Cómo fue la experiencia en Chile con Santiago Wanderers de Valparaíso?

–Fue muy linda, más allá de que el club estaba pasando un momento económicamente complicado. Pero es club grande, porque si bien consiguió pocos títulos en 125 años, su gente y el fanatismo lo hacen grande. Eso te hace crecer mucho, porque hay una presión diaria enorme. En el momento capaz que esa presión te pone incómodo, pero después de que pasás por esa experiencia te das cuenta de que a veces es necesario tener esas cosas para crecer. Porque si vos soportás ciertas cosas podés estar preparado para lo que viene. Eso me enseñó muchas cosas de la vida, de convivir con hinchas muy fanáticos. En el primer semestre anduvimos muy bien, ganándoles a los grandes, y éramos Dios. En el segundo semestre el objetivo era salvarse del descenso. Los dirigentes me lo plantearon porque no tenían dinero para reforzar el plantel, y nos salvamos, pero la hinchada no lo entendía porque es grande y fanática. Conviví con eso, pero me hizo crecer porque tenías que manejar determinadas situaciones. Desde lo profesional crecimos mucho. Pero lo más importante fue que dejamos las puertas abiertas, por eso tuvimos alguna oferta desde Chile. Mi familia me inculcó que en el lugar [...] que vayas tenés que dejar una buena imagen, más allá de que el fútbol te exige resultados, que es lo que termina

–¿Y te dio para llevar cosas de acá u optaste por ver cómo era panorama y trabajar?

–Intentamos llevar cosas de acá, pero en el aprendizaje te das cuenta de que la mentalidad es distinta. Al futbolista chileno joven –había muchos en el club– ya de entrada cuando le hacen un contrato es a cuatro años. Eso los lleva a saber que tienen asegurado un buen sueldo por esos años. Y lo que sucede es que es difícil inculcarles el sacrificio, el hambre, el deseo de salir de ahí, de progresar. En Plaza nosotros inculcábamos en los jugadores que se tenían que ir para tener mejores posibilidades, pero para eso había que aferrarse a lo que había y darle para adelante, y tener ese sentido de pertenencia. Eso allá no pasa, la filosofía es distinta. Ahí tuvimos que rearmanos y hacer otras cosas. Pudimos inculcar algunas cosas y también nos trajimos otras para llevar adelante en nuestro fútbol, principalmente en lo que tiene que ver con el juego en sí.

–¿Cómo viviste el descenso de Plaza Colonia?

–Fue muy triste, pero al otro día llamé a mucha gente del club. Primero dándoles para adelante, porque hay que estar en los momentos jodidos. Pero, por otro lado, con tranquilidad porque existe confianza en que va a volver a Primera rápidamente porque hay un club con credibilidad, sólido desde el punto de vista económico y con una infraestructura muy buena para nuestro fútbol. Eso cuando yo jugaba no lo tenía. En Plaza pasé todas las etapas: subí como jugador, descendí, ascendí como técnico, conozco todo. Ahora creo que hay una estructura y un proyecto, entonces si bien me pone triste, entiendo que hay una base para aprovechar, con un respaldo de muchos jugadores del club.