La escritora y periodista Nadia Fink charló con la diaria en la previa del Paro Internacional de Mujeres. Fink, editora de la sección deportiva del portal Marcha (una mirada popular de Argentina y del mundo), habló de la actualidad argentina y del contexto del movimiento feminista en su país y en Latinoamérica, de periodismo, de trabajar en ese ambiente, de los libros de biografías de heroínas y héroes contados desde otra óptica. Y, claro, de su cuadro: Newell’s.

La santafecina de nacimiento, con años de vida en Rosario y residencia –y vida– en Buenos Aires, es la creadora de la colección Antiprincesas y Antihéroes, de la editorial Chirimbote. Correctora literaria, cuenta que se arrimó a la literatura infantil cuando se recibió de maestra jardinera, y recuerda a Liliana, su maestra de la escuela 115 Provincia de Salta, que le enseñaba lengua y literatura y le hacía leer a Julio Cortázar, entre otros autores. El feminismo la atraviesa. Mejor dicho: sus ganas de moverse en ese terreno y de levantar la bandera del movimiento son parte de su ser. Desde siempre. Con el periodismo y la literatura infantil –que también es para más grandes– desarrolla su profesión, camina hacia adelante y no olvida su amor futbolero y su pasión por Ñuls.

Tengo un plan

–¿Cómo nace la idea de los libros de la colección Antiprincesas?

–Antiprincesas nació con una idea muy chiquita, que fue contar historias reales de mujeres y contrastarlas un poco con esas princesas de cuentos tradicionales que nos venían contando desde hace tantas generaciones, en los que había varias características que no creíamos piola seguir reproduciendo: la quietud de la espera, la bondad que acepta todo, el vestido, la preocupación por la imagen; varias cosas que creíamos que contrastaban con estas mujeres reales. La idea también surgió con la creación de la editorial Chirimbote, autogestiva y hoy cooperativa. Tratamos de que todo vaya de la mano.

–¿Tomaron más fuerza en el contexto actual, en el que la lucha del movimiento feminista se hace sentir en la calle y en las redes?

–El contexto del nacimiento de Antiprincesas es muy particular, porque Frida Kahlo para chicas y chicos fue publicado en abril de 2015 y en junio salió Violeta Parra. El 3 de junio, justamente, fue el primer Ni Una Menos, que lo que hizo fue visibilizar un movimiento enorme de mujeres que lleva más de 35 años, por lo menos en Argentina. Y eso se extendió. Creo que nacimos un poco de la mano. Luego vinieron los primeros paros de mujeres; después el 8M multitudinario de hace dos años; los encuentros de mujeres, que por lo menos en Argentina son reprimidos. Por ahí este contexto de las represiones tiene que ver con lo que [el movimiento] genera: cuando los hombres se asustan, cuando algún gobierno se asusta, vienen esos palazos para acallar cosas que son difíciles de parar.

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–¿En qué están con eso? ¿Se vienen nuevas heroínas?

–Estamos todo el tiempo generando cosas. Es poder estar haciendo algo que realmente nos gusta y que tiene muchísima ida y vuelta con las lectoras y lectores y con el público en general, que también son quienes compran los libros y son gente grande. Eso es muy interesante, porque se largan a la calle y tenemos un montón de devoluciones. Se vienen heroínas nuevas; ya está en imprenta, para salir antes del 24 de marzo, Antiprincesas de Plaza de Mayo, con la historia de Madres y Abuelas. Además se viene María Remedios del Valle, una afrodescendiente que luchó con [Manuel] Belgrano. Tratamos de rescatar la otra historia de la libertad de nuestro continente, que creemos que siempre está muy puntualizada en varones; si bien se trata de próceres que queremos mucho, como Belgrano y [José de] San Martín, el lugar de la mujer está un poco invisibilizado. En esa misma línea, ya estuvo Juana Azurduy y seguramente hagamos la Liga de Antiprincesas 3, en la que las protagonistas son mujeres que luchan juntas, y en esta liga queremos agregar a las lanceras de [José] Artigas, historia que conocimos cuando estuvimos en Uruguay: queremos rescatarla para empezar a ver a esas mujeres que intervinieron en la libertad de nuestra América.

–¿Cómo se lleva el feminismo al trabajo? ¿Es posible abordar en el periodismo deportivo esa lucha, que es abstracta, que se da en la calle y dentro de casa?

–Es difícil pensarlo. Creo que el feminismo es un movimiento integral, que atraviesa clases, generaciones y varias cosas más. Tengo la suerte de participar en un portal de noticias como Marcha, que tiene una perspectiva de género ya instalada desde hace muchos años: fue el primer portal que tuvo una sección de género, y eso no es menor. Esto hace que incluso en nuestro grupo todo el tiempo se esté pensando en cómo abordar cualquier noticia desde esa perspectiva, por eso integrar la sección de deportes para mí tiene que ver con laburarlo desde ahí. El periodismo deportivo, en general, es mucho más cruel que el contexto en el que a mí me toca trabajar, pero vamos viendo cómo el movimiento de mujeres va corriendo límites. Un ejemplo concreto: Ángela Lerena, embarazada de ocho meses y pico, fue la primera mujer en cubrir en el campo de juego un clásico Boca-River. A ella le costó estar ahí; sus compañeros querían ese lugar y le decían, al considerar que estaba embarazada de ocho meses: “No, todo bien, Ángela, si no podés ir te podemos cubrir”. Pero ella sabía que tenía que estar ahí. Esas pequeñas cosas se ven todo el tiempo. Ni que hablar de cómo las mujeres se ven como un objeto, más allá de su capacidad de inteligencia, en materia de fútbol y deporte.

–¿Qué movidas se organizaron para el 8 de marzo?

–Varias. Desde Marcha estamos haciendo una cobertura de toda América Latina, focalizándonos mucho en el paro de mujeres, porque se está programando desde el último encuentro de mujeres. Es fuerte pensar qué pasa cuando las mujeres paran, cuando hacen visible el trabajo que hacen cotidianamente y no se ve. Habrá cobertura, crónicas desde Marcha, y Chirimbote acompañará con gráficas. Esas gráficas las pensamos para las niñas y los niños en el contexto del paro. Como para motorizar también esa rebeldía, esa idea de que el paro es mostrar qué pasa cuando se detiene la maquinaria que mueve al mundo –capitalista, sobre todo–. Creemos que las mujeres son mucho más receptoras de las desigualdades sociales que se dan en este marco de una América Latina bastante castigada por los gobiernos de derecha.

–¿En qué momento está Argentina con respecto a la discusión de género? Se pueden ver por ahí programas que antes sólo mostraban mujeres con poca ropa y ahora generan la discusión de género al aire.

–Está bueno lo que planteás. Esas discusiones que hoy se están dando al aire antes eran impensadas. Hablar de aborto cuando hace apenas cuatro o cinco años era un tema que ni siquiera se discutía en los medios, y hablo de medios gráficos alternativos. Puntualmente, la nota que escribí sobre el aborto en 2012 la hice en completa soledad, sin el acompañamiento de mis compañeros varones de ese momento, y esto se debió a algo en particular: a ellos mismos les costaba hablar del tema. Hoy, como pasa muchas veces con temas que se ponen sobre la mesa, se genera una pretensión de que están de moda, y eso no es tal. Es importante distinguirlo, pero también hay muchas miradas que dicen que en ciertos programas se habla porque está de moda. Es probable, muchas veces no lo creemos. Hace muy poco, en Argentina, a un conductor que está tratando el tema de aborto en cámara una compañera de piso le dijo que él una semana antes le gritó y la maltrató y que tiene una violencia que no se condice con lo que muestra al aire. Es interesante que esas cosas pasen al aire, que se denuncie a compañeros acosadores, a gente de la televisión que siempre tuvo un terreno bastante allanado. Para seguir con el aborto, se dice que se va a tratar en el Congreso [de la Nación Argentina] porque hoy al macrismo le sirve para tapar ciertos problemas. Afirmar eso es subestimar una lucha que viene desde hace muchísimos años: el movimiento de mujeres no empezó en 2015; tal vez se haya hecho más visible en ese momento, pero empezó hace más de 30 años. La campaña legal por el derecho al aborto en Argentina cuenta entre sus integrantes con mujeres que hoy tienen 80 años. O sea, no empezó ayer. Tenemos que valorar esas luchas y no subestimarlas al pensar que todo se da por el lugar en el que nos ponen los hombres.

La vida que pensamos

–¿Por qué sos de Newell’s?

–Soy de Newell’s porque a los nueve años empecé a vivir en Rosario y vivía relativamente cerca del Parque de la Independencia, y me habían gustado los colores de Ñuls porque mi mamá era de Colón y se parecían. Pero a la vez, ese mismo año, en 1986, [Rosario] Central ascendió y salió campeón de Primera. Y Ñuls salió subcampeón. Ese cariño primero que ya le había tenido al club me pareció lo más justo seguir teniéndoselo. Ahí, a pesar del subcampeonato, me hice fanática. Siempre digo que eso marcó el lado con el que miro a los derrotados y a las derrotadas. Creo que fue una gran señal.

–¿En qué momento de tu vida agarraste para el periodismo?

–Yo había estudiado corrección literaria y empecé a laburar en Sudestada corrigiendo ad honorem, como buen proyecto autogestivo. En un momento me dijeron: “Vos tenés que escribir”; yo dije: “No, pero yo corrijo”. Y bueno, la primera nota que hice fue sobre la victoria de Newell’s frente a Boca en La Bombonera. Desde entonces empecé, de a poquito, a meterme de lleno en el oficio. Después, con Marcha Noticias le metí un poco más de cotidianidad, porque no es lo mismo un portal diario que una revista bimensual. Una de mis especializaciones, cuando arranqué, fue en temas territoriales: gatillo fácil, aborto; varias notas de ese estilo.

–Sé que te criaste escuchando la radio con tu viejo. ¿Eso puede haber influido?

–Creo que sí, hubo algo de eso. Siempre vi fútbol con mi viejo, desde muy chiquita. Mis primeras palabras en 1978 fueron la formación de Argentina en el Mundial; era muy pequeña. Siempre que se pudo vi fútbol, y también lo escuchaba, porque generalmente no se televisaba; era más radio que otra cosa. En mis recuerdos está tirarme panza abajo en el piso a hacer un análisis, un pequeño registro de los partidos: formación, amonestaciones, cambios, goles. Y recortaba todas las campañas de Ñuls y las pegaba en unos papeles para hacer pequeños resúmenes. Creo que viene desde ahí.

–¿Sos de ir a la cancha? ¿Cómo es un día yendo a ver a Ñuls?

–En una época fui muy seguido, nunca me perdí partidos importantes: mi hija vio a Ñuls campeón en 2004 en la cancha de Independiente; ella tenía diez años. Ella va a la cancha mucho más que yo ahora. De hecho, ella es la que me convida sus salidas con la peña Vieja Amelia (“Enfermando de lepra todo Buenos Aires”), que es de acá de Buenos Aires, con la que van y vienen a Rosario. Mi hija es de Newell’s y eso es algo que compartimos fuertemente desde que ella era chica, como un ritual. Mientras estamos hablando acabo de ver la derrota de Ñuls contra Banfield en la tele, injusta. Cuando mirás la Superliga Argentina, que lamentablemente está pensada como en Europa, para que dos o tres equipos poderosos sean campeones, te das cuenta de que perdió eso que le quedaba fuertemente al fútbol argentino: que en ocasiones veíamos que equipos más chicos llegaban a ser campeones. En fin, los rituales de ver a Ñuls han cambiado con el tiempo. Hoy, cuando me junto con mi hija y sus amigos, es muy fuerte ver tanta gente de Newell’s en Buenos Aires.

De ellos dos

Frida Kahlo; Violeta Parra; Juana Azurduy; Ernesto Che Guevara; Alfonsina Storni; Eduardo Galeano; Gilda; Julio Cortázar; Clarice Lispector; una Liga integrada por Micaela Bastidas, María Remedios del Valle, Martina Chapanay y Bartolina Sisa; Evita; el Gauchito Gil; Victoria Romero. Ellas y ellos son protagonistas de los libros Antiprincesas y Antihéroes, de la editorial argentina Chirimbote. Nadia Fink es la autora, Emiliano Saá, el ilustrador. Fink nació en Las Criollas, un pequeño pueblo de la provincia de Santa Fe, en Argentina. Con pocos años acompañó a su familia y se radicó en Rosario. Es hincha del Club Atlético Newell’s Old Boys hasta el cansancio. Saá, más conocido como Pitu, nació en Capital Federal, Buenos Aires. Es dibujante e ilustrador, y junto con Nadia y Cecilia Merchán lanzaron un libro sobre el movimiento Ni Una Menos (Ni una menos desde los primeros años. Educación en géneros para infancias más libres). “Muchas veces se piensa en cómo descolonizar culturalmente en lo inmediato y no se piensa en generaciones que vienen con una colonización desde muy pequeños y que pueden tener acceso a cosas que son de nuestro continente, a muchísimas figuras y, sobre todo, a mujeres que son a veces las más silenciadas en la historia”, le dijo Fink a Deportivo Uruguay en 2015, cuando se inició el proyecto Antiprincesas.