Lo cierto es que estamos posiblemente en presencia de una apelación a lo más fútil y banal para atraer electores desde la salida de la dictadura en 1984.
Estamos asistiendo a sociedades en las que la acción de escucha a los y las jóvenes es cada vez más acotada. Los niños, niñas y adolescentes tienen mucho para decir y hacer.
Una mayor integración sistémica de Asignaciones Familiares con los sistemas de becas para la continuidad educativa a nivel terciario sólo puede traer aparejadas ventajas.
Un nuevo período progresista en lo laboral debería retomar ese impulso de modo de acompañar la evolución de las formas de trabajar y reglar los llamados “nuevos modelos de negocios” y el tipo de relaciones laborales que configuran.
¿Podemos imaginarnos que no haya niños que vivan en inseguridad alimentaria? ¿Podríamos plantearnos que, por ejemplo, una de nuestras “misiones” para el bicentenario sea pobreza infantil igual a 0%?
No han comprendido datos de la realidad: hace 25 años que el Frente Amplio es la fuerza política mayoritaria y hace 35 que gobierna la capital del país. Todo fruto de la soberanía popular.
Se precisa un cambio sistémico, que ayude a los docentes, que ayude a las familias y que, sobre todo, garantice el derecho de los niños y las niñas a una educación inclusiva.
En octubre se va a elegir entre dos modelos de políticas aplicadas a las drogas. Por un lado, un modelo vetusto y anticuado que ya ha demostrado que no sirve, pero que se propone una y otra vez, contra un modelo actualizado e innovador.