A pesar de que las elecciones se celebran con regularidad, existe un proceso electoral y hay participación, las personas no perciben cambios que se traduzcan en una mejora de su calidad de vida.
A falta de una utopía solidaria que prepare tiempos promisores, ese vacío conduce a una crisis existencial generalizada, ya que el lugar central que debió ocupar el ser humano ha sido ocupado por el capital transnacional.
Uruguay ha sabido ubicarse como referencia moral, ética y de negociación para la paz. Todo un caudal cosechado por una vieja tradición diplomática, echado ahora por la borda.