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la diaria

Opinión

Deporte

El que abandona no tiene premio

Transcurre la noche. A medida que pasa el tiempo, uno va cayendo en que su cuadro realmente salió campeón. Hace unas pocas fechas, varios estaban convencidos de que Danubio había dejado ir este campeonato contra Wanderers. La confirmación se daba contra River Plate, nuevamente en Jardines del Hipódromo, donde la punta se fue a manos de otros. Se nos fue. En la última fecha ya nadie imaginaba este final.
Actividad económica

Bali, un paquete amargo

La Organización Mundial del Comercio, las grandes potencias y los monopolios mediáticos presentaron la novena Conferencia Ministerial de Bali como un avance en pos de concluir la Ronda de Doha inaugurada en 2001. Eso no es sensato. Tras 12 años de negociaciones trabadas y de tono antidemocrático, no es justamente en el cumplimiento de la promesa de desarrollo para los países más pobres en lo que se ha avanzado.
Deporte

¿A quién le ganaste?

Estamos de nuevo de cara a un Mundial. Las discusiones, definiciones y caracterizaciones de cada uno de nuestros rivales parecen ir ganando la calle como un virus, y entonces parece que a Costa Rica le ganamos sólo porque es Costa Rica, y a Inglaterra y a Italia, porque somos más. Estamos en el “grupo de la muerte”, pero parece que ahora somos unos nariz parada que lo pasaremos al galope. Los ingleses, los padres del fútbol moderno, tienen algo que por más compadritos que seamos nosotros nunca podremos tener: el fútbol es de ellos, nació ahí.
Deporte

Pedro Virgilio Rocha

Se murió Rocha. Fue en las últimas horas del 2 de diciembre cuando estaba a punto de cumplir 71. Pedro Virgilio Rocha fue un crack inigualable y alcanzó numerosos logros deportivos. A fines de los 60, cuando yo era un niño que empezaba a corretear por la Olímpica, en un amistoso de la selección en el que no jugaba Rocha, unos niños en la tribuna confundieron a mi padre con Pedro Virgilio. Lo rodearon, lo miraron con admiración, y yo disfrutaba esa idolatría por error. Rocha, que había nacido en Salto, era un futbolista de brillante técnica y mucha potencia, con una pegada espectacular (“megatónico remate”, decía el por ese entonces relator Heber Pinto) y un gran cabezazo (según Carlos Solé, “tenía un zapato en la cabeza”).