La máxima fiesta popular ha servido, desde hace mucho tiempo, como trampolín para que algunas figuras que brillan en los escenarios barriales y el Teatro de Verano luego pasen a conducir o participar en ciclos de televisión. En Canal 4, por ejemplo, son elocuentes los casos de Luis Alberto Carballo y Gastón Rusito González, que se destacan en franjas importantes de la programación.
Algunas veces, el camino se da a la inversa, y este es el caso de Marcelo Bornio, que desde la señal de la calle Paraguay desembarcó en el carnaval de la mano de Carambola, la revista de Carlos Bocha Pintos, en la que es uno de los actores que participan en los diálogos intermedios.
Marcelo, de 47 años, ganó visibilidad cocinando en las mañanas de Vamo’ arriba, mostrándose siempre cercano a la música popular, y también al carnaval, fiesta que conoció cuando vino a la capital a los 17 años desde Tacuarembó.
De sus vivencias en este primer febrero de cara pintada, Bornio habló con la diaria, y reconoció que durante el concurso caminó por el pretil del nerviosismo y el disfrute: “Si no me dio un infarto hasta ahora, no me va a dar más”.
¿Cómo venís transitando este año debut?
Impresionante, bien de bien. Con mucho nervio, con muchas responsabilidades encima, y con ganas de responderle a un grupo que me recibió de manera impresionante, con un amor descomunal. Mejorar un montón de cosas con el transcurso de los días.
¿Cuándo empieza a “picarte” el bichito del carnaval?
Yo hasta los 17 años viví en Tacuarembó, y hasta allá no llegaba casi nada. Lo pude empezar a disfrutar cuando me vine a estudiar hotelería a Montevideo y ahí me hice muy habitué de los tablados. Me gustaban las murgas, los parodistas, todo, y pensaba que en algún momento se me iba a dar de estar en carnaval. Y se me dio con revista Carambola. Siempre lo sentí como propio al carnaval, y lo viví con una emoción enorme, pero siempre del lado del espectador.
¿Y de este otro lado, arriba del escenario, qué descubriste?
No es lo mismo, obviamente. Al principio, te soy sincero, no lo pude disfrutar del todo. Es otro rol. Pero con el devenir de los días lo aprendí a disfrutar de otra manera y la verdad que estoy contentísimo.
¿Cómo se dio la invitación del Bocha Pintos?
Yo tengo un amigo en Canal 4, Carlitos Soria, al que le comentaba: ¿vos sabés que algún día voy a salir en carnaval? Nosotros hicimos un programa que se llamó La combi de Marcelo, y una vez en Treinta y Tres me tocó hacerle una nota al Bocha, que iba a tocar en el Olimar. Pegamos muy buena onda. Y después me llegó el llamado. Yo le decía: '¿Vos estás seguro? ¿Qué querés que haga yo en carnaval?'. Ahí surgió la charla, nos juntamos y le dimos para adelante. Y es eso hoy lo que me tiene ocupado en tratar de hacer las cosas bien y responderle a toda la revista.
Éramos tan pobres es el espectáculo de Carambola. ¿Cómo te involucraste con la propuesta?
Es una temática que nos preocupa a todos, que también se ha abordado en carnaval, pero sentimos que no por el lado que nosotros lo hacemos. En el monólogo final decimos, incluso, que lo abordamos con humor porque para trágica está la vida misma. Creemos en el espectáculo. No va en línea con lo que están haciendo todas las revistas hoy en día, es una cosa distinta. Nos parece que ese es el rumbo.
Durante el Desfile Inaugural del Carnaval, por la avenida 18 de Julio de Montevideo.
Foto: Alessandro Maradei
Ahora que se abrió la puerta del carnaval, ¿te quedás adentro?
Si me preguntás hoy, te digo que no. Dejo la puerta abierta porque el carnaval me apasiona. Lo pensaré, lo meditaré. No sé si realmente yo le puedo ofrecer algo al carnaval. Dentro de lo que me pidieron que haga creo que lo hicimos de una manera correcta. Y siempre hay que dejar la puerta abierta, no se puede decir que no.
¿Cómo fue un día de Bornio durante esta época?
Canal de mañana, pegar una siestita y después al ensayo o actuación. Así fue todo enero y febrero. Ojo que venimos trabajando esto desde mucho antes. Creo que la primera reunión la tuvimos en junio. Y poco después nos empezamos a juntar más frecuentemente a ensayar. Pasa que cuando yo digo sí a algo, me ocupa el cien por ciento del tiempo. Obvio, el canal es mi trabajo fijo, y lo que hago es alternar con las otras oportunidades que surgen.