Ni bien uno llega a la puerta de José Serrato 3528, se topa con una postal bien carnavalera. A la derecha de la entrada, el parrillero con el fuego prendido. Uno de los utileros remueve las brasas y la inscripción en la camiseta del conjunto reza: “Murga rea y callejera / milonguera más que nunca / candombera como siempre”.

Ensaya La Nueva Milonga en el Industria, un patio que revienta de gente, con las sillas y bancos casi pegados a la espalda del director escénico Rafael Antognazza. Fiel a su estilo, quiebra, salta y baila por delante del coro. El nylon del burro deja correr la letra del medio del espectáculo, ese que la emblemática murga de la Unión viene ensayando sin pausa rumbo al próximo carnaval.

Cerca de la puerta que da a la cantina hay una mesa de veteranos desbordada de vasos. Adentro, el mostrador recibe casi sin descanso a las ocasionales visitas y a los de siempre. Nadie mira la televisión, sí la partida de pool que se desarrolla a un par de metros. Un sitio rodeado de viejos trofeos y fotos de antiguos carnavales.

“El club es importantísimo. Es un club bien Unión. Está emparentado con Los Pierrots. También La Nueva Milonga pudo salir en 1995. Es de los últimos que quedan bien murgueros”, asegura Álvaro Santos, el director responsable del conjunto desde 2023, cuando regresó al carnaval después de muchos años.

Santos deja en claro que ama esta categoría y dice que “es un privilegio” hacerse del título del que es hincha para volver a sacarlo. Además, enumera qué no puede faltar en esta murga para mantener su impronta: “Tener el swing que tenía [Tito] Pastrana, sobre todo en el ritmo. Una batería y un coro basado en la milonga y en el candombe”.

Mauricio Ripoll, puestista e integrante, subraya en el mismo sentido que el conjunto “tiene una mística”. “Eso de la murga murga, que el coro se plante y te despeine. Si se abre el telón y no te pasa eso con La Nueva Milonga o no hay un salpicón clásico, hay algo que está faltando”, desarrolla.

Ripoll entiende también que está trabajando con un grupo de artistas que “no titubean al momento de poner el género antes que nada”. Intenta, desde su rubro técnico, revivir e investigar los viejos caminos: “Qué pasaba escénicamente con esas murgas de los 70 y 80, y traerla al escenario con la impronta actual. Cada año es un ejercicio de cómo –sin traicionar la historia del título– agionarse al carnaval de hoy”.

Esos movimientos “de antaño” están presentes. Surgen como impulsados por un aire a tradición que se respira en cada ensayo. La presentación marca desde el comienzo esa intención y deja varios momentos de goce para los murguistas, tan limitados últimamente desde lo corporal, desde que se utiliza una jirafa para cada uno.

“Vamos a reír, vamos a gozar / con la murga murga / Nueva Milonga en el carnaval”. El fragmento se repite cual estribillo en el saludo, como era habitual décadas atrás. Los solos de Emiliano Muñoz, que llegó al conjunto este año, son un deleite para la improvisada platea, que incluye algunos muchachos que acaban de jugar al fútbol 5 en la cancha del fondo del club.

En la punta, cerrando la cuerda de bajos, está Edén Iturrioz, otro experimentado que conoce el género en profundidad: “La Nueva Milonga debe ser una de las murgas que tienen más mística y más historia detrás del nombre. Ganó sólo un año, pero tiene un estilo que es bien claro. Mantiene su estilo y su forma de ser”.

“El otro día, por ejemplo, vino un veterano de 80 y pico de años con su carrito al ensayo. Él había salido en 1952, cuando la fundó Tito Pastrana. Dijo que le había encantado el coro y que era el mejor que había escuchado de La Nueva Milonga, algo que no debe de ser así…”.

En el recreo no siempre hay descanso para la garganta. En una de las pausas, algunos componentes se sientan cerca de la batería y comienzan a cantar viejas canciones al ritmo de ese toque inconfundible del Pulga Pérez, Agustín y Batata.

El origen de La Nueva Milonga es “particular”, según Antognazza: “Pastrana la anota como para hacerle la competencia a La Milonga Nacional. Ya el nacimiento es muy mítico, como medio peleando”. El director y arreglador afirma además que, como una marca en el orillo de esta murga, hay “un sonido que buscamos –no sólo yo, toda la barra–,un sonido que nos gusta y que tiene que estar”.

Cuando las luces se van apagando y después de un rato ensayando adentro, en un espacio más pequeño, la murga sale y se para frente a unas 40 personas que aún siguen en el Industria. Ahí arrancan con las estrofas de la retirada 2024, la que ganó mención a la mejor de ese carnaval y quedó como una de las inolvidables de estos últimos tiempos. Murga murga. En todo su esplendor y esperando ser nuevamente protagonista del carnaval.