En abril de 2020 hicimos una larga entrevista a Rafael Radi, investigador en el área de la biomedicina y la bioquímica, cuando el Grupo Asesor Científico Honorario (GACH) recién se estaba conformando. En aquel entonces hablamos del gran desafío que asumía, y uno escribía que, así como un boxeador campeón se juega el título cada vez que sube al cuadrilátero, todos sus méritos académicos quedaban en suspenso mientras, junto a varias decenas de colegas, buscaban la evidencia para atravesar esta pandemia de la mejor manera posible. A nueve meses de aquella entrevista, la pandemia ha tenido sus altibajos ‒o mejor sería decir “bajialtos”, ya que hoy algunos indicadores son peores que los de aquel entonces‒ y el GACH recibió algunos golpes no sólo por el avance del virus.

La estrategia que habían recomendado era la de testeo, rastreo y aislamiento, que se conoce en inglés como Tetris. Desde el grupo de modelado del GACH se dijo que para poder calcular una tasa de positividad con robustez estadística, ante 800 casos diarios habría que hacer unos 20.000 test, pero se están haciendo unos 7.000 por día. Por otro lado, se ha dicho que se pueden rastrear los contactos de unos 200 positivos diarios, por lo que el aislamiento de los contactos evidentemente tampoco está siendo eficaz. ¿Hemos perdido en control?

Si se hubiese perdido todo el control tendríamos porcentajes de pérdida de nexos y de positividad más altos todavía, y tendríamos además una llegada de pacientes al CTI que no estaría demasiado bien relacionada con el número de casos que se detectan por día. Eso no está pasando. Obviamente debe haber un subreporte, pero seguramente no es mucho, porque si lo fuera tendrían que estar llegando más pacientes al CTI. También es cierto que como en esta etapa la situación epidemiológica ha impactado más en los jóvenes, que llegan menos al CTI, eso podría ser un factor de confusión. Pero aun así la idea que tenemos es que el nivel de subreporte no es tan alto. En Argentina en un momento la positividad era del orden de 60%, y en Alemania, cuando se estableció el confinamiento en diciembre, la pérdida del nexo epidemiológico rondaba el 70%. Se ha perdido el nexo y hay una parte a la que no estamos llegando, y eso es complicado porque son casos que no se aíslan y, por lo tanto, continúa la cadena de transmisión; pero todavía hay un porcentaje que sí se está atrapando.

Los indicadores se han movido por un lado que está feo, pero que no llegan a lo más alarmante dentro de los cuatro escalones que define la Organización Mundial de la Salud [OMS]. En el primer escalón no hay casos, y Uruguay estuvo algunos pocos días, unos 13 en junio, en esa situación. El segundo escalón es el de los casos esporádicos, situación por la que también pasamos. El tercer escalón es el de los brotes identificables, que fue el curso evolutivo mayoritario en Uruguay. Esas tres zonas las atravesamos todas. De ahí se pasa al cuarto escalón, que es el de la transmisión comunitaria, donde se empieza a tener una pérdida de nexo de más de 20%, un porcentaje de positividad de más de 5%, y donde ya no es tan fácil identificar brotes. Dentro del cuarto escalón, el de la transmisión comunitaria, a su vez, hay cuatro escalones, y el cuarto es el más intenso. Hoy estamos en el escalón tres de transmisión comunitaria: hay una transmisión intensa, pero no estamos en el nivel más alto, que fue el que llevó a Alemania y a varios países de Europa al confinamiento. La idea es poder bajar esos niveles para después volver a la zona de brotes esporádicos, que es lo que permite seguir con el Tetris. Eso se lograría con un techo de 200 casos por día.

Si nos mantenemos en el escalón de hoy, aún tenemos capacidad de respuesta.

Ahora ya no estamos en esa situación, sino más bien en una etapa de estabilización de los casos. Estamos en un escalón alto, pero no ha habido un incremento ulterior. La pregunta es si esta meseta está indicando el comienzo de un descenso o si es una situación de estabilidad relativa y parcial que repique apenas Montevideo vuelva a tener actividad plena. La verdad, eso no lo sabemos. Cada día que ganamos de meseta está bueno, pero con los movimientos que va a haber, está la posibilidad de que el R [cantidad de personas a quien contagia un infectado] pueda aumentar de vuelta. El R ahora lo tenemos en uno o levemente debajo de uno, pero si el R pasara a uno arrancando de un piso de 750 casos diarios, ahí no solamente no nos acercamos al objetivo del Tetris, sino que se empieza a desafiar el otro extremo, que es el de los cuidados intensivos. Si nos mantenemos en el escalón de hoy, aún tenemos capacidad de respuesta. De hecho, tenemos menos de 100 personas en el CTI y ese número también se ha estabilizado en los últimos diez días. El tema es que volver al Tetris no va a ser nada fácil.

Hoy el sistema de respuesta sanitaria está exigido, pero no está desbordado.

Si tuviéramos 200 casos diarios estaríamos en una situación de control. Pero eso es casi una afirmación tautológica, porque justamente lo que define el control es poder mantener la cantidad de casos donde uno quiere. Hoy el tema es ver cómo controlar la situación actual para bajar a esos 200 casos.

Claro. Por un lado, tenés el control de los casos y, por otro, la capacidad de respuesta del sistema, un elemento del que se ha hablado poco. Hoy el sistema de respuesta sanitaria está exigido, pero no está desbordado. Entonces, por una parte tenés el nivel de transmisión que está en TC3, transmisión comunitaria tres dentro de esos cuatro escalones de la OMS, y por otra parte hay que mirar la capacidad de respuesta en la atención prehospitalaria, en el nivel primario, secundario y terciario, en la capacidad de testeo, etcétera. La capacidad de respuesta todavía se mantiene en un ámbito razonablemente robusto, sobrecargado pero todavía con capacidad de absorción. Pero uno, además, tiene que anticipar planes de contingencia en el caso de que los números suban. Y va a ser difícil bajar. Con el grado de movilidad que tenemos ahora y el futuro inicio de las clases, con todas las demás variables como están ahora, es difícil pensar escenarios de reducción significativa de los casos en un tiempo limitado, por ejemplo, en el mes de febrero. La interrogante es si sostenemos la situación actual tal cual está, sabiendo que todavía hay capacidad de respuesta, reforzando el aspecto comportamental, apostando a que la gente refuerce las medidas, a mantener las burbujas, o buscamos alternativas.

Circulación comunitaria va a haber en las próximas cuatro semanas, es probable que no se baje a un nivel de control tipo Tetris, pero la gran discusión es cuánto ganás con medidas más restrictivas. En un escenario de estabilización, donde la capacidad de respuesta existe, se puede plantear bancarnos esta incidencia y no llegar a comprometer toda una cantidad de otras cosas, que incluyen la atención de los problemas “no-Covid” de la salud, como cirugías, consultas, mamografías o papanicolau postergados, controles de la diabetes, la obesidad, la vacunación de los niños, etcétera.

Entonces una posibilidad es, si no se desestabiliza la situación y me mantengo en este escalón de transmisión comunitaria 3, que es un escalón incómodo ‒pero en el que todavía hay capacidad de respuesta del sistema sanitario‒, decidir entonces que no voy a comprometer tanto las otras dimensiones de lo sanitario, lo social, lo económico. La otra opción es trazarse como objetivo bajar a 200 casos diarios cueste lo que cueste. Y ahí empieza la discusión de si uno tiene que imponer medidas, porque si el comportamiento humano voluntario no lo logra, lo que los Estados hacen es imponer medidas. Y todas esas medidas son muy duras y muy disruptivas, no son nada fáciles de tomar. Dentro del GACH se está haciendo un estudio transversal de medidas desarrolladas por una cantidad de países que han llegado a zonas parecidas a la nuestra. El confinamiento y otras medidas restrictivas podría servir para bajar los casos y para retomar el Tetris. Pero una vez que abrís, el Tetris tiene que ser muy intenso. Porque el confinamiento, las medias restrictivas, no hacen desaparecer el virus, sino bajar su circulación y permitir, eventualmente, retomar el control. El otro tema importante para bajar el número de casos tiene que ver con el plan de vacunación. En general los planes de vacunación logran efectos más intensos en el corte de la transmisión cuanto más bajo sea el número de R y de casos con el que arrancás.

Recuerdo que había muchos trabajos, de esos que salieron junto a una catarata de artículos científicos, que decían que las mismas medidas variaban en sus efectos dependiendo del momento en que se aplicaban. Por ejemplo, la cuarentena obligatoria decretada en Argentina no fue acompañada de buenos resultados porque se implementó tarde. Por el contrario, el “quedate en casa”, el cierre de escuelas y la suspensión de otras actividades en nuestro país habría sido, junto con otros factores, efectivo porque se tomó casi en simultáneo con el reporte de los primeros casos. ¿Un confinamiento hoy, además de todos los efectos perjudiciales, podría además no ser efectivo para bajar los casos?

Si el confinamiento se cumple efectivamente, sí. El tema es que cuando tenés un conjunto muy alto de excepciones, o un nivel de control muy bajo, este se perfora por todos lados. Por una parte, con el lockdown los que más sufren son los más vulnerables y se les pasa una parte importante del control de la emergencia sanitaria a la policía y a los militares. Entonces, una sociedad tiene que decidir en qué momento quiere hacer eso, si es que lo quiere hacer. Desde el punto de vista del fenómeno biológico, si hacés un confinamiento estricto y que se cumple, los casos bajan. Ahora, después tenés un impacto gigante, además del socioeconómico, sobre el tema salud no-covid, sobre la cabeza de la gente, que ya viene con un año que ha sido muy duro para todos, y se compromete además la salud física de muchas personas.

La propia OMS dice que el confinamiento es una medida última y extrema, que a quienes más afecta es a las poblaciones vulnerables, y que la brecha de la pobreza se incrementa necesariamente por su ejecución.

Por otra parte, en el confinamiento la no cobertura de seguridad social de los sectores informales hace imposible que esa población pueda cumplirlo, porque tiene que salir a trabajar para vivir. La propia OMS dice que es una medida última y extrema, que a quienes más afecta es a las poblaciones vulnerables, y que la brecha de la pobreza se incrementa necesariamente por su ejecución. ¿Para qué querría uno el confinamiento? Una respuesta podría ser para aprovechar ese tiempo para reforzar las capacidades para retomar el control. Pero eso solamente es para cuando tu capacidad de respuesta está muy desbordada. Uno también podría pensar que se podría usar para bajar los casos de manera que cuando empiece la vacunación los infectados sean la menor cantidad posible. Ese es un balance que hay que hacer que, para mi gusto, va más allá de la ciencia. Estamos en un momento en que si bien la covid no está controlada desde el punto de vista epidemiológico, porque estamos por fuera del Tetris, desde el punto de vista de la capacidad de respuesta, todavía tenemos margen.

Si la situación actual hubiera sucedido hace seis meses, probablemente la preocupación fuera mayor. Pero ahora, que estamos en un momento complicado, aparecen en un horizonte cercano las vacunas. ¿Ustedes están trabajando en el plan de vacunación?

No. El GACH trabajó mucho en el análisis de las vacunas, pero el plan de vacunación, si bien ha habido intercambios, lo está liderando la División de Inmunizaciones del Ministerio de Salud Pública.

Porque sobre el tema hay trabajos que plantean algunas interrogantes relevantes, por ejemplo, en qué tiempo se logra inmunizar a qué cantidad de la población. Para la inmunidad del rebaño se habla de que 70% de la población debería estar vacunada, pero en varias entrevistas has deslizado que con 50% andaríamos bien.

Yo estoy manejando el piso. Pienso que con 50% vamos a estar muchísimo mejor, quizás no logrando la inmunidad de rebaño, pero sí muchísimo mejor. Y es un objetivo que creo que es el alcanzable. Creo también que el techo máximo que podemos alcanzar es de 60%.

Allí se abren muchas preguntas. ¿50% de la población con una o con las dos dosis? ¿En qué tiempo? ¿Cuándo se considera inmunizada una persona, en la primera o en la segunda dosis de las vacunas que incluyen más de una?

Con la primera dosis se logra un grado de inmunidad. Por ejemplo, en las vacunas que dan 95% de eficacia global, las primeras dosis plantean una protección en el entorno de 60%. Por eso, en algunos países algunos plantearon la posibilidad de aplicar todas las dosis disponibles y no asegurarse la segunda dosis. Es algo que por ejemplo está haciendo Inglaterra. Eso, desde el punto de vista técnico, nosotros no lo acompañamos, porque los ensayos clínicos no fueron hechos con esos protocolos, sino con protocolos de, por ejemplo, la segunda dosis a los 21 días de la primera. De todas formas, con la primera dosis ya tenés una primera respuesta. Con la segunda dosis tenés un refuerzo que lleva a un nivel más alto de inmunidad.

En el caso de las vacunas que tienen una eficacia del orden de 50% o 60%, la primera dosis genera una inmunidad en el entorno de 30%. Ahora, de estas vacunas, de acuerdo a los datos preliminares que hay ‒porque estas son todas autorizaciones de emergencia‒, 50% tienen relación con las infecciones, pero en cuanto a la aparición de casos graves que terminan en el CTI, la protección es cercana a 100%. O sea, que si bien la vacuna ‒por ejemplo, en este caso la Coronavac de China‒ no estaría logrando un nivel de inhibición de la infección tan alto, sí logra disminuir mucho la gravedad de la enfermedad. Entonces logra muy bien el objetivo individual, y el objetivo de inmunidad colectiva lo logra solamente si hay muchos inmunizados.

Tan importante como la seguridad y la eficacia de las vacunas es la implementación, que incluye la logística y la velocidad de vacunación.

También he leído que ese plazo durante el que uno se comienza a inmunizar, ese período en el que no se está aplicando la segunda dosis y en el que hay distintas vacunas circulando con distinta cantidad de gente inmunizada, podría ser aprovechad por el virus para evolucionar hacia cepas que logren eludir las vacunas. ¿La vacunación debería hacerse en el plazo más breve posible?

Totalmente. El plan de vacunación en una epidemia tiene que ser prácticamente un plan de vacunación 24/7 para lograr ir lo más rápido posible. Acabo de leer un trabajo muy importante que habla de la implementación versus la eficacia. Uno puede tener una vacuna muy eficaz, pero si se implementa mal o se implementa lento, los efectos tardan mucho en llegar. El factor implementación, es decir, que las vacunas lleguen con las cadenas de frío respetadas y que una vez que la persona esté agendada el dispensador tenga la vacuna, es muy relevante. En Estados Unidos hay vacunas que se están desechando porque no se coordinó bien el tiempo entre que llegan ‒que ya no está a -80° sino a 4°, temperatura a la que es útil por cinco o seis días‒ con las agendas de vacunación, y entonces expira su tiempo útil en un refrigerador. Por lo tanto, tan importante como la seguridad y la eficacia de las vacunas es la implementación, que incluye la logística y la velocidad de vacunación.

Como bien decís, cuanto más rápido vacunes le vas a dar la menor chance a la circulación viral a desarrollar adaptaciones. Porque al presionar con vacunas, si das tiempo, van a ver adaptaciones eludiendo la respuesta. La vacunación tiene que ser lo más rápida posible para no dejar que el virus mute de forma que empiece a escapar de parte de la respuesta inmune generada.

El GACH forma parte de la evaluación de las vacunas. Trascendió que aún estaban analizando información respecto de la Sputnik V. ¿Hay avances con la vacuna rusa?

El grupo que asesora sobre vacunas es un grupo tripartito, que tiene en primer lugar a la División de Inmunizaciones del MSP, que es quien históricamente lo hace, y que para esta ocasión pidió refuerzos al GACH. Nosotros aportamos un equipo de trabajo de diez personas, y además hay investigadores del Área de Inmunología y Vacunología de la Universidad de la República. A la Sputnik V y a la Coronavac se les dio el visto bueno como vacunas de emergencia el mismo día, que fue el 22 de enero. De todos modos, tanto para la vacuna china como para la rusa, se siguen recopilando más datos en la medida que van apareciendo. Hoy, técnicamente, para nosotros, Coronavac y Sputnik V culminaron la misma etapa de aprobación de emergencia.

Adelanto

“La Academia de Ciencias, con otras instituciones, está elaborando un proyecto de abordaje a través del conocimiento científico, de los impactos socioeconómicos de la pandemia. Es algo novedoso, un proceso de análisis y recomendaciones, que es algo que el GACH no ha podido hacer, porque nos hemos dedicado mucho a la dimensión biológica del problema, más allá de la reciente incorporación de Fernando Filgueira y Ricardo Bernardi pasando a contemplar la dimensión comportamental”.

Hubo un momento, que podríamos ubicar entre diciembre y principios de enero, donde pareció haber una pequeña crisis dentro y respecto del GACH, donde pareció ponerse en cuestión un área delicada y valiosa, que es la de su independencia técnica. Desde su creación el GACH recibió distintas presiones, al principio de grupos económicos y de interés que tenían urgencia por retomar sus actividades, de ministerios que buscaban reactivar su sector productivo, etcétera. Luego la pandemia se instaló, estaba controlada, y entró a jugar esa apatía generalizada, de la que ya se ha hablado en referencia al relajamiento de las medidas personales para evitar el contagio. ¿Puede esa apatía también haber contribuido a que el tema pasara a tener un uso político-partidario, tanto del gobierno como de la oposición?

Tal vez, pero sobre todo esto comienza a aparecer cuando el partido empieza a ser un poco más desfavorable. Como en el fútbol, mientras el cuadro va ganando toda la hinchada está apoyando al técnico y a los jugadores. Pero te encajan algún gol y ya empieza a aparecer el que le grita desde el alambrado el técnico, el que pide que cambien a un jugador, el que dice que los dirigentes se están llevando la guita. Entonces, el partido se empezó a dar vuelta, ya teníamos previsto que en tres minutos te podían golear, porque es un partido complicado, jugando en la altura, con un rival muy difícil. Más que nada fue eso lo que empezó a aparecer. Fue interesante ver que ese ruido fue concomitante con esos quiebres de las tendencias en el número de casos.

¿O sea que vos manejabas todo esto como si se tratara de un “renunciá, Tabárez”?

Yo diría que no llegó a ser un “renunciá, Tabárez” sino una puteada a Tabárez. Aún no se llegó a ese momento de pedido de renuncia, pero sí se empezó a putear desde algunos sectores, que creo que son minoritarios. Es muy difícil hacer un trabajo de calidad si aparecen perturbaciones que no tienen que ver con el trabajo. Un proceso de asesoramiento, con el nivel de rigor y tranquilidad que debe tener, cuando empieza a aparecer un ruido que nada tiene que ver con la tarea, genera dificultades en el trabajo y, a nivel de los propios poderes públicos, dificulta la mejor toma de decisiones, porque en el medio del ruido y el barullo es difícil decidir bien. Entonces vuelvo a repetir dos palabras que dije en la primera entrevista que hicimos sobre el GACH: foco y firmeza. Ese ha sido el leitmotiv desde entonces y es el único camino por el que uno puede transitar. De otra forma te degradás, te hacés espuma.

¿Es una percepción personal o todo esto que pasó ha llevado a que desde el GACH se fuera más enfático en decir que lo suyo es el asesoramiento desde la evidencia y que las decisiones las toma el gobierno, pero a la vez, a la interna del grupo asesor, se aclararon algunos puntos, no porque en la ciencia no pueda haber disidencia, sino porque tiene que haber un acuerdo sobre cuál es el trabajo que hacen y cuál no?

Sí, sin duda. En el GACH tuvimos una reunión que, para decirlo en forma simple, fue como una buena charla de vestuario. Había terminado el primer tiempo, algunos estaban cansados, uno sudando, otro con alguna patada, uno que no sabía si quería pedir el cambio. Y fue algo como: “Muchachos, tenemos 15 minutos. Vamos a descansar. Vamos a sentarnos. Bajemos las revoluciones, bajemos las pulsaciones, que estamos jugando bastante bien, tenemos que seguir en este camino, estamos convencidos de que el equipo está bien estructurado, que se está haciendo un buen trabajo. ¿Confiamos en esto?”. La respuesta fue un gran sí. El equipo se refrescó, respiró un poco, tomó un poquito de líquido hidratante y glucosa, y volvió a la cancha con todo. Yo lo veo un poco de esa forma.

Me parece que es algo natural en los grupos humanos que son muy grandes, y sobre todo cuando hay una gran presión. Yo mismo quedé sorprendido de la expectativa que había en la prensa y en la sociedad de la reunión que íbamos a tener nosotros, lo cual de alguna forma expresa que el proceso es mirado con interés por la sociedad y por el sector político. Como además hay que pensar en el presente del asesoramiento científico, pero también en el legado que va a quedar para el futuro, me parece que es muy relevante proteger este proceso independiente. Tanto por el hoy de la epidemia como también para cuando ya no esté, porque esto genera lecciones para el futuro. Nos van a azotar una cantidad problemas que van a necesitar la mirada científica y habrá, quizás, futuros GACH o como se llamen. Creo que ese valor fue lo que tratamos de conversar en esa reunión y que el fragor del partido, el cansancio, el sudor y la patada que le pegaron a alguno, no nos hicieran perder la perspectiva de que tenemos un partido, pero de que también tenemos un campeonato por delante, con muchos otros partidos que vendrán. Ese fue un poco el espíritu del análisis y de verdad fue una reunión memorable, sobresaliente y emocionante.

Además de tu rol de coordinador del GACH, fuiste reelecto como presidente de la Academia Nacional de Ciencias del Uruguay. Este año no se han logrado todos los apoyos a nivel presupuestal que se esperaría de una sociedad que apreció en gran medida el valor de la ciencia. Si bien el contexto pandémico podría ser una coartada para no aumentar la inversión en ciencia, en muchos sectores del sistema científico hubo reducciones preocupantes. ¿Han tenido oportunidad desde el GACH, dada esa cercanía con quienes toman decisiones en el gobierno, de trasladar algo de esto?

Sí. Trabajando en conjunto con otros actores muy relevantes, como el rector de la Universidad de la República, o el presidente del Conicyt [Consejo Nacional de Innovación, Ciencia y Tecnología] y la Academia de Ciencias, hemos protegido algunos sectores muy importantes, como el Sistema Nacional de Investigadores. Ese tema, por ejemplo, lo conversamos con el propio presidente de la República, explicándole la importancia que tenía, e intervino para que eso no se tocara. En un contexto de recorte, si no se entiende perfectamente para qué sirven las distintas herramientas, se pueden generar grandes problemas. En el caso del Pedeciba [Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas] también pudimos, colectivamente, por lo menos impedir el recorte. La propia Universidad de la República, a través del proceso presupuestal en las cámaras, ha mejorado su situación, lejos de lo óptimo, pero obviamente mejor que lo que había sido el mensaje original. El Institut Pasteur logró también evitar recortes significativos. Entonces creo que hubo algunos avances que se pudieron dar por esta cercanía, por esta influencia. No a todo el mundo le fue de la misma manera, pero hubo algunos sectores que mejoraron un poco la situación inicial. Eso hay que reconocerlo, y fue hecho mediante el diálogo que las instituciones tuvieron con las autoridades y, justamente, en el entendimiento de que la práctica estaba mostrando la relevancia del sistema científico.

Obviamente que estamos muy preocupados por la situación de la inversión en la ciencia y la tecnología en Uruguay. Cuando este proceso se empiece a apagar, sin duda se van a volver a desnudar en toda su extensión las debilidades que tenemos en la retención de recursos humanos, en la financiación de proyectos, en el desarrollo de infraestructuras de investigación, y va a haber una necesidad de trabajar, de insistir, de convencer acerca de decisiones estratégicas en lo económico, por un lado, y también en el diseño institucional, que hoy quedó en agua de borrajas porque no se pudo procesar ese cambio en 2020. El Ministerio de Educación y Cultura vuelve a tomar la política de ciencia y el ministro Pablo da Silveira se mostró dispuesto a conversar el diseño institucional con la Academia de Ciencias, con la Universidad, con el Conicyt, pero ese proceso no se pudo dar. Esperemos que se pueda llevar adelante en 2021.

Obviamente que en un debate presupuestal permanente, en un momento de retracción de la economía mundial, hay que redoblar los esfuerzos para convencer que invertir en ciencia es estratégico. Por naturaleza soy una persona optimista, creo en la palabra que me dan y trato de trabajar de buena fe. La apuesta es trabajar a lo largo de este año para seguir mejorando la financiación. Por ejemplo, lo que pasó en los fondos Clemente Estable y María Viñas, el bajísimo porcentaje de proyectos financiados, es algo absolutamente alarmante, es algo que duele y desalienta, y es algo que tiene que ser el centro de gran preocupación. Si de los proyectos considerados excelentes, que fueron más o menos la mitad de los que se presentaron, solamente se financia un quinto, estás hablando de un porcentaje global de 10% de financiación. Uno de cada diez, o dos de cada diez excelentes proyectos financiados, es absolutamente insuficiente. Además, los montos son muy modestos. Tampoco es que un fondo María Viñas o un Clemente Estable te resuelve la vida del laboratorio por diez años, son fondos para proyectos de dos o tres años, y es plata para el funcionamiento básico. Entonces realmente ahí hay que reforzar mucho. La Agencia Nacional de Investigación e Innovación tiene que, por un lado, ser más apoyada el punto de vista económico y, por otro, tener una mirada acerca el desarrollo de las ciencias básicas y aplicadas, entendiendo que son la base del aporte de la ciencia a cualquier proceso, incluyendo los proceso que tienen que ver con el sector productivo. Son asuntos que, esperamos, con una situación pandémica más controlada, podamos abordar este año.

En 2017, cuando los fondos María Viñas y Clemente Estable fueron para pocos proyectos y con gran cantidad de proyectos excelentes no financiados, pero aun así con cifras no tan bajas como las de 2020, dijiste a la diaria que se estaba “transitando por un camino muy peligroso”, que podría llevar a “un enfrentamiento importante de la comunidad científica con el gobierno”. Ahora escogiste otro tipo de palabras, ¿eso refleja lo que ha sido este proceso del GACH, donde científicos han estado más en contacto con quienes toman las decisiones?

Nosotros estamos en diálogo y abrimos una carta de esperanza en cuanto a que este tema se priorice. Eso yo diría que es la etapa uno, que además parte de una confianza ganada, personal e institucional, en este camino recorrido. Esa es la etapa por la que estamos transitando ahora, que fue la misma por la que transitamos con los otros gobiernos. Es decir, se trata de una etapa inicial de diálogo, de acuerdos, de cosas que se dijeron. Después la realidad mostró que muchas de esas cosas que se conversaron no se terminaron de ejecutar, y ahí fue donde pasamos a la fase dos. Hoy, en un contexto de pandemia, en un contexto donde hay muchos uruguayos sufriendo, con desempleo, con una situación de incertidumbre, con una retracción del PIB, hay que trabajar muy estratégicamente para estar en diálogo con el gobierno y sostener el apoyo que la sociedad nos está dando a los científicos. Una vez Ricardo Ehrlich me dijo que la ciencia iba a tener más apoyo cuando la sociedad quisiera apoyarla. Creo que hoy la ciencia generó validación social y la sociedad ve que hay que darle más apoyo. Es algo que me lo ha dicho gente en la calle, gente que tal vez hace cinco años no sabía que en el país hay un sistema científico, con distintas instituciones, donde trabajan gran cantidad de investigadores. Creo que eso ayuda mucho, el pensar que desde la sociedad hay una expectativa de que se le dé apoyo a la ciencia. Creo que el sector político debería estar mucho más permeable, porque políticamente hoy es mucho más defendible y sólido apostar a esto, ya que hay un país que se dio cuenta de que funciona.

Ahora, la comunidad científica, una vez que la situación empiece a normalizarse, va a querer tener señales. Como dije, algunas señales preliminares fueron dadas cuando se protegió al Pedeciba, cuando se mejoró la situación presupuestal de la Universidad en Diputados y Senadores. Pero va a haber que seguir dando muchos pasos y hay tiempo para ir demostrando que esto es una apuesta estratégica y que no quede simplemente como el grupo de científicos que apareció durante la epidemia y luego dimos vuelta la página, pasaste a otra pantalla, y chau. Creo que si eso pasara, sí se va a generar una situación de enfrentamiento, o de tensión o de desacuerdos. Espero que eso no vaya a ocurrir y que, lentamente, se den señales. Nosotros nunca planteamos, ni siquiera en el gobierno anterior, que las expansiones presupuestarias fueran inmediatas. Planteamos curvas de crecimiento lentas, razonables, donde el dinero nuevo que pudiera entrar se pudiera gestionar de la mejor manera posible. Pero sin duda que hay un déficit, sin duda que tenemos un retraso permanente y crónico, que se nos van a seguir yendo personas y que se va a perder mucho de lo ganado en cuanto al aporte de la ciencia si la ciencia no es apoyada en los próximos años. Hoy los canales de comunicación están abiertos.

Tengo amigos que me habían hecho notar que ya no decías tantas metáforas futboleras. Dado tu pasaje por Liverpool y otras hazañas, me había empezado a preocupar, pero veo que hoy volviste a ellas. Supongo que usabas este recurso como una forma de que la gente entendiera que si bajaba la guardia, el virus podía ganar terreno rápidamente y que, en el momento que dejamos de empatar en La Paz y pasamos a perder por varios goles, ya no había necesidad de ellas. ¿Fue eso lo que te hizo alejarte un poco de las frases futboleras a la hora de explicar lo que pasaba?

Lo que pasa es que fue un trago amargo reconocer que nos dieron vuelta el resultado. Además, el partido duró mucho más de lo que pensábamos, el juez lo alargó demasiado. Entonces fue duro ver cómo un partido que estaba controlado, en pocos minutos, en noviembre y diciembre, se nos fue un poco de control. Pero, como también comentaba el otro día, yo lo miraría en perspectiva de eliminatorias para el mundial, y diría que, en el contexto de las Américas, todavía estamos en zona de clasificación sin repechaje.

La vuelta a clases

“El CDC, el Center for Diseases Control de Estados Unidos, acaba de sacar un comunicado en el que dice que hay que abrir las escuelas y que es posible hacerlo con protocolos seguros. El tema de las burbujas en los centros educativos, ahora que hay más transmisión comunitaria, se vuelve decisivo. Porque si las burbujas se rompen dentro de los centros educativos, cada vez que hay un caso tiene que cerrar todo el centro educativo. Y casos van a haber, y probablemente serán casos que los estudiantes van a traer de sus casas. Lo que hay que impedir es que un caso que viene de la calle impacte en todo el centro. Estados Unidos tiene un nivel de transmisión comunitaria 4, y sin embargo ellos están apostando a reabrir las escuelas. Ahora, esta es una discusión internacional. El propio Christian Drosten, el epidemiólogo capo de Alemania, discrepa muchas veces con la posición del gobierno alemán de mantener las escuelas abiertas. No son discusiones ni decisiones fáciles”.

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