“Los investigadores de Uruguay no somos indiferentes frente al avance de la barbarie en nuestro continente y en el mundo”, comienza diciendo la carta abierta firmada por más de media centena de investigadoras, investigadores y académicos de diversas áreas. Dentro de ese avance de la brutalidad, enmarcan la “profundización del bloqueo a Cuba, una medida que busca asfixiar a un pueblo a partir de la prepotencia y el desprecio al derecho internacional”, pese a que ese bloqueo ha sido “abrumadoramente condenado por la ONU desde hace 29 años”.

Según quienes firman la carta, “la orden ejecutiva de Trump impide el acceso a bienes básicos como alimentos y combustibles y profundiza el aislamiento digital”, por lo que este recrudecimiento del bloqueo “compromete no solo el desarrollo económico del país, sino la vida misma de millones de cubanos”, por lo que manifiestan su “rechazo más enfático” a lo que consideran un “criminal bloqueo de Cuba por parte de la administración de Estados Unidos”.

Hablando de ciencia

En el texto, los académicos y académicas sostienen que “Cuba es un ejemplo de cómo se puede impulsar la educación y la ciencia en un país del tercer mundo”, señalando que “los logros científicos de Cuba, particularmente en biotecnología y salud pública, representan un caso notable de innovación bajo importantes limitaciones económicas y aislamiento internacional”.

Pese al “prolongado” bloqueo de Estados Unidos y “recursos limitados”, afirman que “Cuba ha desarrollado una infraestructura científica robusta que ha generado avances reconocidos mundialmente”, citando entre ellos “el desarrollo de vacunas y productos biológicos terapéuticos”.

Al respecto, señalan que “la contribución de Cuba trasciende sus fronteras”, y ponen de ejemplo la Escuela Latinoamericana de Medicina, que “ha formado médicos que hoy ejercen en muchos países de nuestro continente, entre ellos Uruguay”. También aclaran que los “logros” de la ciencia cubana “no son meras hazañas técnicas, sino que están profundamente arraigados en una política nacional que prioriza la soberanía tecnológica y la aplicación de la ciencia para resolver problemas sociales apremiantes”.

Defendiendo derechos

“Defendemos el derecho a la autodeterminación de los pueblos y condenamos toda intervención directa o indirecta por parte de los Estados Unidos de América en Cuba”, dice la más de media centena de académicos, recordando que Cuba “ha mostrado, aun en condiciones muy difíciles, su solidaridad con los pueblos que sufren”, como ha quedado de manifiesto con su “política de 'enviar médicos y no bombas'”, que “se ha sostenido pese a las enormes restricciones que enfrentó el pueblo cubano”.

La carta finaliza diciendo que solidarizarse con Cuba y su pueblo “es, entonces, un acto de justicia y de defensa de la condición humana”.

Firman el texto José Paruelo, Gregory Randall, Roberto Markarian, Federico Lecumberry, Eduardo Grampin, Mariana Achugar, Marcel Achkar, Martín Fraga, Daniel Panario, Alice Altesor, Angel Caputi, Luis López-Marsico, Walter Ferrer, Belen Branchiccela, Claudia Rodríguez, Anaclara Guido, Felipe Lezama, Leticia Burone, Alma Bolón, Pedro Oyhantçabal, Fabiana Pezzani, Danilo Calliari, Ana Denicola, Damián Rodríguez, Hugo Naya, Rodrigo Arocena, Judith Sutz, Ronell Bologna, Ofelia Gutiérrez, Juan Pablo Martí, Mariela Pistón, Daniel Conde, Gabriel Kaplun, Laura Rodríguez-Graña, Alejandra Kun, Inés Gazzano, Susana Rostagnol, Alejandro Bielli, Julián Oreggioni, Diego Hernández Nilson, Agustín Cano, Natalia Gras, Claudia Piccini, Rafael Cantera, Soledad Gutiérrez, Gonzalo Casaravilla, Adriana Migliaro, Gabriel Oyhantçabal, Mónica Marín, Juan Fernández Romar, Néstor Mazzeo, Leonardo Steinfeld, María Castelló, Aldo Calliari, Carlos Negreira, Pablo Monzón, Anabel Fernández, Omar Macadar y María Noel Míguez.