Si se acusara al investigador Paul Ruiz de tener una adicción, seguro sería la de investigar sobre el consumo de distintas drogas. Con notables y esclarecedores trabajos, por ejemplo, sobre el consumo de alcohol en jóvenes o los motivos y expectativas que llevan a consumirlo, el investigador poco a poco comenzó a analizar una variable que incidía en el consumo del alcohol y las otras drogas: el malestar psicológico.

Por malestar psicológico se entiende “un conjunto de reacciones emocionales y conductuales que pueden, o no, evolucionar a diferentes cuadros psicopatológicos”. Simplificando, Paul prefiere decir que el malestar psicológico es como una mezcla de síntomas de depresión y de ansiedad. Para medirlo se utilizan determinados cuestionarios que arrojan puntuaciones (Paul utiliza el cuestionario Kessler). Según estudió, en los jóvenes de Uruguay cuanto mayor es el malestar psicológico mayor es también el consumo de alcohol. También había visto que durante la pandemia los niveles de malestar se elevaron, llevando a un incremento del número de personas que consumieron por primera vez marihuana, psicofármacos y alcohol, o al aumento de frecuencia de consumo de quienes ya las usaban.

Aquel trabajo durante la pandemia le hizo ver que nuestro país no tenía una línea de base de cuánto era el malestar psicológico en la población, así que se propuso obtener una medida del malestar en jóvenes. Quedó sorprendido: la población joven de Uruguay presentó un promedio de malestar psicológico más alto que todos los reportados en la literatura científica, con la sola excepción de un estudio entre la población psiquiátrica de Buenos Aires y la propia medición que él había realizado en la población general de Uruguay durante la pandemia.

Ahora, Paul Ruiz y sus colegas vuelven a la carga, en este caso relacionando el lugar en el que las personas obtienen la marihuana en Uruguay –donde hay un mercado regulado desde 2013– con variables que estudia desde siempre, como el malestar psicológico, la frecuencia y volumen de consumo, las estrategias conductuales de protección y el riesgo de presentar consumo problemático.

El trabajo se titula Patrones de consumo de cannabis y factores sociocognitivos de las personas que usan cannabis según las fuentes de cannabis en Uruguay y además de la firma de Paul Ruiz, del Centro de Investigación Clínica de la Facultad de Psicología y del Departamento de Biociencias de la Facultad de Veterinaria, ambos de la Universidad de la República, lleva la de Agostina Barey, Angelina Pilatti y Ricardo Pautassi, de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina (Pautassi fue tutor de Paul y es compinche habitual en sus publicaciones).

Ya iremos a ver detalles de la investigación, pero antes una aclaración. “Esta investigación no tiene un abordaje prohibicionista ni de criticar al sistema regulado pionero de Uruguay, sino que procura generar información para mejorar ese sistema que ya lleva 13 años”, enfatiza Paul. Ahora que, como dice, el modelo regulado está fuera de toda discusión es tiempo de perfeccionarlo. Veamos cómo esta investigación puede contribuir a lograrlo.

Paul Ruiz.

Paul Ruiz.

Foto: Alessandro Maradei

Un trabajo reorientado

Analizar diferencias posibles entre la población que consume marihuana de acuerdo al lugar en que la consiguen dentro del mercado regulado, o incluso si eso difiere en quienes la procuran fuera de él, ya sea en el mercado negro, lo que implica una venta ilícita, o en el mercado gris, donde la persona la puede obtener a través de amistades o conocidos sin implicar narcotráfico, parece una idea excelente. Pero la investigación no se enfocó en ella desde el primer momento.

“Nosotros veníamos de una secuencia de artículos con encuestas sobre consumo de drogas, incluido el trabajo realizado durante la pandemia. Y lo que estábamos encontrando era que dentro de todas las drogas que usaban, si bien la más consumida siempre es el alcohol, la marihuana era la que predecía mejor el malestar psicológico”, explica Paul. “Me quedé con esos datos en la cabeza y me dije que tenía que meterle más al tema de la marihuana”, confiesa.

“Entonces armamos la encuesta sin pensar tanto en el mercado regulado, pero sí nos propusimos incluir una pregunta sobre dónde obtenían la marihuana. Cuando teníamos la encuesta terminada y comenzamos a cruzar los datos, nos dimos cuenta de que los resultados, según de dónde la obtenían, eran súper interesantes, por lo que el artículo terminó inclinándose hacia las opciones del mercado regulado”, dice Paul, sin vueltas. En ciencia tener buen olfato siempre paga. Si los datos nos dicen algo más allá de lo que esperamos, sería tonto no tirar de ese hilo. Por suerte Paul y sus colegas lo hicieron.

Así que hicieron una encuesta que promocionaron por las redes Facebook, X e Instagram invitando a participar a personas que consumieran marihuana. Allí les preguntaron sobre su consumo (si habían consumido en el último año y en el último mes, dónde la obtenían, siendo las opciones “autocultivo, clubes cannábicos, farmacias u otras fuentes”, porcentaje de THC de la marihuana que consumían y una estimación en gramos de cuánto fumaban por día en una semana típica), así como les aplicaron cuestionarios para medir problemas relacionados al consumo (cuestionario breve de 21 ítems sobre las consecuencias del consumo de marihuana), uso problemático (prueba de detección del consumo de cannabis, CAST, por su sigla en inglés), motivos por los que consumían (versión corta del cuestionario sobre los motivos para consumir marihuana), malestar psicológico (la ya mencionada escala de malestar psicológico de Kessler) y también sobre sobre cuánto practicaban “estrategias conductuales de protección para el consumo de marihuana.

Los datos se recogieron entre diciembre de 2023 y abril de 2024 y terminaron siendo parte del estudio las 928 personas de entre 18 y 59 años que contestaron todo el cuestionario sin inconsistencias.

Una aclaración metodológica

Antes de ir a los resultados de este trabajo, aclaremos un punto. En la investigación analizan las respuestas de 928 personas que consumen marihuana, que accedieron voluntariamente a contestar una encuesta de la que se enteraron a través de redes sociales. Por tanto, no se trata de una muestra representativa de toda la población que consume marihuana (algo que se suele dar en estas encuestas convocadas por redes es, por ejemplo, que el nivel educativo alcanzado por las personas que contestan es mayor que el de la población tomada en su conjunto). Entonces, cuando demos algunos datos, como, por ejemplo, qué porcentaje accede a la marihuana en las farmacias, puede que ese guarismo sea distinto al de toda la población. Sin embargo, estas 928 personas son un número grande y relevante a la hora de analizar asociaciones entre lugar de compra, frecuencia y potencia de consumo, malestar psicológico y riesgo de desarrollar consumo problemático.

“Se estima que en Uruguay 230.000 personas consumieron marihuana en el último año. Si quisiera hacer una muestra representativa, tendría que tener una muestra gigante. Se puede intentar hacerlo con el INE [Instituto Nacional de Estadística] y esos resultados se podrían extrapolar a la mayoría”, comenta Paul. “Ahora, cuando se hacen modelos estadísticos, como hicimos nosotros, lo que se obtienen son asociaciones entre las variables. Allí, aunque tengas una muestra más chica, aunque no sea representativa ni esos datos extrapolables al resto de la población, si la asociación entre variables es estadísticamente potente, entonces esa asociación es significativa igual”, explica.

“Con base en este trabajo, con esta muestra no podemos decir que 28% de todos los consumidores de marihuana de Uruguay la obtienen de los clubes cannábicos. Para eso sí se precisa una muestra representativa. Ahora, cuando vemos en esta muestra de gente que compra en los clubes cómo se asocia eso con, por ejemplo, el malestar psicológico o la frecuencia de consumo, y esa asociación obtenida es estadísticamente muy significativa, entonces sí ese resultado es bastante extrapolable”, dice con relación a la estadística y los modelos tras su trabajo.

Ahora sí, zambullámonos en los resultados.

Dónde obtienen la marihuana

Ya aclaramos, este no es uno de esos datos extrapolables a toda la población. Pero sí es un indicador. En el trabajo reportan que de las casi 1.000 personas que contestaron, 28% obtienen la mayor parte de la marihuana que consumen de un club cannábico, 22% del autocultivo y 19% la compra en la farmacia.

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Como primer comentario, podríamos señalar que la mayoría consume dentro del circuito legal: así dijo hacerlo el 69% de los encuestados. Viendo el vaso medio vacío, podemos destacar que 31% dijo recurrir al mercado negro (que alude al narcotráfico) o gris (no tan duro como el narcotráfico, pero sí la obtienen gracias a terceros que la obtuvieron legalmente). Y si bien reportan que en general no encontraron diferencias entre hombres y mujeres, sí la hubo en quienes la obtienen por fuera del mercado regulado. Allí “la proporción de mujeres fue significativamente mayor que la de hombres” (37% frente a 26%).

“Esos datos se condicen con los últimos informes del Instituto de Regulación y Control del Cannabis (Ircca). El mercado legal crece cada vez más, pero aun así hay desabastecimiento”, comenta Paul. “Hay un porcentaje no desestimable de gente, que ronda a uno de cada tres consumidores según las últimas estadísticas, que la consigue en el mercado negro o el gris. Que la gente que busca pasta base la compre en una boca es entendible, pero que se vaya a comprar marihuana en una boca, en Uruguay no debería existir”, agrega.

“Las farmacias están prácticamente desabastecidas. Según unos cálculos que hicimos a partir de una noticia que señalaba que en 2025 se habían cosechado unas 4 toneladas de marihuana, estimamos que se está produciendo algo así como el 20% de lo que el país necesita para tener a toda la gente inscripta, que son unos 83.000 usuarios, con su demanda satisfecha. Si se cosecharon cuatro toneladas, y lo que se precisaría sería mínimo unas 24 toneladas de acuerdo al consumo efectivo estimado, o unas 40, si se busca que toda persona registrada pueda comprar todos los meses 40 gramos”, afirma Paul. “Cuando hay desabastecimiento, los mercados regulados juegan en contra de sí mismos. Si el mercado regulado no cubre la demanda, se está empujando a esa gente a comprar por fuera y no se cumple con el espíritu del mercado regulado”, enfatiza.

Frecuencia y cantidad

Al ver qué pasaba con la frecuencia de consumo, estimada en días al mes, y la cantidad, estimada en gramos, el trabajo reporta que ambos “fueron significativamente mayores en hombres que en mujeres, y significativamente mayores entre quienes obtenían cannabis en clubes y de autocultivo, en comparación con quienes lo obtenían en farmacias u otras fuentes”.

En efecto, en los clubes la cantidad consumida fue de casi siete gramos diarios para los hombres y de casi cinco gramos diarios para las mujeres. En el caso del autocultivo, el consumo promedio fue de ocho gramos para los hombres y de cinco gramos para las mujeres. Las cantidades más bajas se registraron en las farmacias para el caso de los hombres (algo más de cuatro gramos diarios) y en “otras fuentes” para las mujeres (poco más de tres gramos diarios).

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“Para que estimaran la cantidad, les mostrábamos una imagen en la que hay diferentes porros de diferentes tamaños, desde unos armados con 0,3 gramos hasta uno de tres gramos, para que nos dijeran cuántos de esos fumaban por día. En la imagen también había montones de marihuana al lado de una tapita de refresco, como para que pudieran estimar también la cantidad de esa forma”, explica Paul.

Imagen para estimar consumo diario en gramos - Gentileza de Paul Ruiz

Imagen para estimar consumo diario en gramos - Gentileza de Paul Ruiz

En lo relativo a la frecuencia, entre quienes autocultivan los hombres consumieron unos 19 días en el último mes y las mujeres cerca de 14. En los clubes esos números fueron de 18 días para los hombres y de menos de 15 para las mujeres. Los valores más bajos se dieron entre quienes consiguen cannabis fuera del mercado regulado: 14 días para los hombres y unos ocho en el caso de las mujeres.

En lo relativo a la frecuencia, entre quienes autocultivan los hombres consumieron unos 19 días en el último mes y las mujeres cerca de 14. En los clubes esos números fueron de 18 días para los hombres y de menos de 15 para las mujeres. Los valores más bajos se dieron entre quienes consiguen cannabis fuera del mercado regulado: 14 días para los hombres y unos ocho en el caso de las mujeres.

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La potencia y la fuente

El trabajo también reporta qué porcentaje de THC declararon que tenía la marihuana que consumen habitualmente. 24% de los encuestados declaró que entre 10 y 14%, mientras que 19% dijo que entre 5% y 9%. En los extremos hay dos datos relevantes: 5% dijo que consumía marihuana con 20% o más de THC, mientras que 31% dijo no saber cuánto THC tiene lo que consumen.

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En cuanto al origen relacionado con la potencia, el trabajo reporta con claridad que “el consumo de cannabis con un contenido de THC extremadamente alto fue más frecuente entre quienes lo obtenían en clubes o de otras fuentes”, mientras que en el caso del cannabis de baja o media potencia “fue más frecuente entre quienes lo adquirían en farmacias”.

“La gente que dice no saber cuánto THC tiene la marihuana que consume es un poco esa a la que no le importa nada. Se trata de gente que no forma parte de los clubes ni que tampoco lo adquiere en la farmacia. La gente que compra en el mercado gris o negro fuma lo que encuentra, no importa si tiene cuatro, cinco, 15 o 20 de THC. Compra lo que haya”, comenta Paul.

En el trabajo lanzan una conjetura relevante: tras decir que hasta ese momento “la opción legal más potente era la variedad Gamma, con un contenido de THC igual o menor al 15%” (hoy está la Épsilon con cerca de 20%)”, y que observaron “un mayor consumo de productos con una potencia mayor o igual a 20% entre quienes optaban por fuentes alternativas”, sugieren que “la limitada potencia del cannabis legalmente disponible en Uruguay contribuye a la insatisfacción de la demanda, lo que lleva a algunos consumidores de Uruguay a buscar productos de mayor potencia fuera del mercado legal”. Se da entonces la paradoja de tener un sistema regulado y, a la vez, que desde el propio sistema se impulse a la gente para que se salga de él.

“Sí, es parte del tema del desabastecimiento”, afirma Paul. “Le decimos a la gente que se registre, que se la vas a vender al mismo precio que el mercado negro, pero con trazabilidad, calidad y todo, pero te dicen ‘sabés qué, hoy no tengo’. Eso lo que hace es empujar gente al mercado negro. A eso hay que sumarle el problema de que hoy, en todo el país, hay solamente 55 farmacias vendiendo marihuana”, agrega. Pero hay otro problema que merece nuestra atención.

“Lo más interesante para mí es que en el mercado negro se pueden conseguir cosas con altísimo THC y también en los clubes, pero en el club las personas lo van a conseguir con más frecuencia, porque en el mercado negro depende de lo que hay cuando vayas, por lo que el consumo en el mercado negro es más esporádico que en el club”, afirma. “La evidencia lo muestra clarito, cuanto más concentración de THC consume una persona, más probabilidad de desarrollar dependencia hay”, desliza.

“En los años 90 todo el mundo decía que fumar marihuana no tenía riesgo de desarrollar una adicción. Pero eso era porque la marihuana que se fumaba en los 90 en Uruguay tenía una proporción baja de THC. Hoy hay marihuana en nuestro mercado legal que tiene 20% o más de THC. Entonces, hoy se pueden ver personas que tienen cuadros de dependencia a la marihuana, inclusive con internaciones clínicas y demás. Eso antes no se veía tanto. Y no tiene que ver tanto con la cantidad de gente que consume, sino con la cantidad de THC que tiene ahora la marihuana”, remarca Paul.

“Como en los clubes la marihuana tiene más THC, y encima se consume allí con más frecuencia y en mayor cantidad, las personas que la consiguen en los clubes tienen más probabilidad de desarrollar un cuadro de dependencia que todas las demás personas que las consiguen en otros lados”, dice Paul. Eso también lo muestra el trabajo.

Riesgo de caer en consumo problemático

En la encuesta había una sección de preguntas que provienen de la prueba de detección del consumo de cannabis. Se trata de un cuestionario que “identifica el consumo problemático de cannabis y el posible trastorno por consumo” con preguntas que abarcan, por ejemplo, la frecuencia con la que la persona “consume antes del mediodía o en soledad”, sobre sus “dificultades para controlar el consumo” y evaluar “el impacto en las responsabilidades diarias, la vida social y la cognición”. ¿Qué encontraron?

En el artículo reportan que “entre quienes obtenían cannabis en clubes, había más participantes en las categorías de riesgo alto y moderado y menos en la de riesgo bajo”. Por otro lado, señalan que quienes “cultivaban cannabis en casa tenían mucha más probabilidad de pertenecer a la categoría de riesgo bajo y mucha menos probabilidad de pertenecer a la de riesgo alto”.

“Lo que vemos es que los puntajes de CAST son mayores en los usuarios de los clubes y están muy relacionados con el nivel de THC consumido. Entonces el club cannábico termina siendo un lugar bastante interesante para llevar esta información y hacer prevención”, comenta Paul. Ya hablaremos de prevención, pero antes, de malestar.

El malestar psicológico metiéndole espuelas al consumo

Al analizar qué pasaba con el malestar psicológico, el trabajo indica que fue “significativamente mayor en mujeres que en hombres y en jóvenes, que en participantes más mayores” (recordemos, se incluyeron respuestas de personas de entre 18 y 59 años).

Por otro lado, reportan que “el malestar fue significativamente mayor en quienes recurrían a otras fuentes o compraban cannabis en farmacias que en quienes dependían de clubes o del autocultivo.

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A tener en cuenta: el malestar normal se considera aquel que obtiene menos de 20 puntos en la escala Kessler. De 20 a 24 puntos ya es un malestar leve, mientras que de 25 a 29 se considera alto. Las mujeres y hombres que obtienen su porro en el mercado gris o negro marcaron 24 y 20 puntos. En el caso de quienes los compran en farmacias, marcaron 22 puntos las mujeres y 20 los hombres.

Respecto del malestar psicológico, es difícil decir qué es causa y qué consecuencia. ¿La gente está mal y por eso consume marihuana, o la gente consume marihuana y hay consumos problemáticos que agudizan el malestar? Un indicio que inclina la balanza hacia la primera hipótesis tiene que ver con los motivos del consumo, en especial el de enfrentamiento (o en inglés coping, para lidiar con) que viene del uso “para regular emociones negativas”. Allí es que aparece la marihuana –u otras drogas– que la persona piensa que le podrían ayudar a sobrellevar el mal momento–.

“En el modelo que nosotros armamos y que aparece en el trabajo graficado, en un extremo está el malestar y en otro la frecuencia, que es un indicador del consumo. Y en el medio hay variables que inciden en cuánto termina siendo en el consumo final”, explica Paul. “El modelo muestra la relación directa del malestar con el consumo. Cuando el malestar es muy alto, las estrategias de autocuidado son menores y hay más consumo”, agrega.

Efectos del malestar sobre la frecuencia del consumo de cannabis y los problemas relacionados a través de los diferentes motivos de consumo. Tomado de Ruiz y otros 2026

Efectos del malestar sobre la frecuencia del consumo de cannabis y los problemas relacionados a través de los diferentes motivos de consumo. Tomado de Ruiz y otros 2026

Lo que dice Paul se cruza con la salud mental. Si la gente estuviera mejor, consumiría menos o consumiría de forma más responsable. Es decir, consumiría porque le gusta, para disfrutar o lo que fuera, pero no por la necesidad de sobrellevar una situación adversa.

“Allí entra en juego el tema de la automedicación. Solemos pensar que automedicarse es tomar fármacos, o, cuando hablamos de malestar psicológico, psicofármacos, pero automedicarse es consumir cualquier droga. Hay quien puede estar deprimido y automedicarse con alcohol. O puedo tener un tipo de malestar psicológico y puede intentar paliarlo con marihuana. Al ver esto empezás a pensar que hay una población, no menor, que consume marihuana para sobrellevar el malestar, que se automedica con la marihuana”, remarca.

“Ahí el debate se complejiza mucho más, porque ya no pasa solamente por cuál es la vía de acceso, por el derecho del consumidor y todo eso, sino que también es un tema de pensar entre todos para qué y por qué consumimos”, reflexiona Paul. Y en ese pensar para qué y por qué, a la luz de este trabajo y otra evidencia disponible, hay tela para cortar en cuanto a la prevención, la reducción de daños y la atención a la salud en general, y la mental en particular.

Haciendo prevención

El trabajo es claro en varios aspectos. Señala que quienes tienen mayor malestar psicológico se cuidan menos y consumen con más frecuencia, y que en mayor medida o compran en farmacias o recurren al mercado negro o el gris. Por otro lado, nos muestra que en los clubes la alta frecuencia de consumo y el mayor porcentaje de THC expone a sus usuarios a mayor riesgo de consumo problemático. En las farmacias, además, se empuja a la gente al mercado ilegal mediante la incapacidad de abastecer la demanda, insuficientes puntos de venta y contenidos de THC bajos (la variantes con más THC, la Gamma y la Épsilon, son las que primero se agotan en las farmacias). Paul no se contenta con estos datos. Quiere que sirvan para hacer algo.

“Creo que los clubes tienen un reto por delante que tiene que ver con entender esta problemática del alto contenido de THC, que dentro de las cuatro formas de obtención está focalizada sobre todo en ellos y que estaría bueno que si pueden y quieren, generen algunas formas de poder hacer algo con esto”, señala. ¿Qué podrían hacer? “Puede ser algo tan simple como poner cartelería en el club que diga que si tenés determinados síntomas, llames a determinado número; si tenés dificultades para dejar de fumar, hablá con la gente del club, etcétera. Hay algunos países donde la gente de los clubes o de los grow shops tiene cierta capacitación para poder darles vía a consultas vinculadas a la salud mental”, apunta.

No son operadores de salud, pero así como un escribano es un sujeto obligado en el marco de las normativas de prevención de lavado de activos, quienes trabajan en los clubes podrían ser sujetos, más que obligados, voluntarios, en el marco de las normativas de prevención de la salud mental. Al estar allí en la primera línea, podrían detectar la necesidad de apoyo de algunos de sus miembros.

“A ese miembro del club que está consumiendo demasiado, en cantidad, frecuencia o potencia, le pueden decir que estaría bueno que llame a determinado lugar, o hablarle de las diferencias entre el consumo y el consumo problemático. Ese tipo de dispositivos donde más se necesitan ahora es en los clubes. A veces solo con cartelería, a veces con actividades de difusión una vez cada tanto, virtual o presencial en el club es suficiente para que alguna persona vaya dándose cuenta de que hay cosas que no están tan buenas, como, por ejemplo, consumir un porro gigante todos los días”, remarca Paul.

“Otras acciones serían mejorar el etiquetado del producto que se vende en las farmacias, capacitar a la gente que vende allí, entrenarlos para mostrarles herramientas a los compradores. De que si te pasa esto, llamen a tal lado, cosas por el estilo. Creo que es importante”, dice entusiasmado.

“Para mí lo más interesante es ver cómo la información que tenemos ayuda a mejorar el mercado regulado”, dice. Y no se queda solo en palabras: nos envió un documento con acciones y recomendaciones ajustadas a cada una de las fuentes donde hoy la gente puede abastecerse de marihuana en Uruguay (puede descargarse en la versión web de esta nota).

“Creo que lo que ayuda a mejorar el sistema es sentarse con los clubes, las farmacias y los autocultivadores y decirles qué es lo que está pasando, y que cada uno tiene determinados desafíos que podrían abordar adoptando algunas iniciativa para mejorar eso, sobre todo cuando pensamos en un sistema regulado con base en la salud. Lo del malestar psicológico, lo de las estrategias para manejo de daño, todo eso es salud, salud mental, sobre todo. En ese sentido, pensando en la salud, cada uno de los participantes del mercado regulado podría levantar alguna de estas cosas y ayudar a mejorar la situación”, señala Paul.

“Al ver las tasas de malestar asociadas con el consumo de diferentes drogas, vemos que se asocia más con la marihuana que con el resto. Entonces, cómo estamos utilizando la marihuana para la automedicación para mí es un tema que tenemos que discutir”, agrega, ampliando la mirada.

“Reitero, esto no va en contra del mercado regulado, no busca demonizar la marihuana, sino que va en la dirección de decir que la regulación iniciada hace 13 años está saliendo bien, los indicadores son buenos, tiene que seguir, pero hay que mejorarla. No podemos hacer las cosas durante 13 años de la misma manera”, remata Paul. Y tiene razón, entre otras cosas, porque en todo ese tiempo ha ayudado a generar, junto a sus colegas, valiosa evidencia. ¡Chapeau, Paul!

Artículo: Patrones de consumo de cannabis y factores sociocognitivos de las personas que usan cannabis según las fuentes de cannabis en Uruguay
Publicación: Ciencias Psicológicas (marzo de 2026)
Autores: Paul Ruiz, Agostina Barey, Angelina Pilatti y Ricardo Pautassi

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