Durante 2025 y 2026 han tenido y tendrán lugar una serie de aniversarios de eventos emblemáticos y trágicos para los sectores populares y democráticos. Esos eventos dispararon prácticas a los cuales se asocian violaciones flagrantes de los Derechos Humanos (DDHH).

En octubre de 2025 se cumplieron 50 años del comienzo de lo que se dio en llamar la Operación Morgan (OM). Este operativo represivo de la dictadura uruguaya fue coordinado por EL Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas (OCOA), una entidad que funcionaba bajo la órbita de la División de Ejército I y en la que participaban el Servicio de Información de Defensa (SID), Departamento II del Comando General del Ejército (CGE-D II), la Prefectura Nacional Naval (PNN), el Cuerpo de Fusileros Navales (FUSNA) y la Dirección Nacional de Información e Inteligencia (DNII).

Uno de los objetivos de la dictadura civil y militar, instalada desde 1973 en el poder, fue desarticular al Partido Comunista de Uruguay (PCU). La fundamentación de la OM se apoyaba en la supuesta “agresión del comunismo internacional contra la nación” y para ello se llevó a cabo una tarea coordinada para capturar a la dirección clandestina del PCU y desmantelar todas sus estructuras.

La represión alcanzó, obviamente, a militantes populares de otras organizaciones, especialmente del Partido para la Victoria del Pueblo. La OM intensificó la persecución de dirigentes y militantes del PCU que, por décadas, habían llevado a cabo las fuerzas policiales. Si bien la OM se concentró fundamentalmente entre octubre y diciembre de 1975, la persecución continuó hasta el fin de la dictadura.

Casi simultáneamente con el comienzo de la OM, el 25 de noviembre de 1975, fue implementado oficial y formalmente por los líderes de los servicios de inteligencia militar de Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay el Plan Condor. Brasil se unió a la operación en 1976, El 24 de marzo de 1976 los militares argentinos perpetran el golpe que dio comienzo a la dictadura civil-militar. Dictaduras con las mismas características ya se habían instalado hacía casi tres años en Chile y Uruguay.

En 1936, hace 90 años, otro golpe civil y militar acababa con la Segunda República Española y daba comienzo a una sangrienta guerra. Durante 3 años la República resistió el avance de los golpistas, apoyados militarmente por Hitler y Mussolini. Finalmente, los republicanos fueron derrotados el 1 de abril de 1939. A partir de ese momento la dictadura del Gral Francisco Franco gobernó a sangre y fuego por casi 40 años.

Todas estas dictaduras naturalizaron la tortura, el asesinato y la desaparición forzada. El Plan Cóndor generó una infraestructura represiva clandestina en distintas dependencias militares y en casas particulares. En Uruguay estos centros clandestinos incluyeron el “300 Carlos” o “Infierno Grande” (en el Servicio de Material y Armamento del Ejército), la “Cárcel del Pueblo”, la Casa de Punta Gorda o “Infierno chico”.

Algunos de quienes operaron esos centros clandestinos de detención, por ejemplo los genocidas uruguayos Jorge Silveira, José Nino Gavazzo y Ernesto Ramas, fueron procesados por abuso de autoridad, torturas y privación ilegítima de la libertad. Otros murieron impunes o viven en libertad.

El accionar de las fuerzas represivas tuvo consecuencias terribles. Implicó el encarcelamiento, el asesinato y la desaparición de decenas de miles de militantes. Los desaparecidos, en Argentina, Uruguay y España, son la prueba tangible de que las consecuencias de las dictaduras nos acompañan todavía. Como dice la canción Una iguana y tres monedas de Acho Estol: “algo pasa en tu pasado, algo que sigue pasando”.

Por eso en Uruguay los colectivos de DDHH marchamos los 20 de mayo y por eso organizamos actividades que nos ayuden a mantener viva la memoria. Pero también trabajamos para visibilizar la trama que subyace a estas tragedias y a otras que ocurren frente a nuestros ojos. Esa trama tuvo y tiene patrones comunes:

  • Se busca eliminar una o más categorías políticas y sociales a las que se deshumaniza. Esas categorías pueden variar, pueden ser “inmigrantes”, “terroristas”, “comunistas”, “travestis” o “zurdos de mierda”. Se asignan a esas categorías, en donde se encarna todos los males y vicios, a todo persona que representa una amenaza. La deshumanización justifica su marginación, su encarcelamiento o su eliminación física.
  • Se incorpora al discurso (y a las propuestas) el desprecio por ciertas etnias, pueblos originarios, afrodescendientes o árabes. Detrás de esto están las visiones y posiciones “supremacistas”
  • Se reivindica la violencia institucional y el Terrorismo de Estado. Esto no se plantea de manera velada o vergonzante sino abiertamente.
  • Se instala una retórica mesiánica y autoritaria basada en certezas absolutas y dogmáticas
  • Se crea una realidad en base a falsedades que termina sustentando distintas formas de negacionismo.

Los elementos de esta trama, que hace 90 años fueron el soporte del Golpe a la República Española y hace 50 de la Operación Morgan y el Plan Condor hoy justifican el genocidio del pueblo Palestino o la agresión a Venezuela, Irán o Cuba. En Gaza y Cisjordania se asigna la categoría de “terrorista” a cualquier palestino, lo cual habilita de manera inmediata su eliminación. El supremacismo se traduce en que un rehén israelí equivalga a 25 presos palestinos, mostrando de manera descarnada el valor que se le asigna a cada grupo.

El terror y la violencia está legitimada por el Estado y se muestran y justifican sin vergüenza. El supremacismo habilita a reclamar como propias tierras o petróleo de otros pueblos. En definitiva, lo que opera en Gaza y operó en la OM y en tantas otras tragedias es el Fascismo. No usan camisas negras como en la Italia de principios del siglo XX, pero la matriz ideológica y los métodos son los mismos.

La Operación Morgan, la Guerra de España, el Plan Cóndor parecen lejanos, temas del pasado. Palestina, Venezuela o Cuba quedan muy lejos de Uruguay. ¿Por qué preocuparnos? No nos confundamos, el fascismo acecha y no se puede bajar la guardia. Como dice el poema, cuando vengan por nosotros será demasiado tarde. La historia muestra que el combate contra el fascismo requiere la unidad de quienes reivindicamos el humanismo y que la memoria y la solidaridad internacional son esenciales.

Colectivo de DDHH de Colonia del Sacramento.