Son uniformes adaptables al gusto personal o a la marca que lo demande los que terminaron copando el pequeño taller de Natacha Ruth. Delantales actuales o con reminiscencias de otra época, atuendos para dar un servicio con algo más que buena presencia. “Esto es como una bola de nieve: se fue generando sin que me diera cuenta. ¿Viste cuando ves que es lo que hay que hacer? En realidad, empecé con Hugo Soca porque es mi amigo y me insistió. Y otro me empezó a pedir, y otro, y así estamos”, confiesa la responsable de la imagen de una infinidad de boliches, restaurantes y bodegas. En su casa, sin embargo, no tiene ni un delantal viejo colgando del perchero: prefiere salir a comer y tiene conocidos en el rubro, lo que terminó repercutiendo en su negocio.

“Yo hacía dos colecciones anuales, totalmente atemporales; surgió esto y empecé a hacer cada vez más, me lleva mucho tiempo y lo otro, que se vendía menos, quedó de lado”, cuenta la diseñadora. Su grifa podía encontrarse en distintas tiendas multimarca, incluso tuvo una propia, Mezcla, en la calle Bacacay. “Por ahí la gente busca algo más rápido, no una prenda tan pensada. Fue cambiando el público y cuesta más vender un vestido, que puede salir 200 dólares, que un delantal entre de 35 y 40 dólares. Esos precios (algo más de 1.000 pesos) son por delantales de a uno, para la gente que llama porque los quiere tener en su casa. Después, las empresas obviamente tienen otro precio por cantidad y aparte son diseñados de acuerdo a la marca”, explica.

Detrás de tantos moldes y puntadas hubo aprendizaje: “Una cosa es lo cómodo para una cocina y otra cosa es lo que queda lindo”. Por ejemplo, puede pasar que lo que más se vende por unidad es lo que lleva cuero. “No uso sintéticos, no me gusta, ese es un problema mío, entonces solamente uso cuero vacuno, de chancho; una vez para una parrillada me pidieron uno de cuero de capincho, que es mucho más duro... Los primeros eran en gabardina o en jean, después fueron mutando. Lo bueno para una cocina es que sea bordado, porque el logo no desaparece nunca, y con menos cuero, porque hay mucho lavado, necesitás algo más práctico”.

Ruth distingue dos líneas: “Una es más creativa, podés ponerle todo lo que te imagines al delantal, que está buenísimo, y eso me lo permiten los clientes particulares. Tengo un gran cliente en San José, una cafetería que está dentro de una estación de servicio, que siempre los quiere con mucho cuero, muchos logos (impresos, bordados, grabados), o sea, es el único que me deja jugar con todo”. Pero en una empresa lo más importante es que sea usable, funcional, aclara.

Generalmente trabaja sobre tres tamaños de delantal: “Si alguien tiene el abdomen muy grande o es muy alto, o si es una mujer muy chiquita, muy flaquita, pero el resto es regulable, el cuello, la cintura. Eso te permite un abanico más grande, y me encanta porque odio hacer las cosas por talles”, admite.

En la pesquisa de modelos, Ruth observa que hay cierto regreso a tendencias del pasado, como los delantales que hizo para la quesería De Guarda, que lucen tablitas. “Es como un aggiornamento de aquel, del antiguo. Los he hecho de todas las formas y colores, con voladitos, con tablitas, lisos, el blanco clásico, para lavaderos, para peluquerías...”. Lo habitual es que el encargo empresarial no culmine en el delantal, así que la diseñadora también hace cofias, gorros, el tapabocas combinado, actualmente, y hasta el trapo de cocina. “Aunque a mí me parece que el tapabocas en la cocina tendría que haber sido siempre, pero bueno, hoy con más razón”, apunta.

El material más resistente es el jean: gana por lejos. “Es una lona tan noble, que dura siglos, y el desgaste, al quedar viejo, es lindo. Es como la vedette; después está la gabardina”. En ese caso se amplían las opciones de color, lo que las convierte en las dos telas más vendibles. Los modelos pueden llevar hebillas, presillas o ser cruzados en la espalda, esos que se atan por delante, los más solicitados para utilizar en cocinas, ya que al personal le pesa menos. Para el infaltable repasador se coloca una argolla o una presilla de cinturón un poco más grande, del mismo material que el delantal.

La creadora textil ya equipó a producciones de televisión, como los distintos programas de Hugo Soca (ahora con delantales y bolsos para Cena con mamá), para la nutricionista y consultora en lactancia Laura Fazio (columnista de Vamo arriba) y antes también al chef Marcelo Bornio. Los uniformes del próximo reality de cocina de La Tele, Fuego sagrado, también salen de su taller.

“Y el año pasado, con la pandemia, fue increíble los delantales que me pidieron para chiquitos”, cuenta sobre otra veta: la cocina hogareña. “Al tenerlo encerrado al pobre crío, había que tener una actividad, y esto es relindo, cocinar en familia”.

Para encargarlos: 099 577607, www.facebook.com/natacha.ruth o @natacha_ruth en Instagram.


Feria de Emprendedoras en la Intendencia

Más de 30 puestos participan esta semana en la Feria de Mujeres Emprendedoras con vestimenta, elementos de decoración y joyería. Esta sexta edición sigue hasta mañana en una carpa situada en la explanada de la Intendencia de Montevideo de 10.00 a 18.00. Cuentan con el apoyo de la Intendencia por intermedio de la Unidad Mypes, Cedel Carrasco, Cedel Casavalle y el Departamento de Desarrollo Social. Se insta a quienes visiten el lugar a usar barbijo.

Hoy desde las 19.00 en BeerBros Bar (Acevedo Díaz 1392) el Jueves Gastronómico estará enfocado en España. Será noche de tortillas: con chorizo, cebolla, queso, champiñones, roquefort, y de postre habrá crema catalana. Para asegurarse lugar: 096 025432.