Si se piensa en el naturalista y geógrafo prusiano Alexander von Humboldt (1769-1859) y su fascinación por los “exotismos” americanos, no resulta nada extraño que dos alemanes decidan venirse al sur para redibujarlo tramo a tramo. El sello Kalimedia-story maps se presenta como “Mapas que narran historia(s)”, de tal modo que no sólo anticipa un punto de vista, sino que apuesta a toda una nueva generación de productos cartográficos, en postales, formato póster decorativo o mapas plegables, “realizados con la máxima calidad, al servicio de la identidad del Uruguay”. Stephan Hormes y Silke Peust, que viven hace 14 meses en el país, también resumen su trabajo como “diseño y periodismo de mapas”, ya que, en paralelo a los planos de uso turístico, para recorridos guiados o educativos, ofrecen además servicios interactivos que permiten navegar recorridos vitales (desde José Artigas hasta José Mujica van los dummies que hicieron hasta ahora), reconstrucciones, viajes en el tiempo.

La dupla remarca la investigación minuciosa que hay detrás de cada elemento, el doble chequeo de datos, así como el cuidado estético, la selección de colores y la calidad de impresión. “Estos son los primeros resultados en papel para presentarlos a instituciones, gobierno y ministerios”, afirman estos -prácticamente- recién llegados de Berlín, mientras muestran los kits que ya tienen a la venta en librerías.

El mapa y el territorio

Orgullosos de su documentación con el escudo de la República Oriental, están explorando una nueva vida, ahora que sus hijos crecieron y la casa les quedó grande. Necesitaban nuevos horizontes. Tenían un proyecto en Brasil, sobre el bicentenario de la inmigración alemana a ese país, así que el foco estaba en Sudamérica. “Blumenau hace el segundo Oktoberfest más grande del mundo”, apunta Hormes como dato probatorio de que probablemente se sintieran allí como en casa. Sin embargo, el factor climático, asombrosamente, los decidió por este destino: “Es demasiado húmedo allí”. Entonces, siguiendo al sur, “descubrieron Uruguay”, y a la vez cayeron en la cuenta de que “alguna gente ni siquiera sabe dónde es”, recalcan los cartógrafos. “Algunos lo sitúan en África y lo confunden con Uganda, a veces la capital, Montevideo, la mezclan con Montreal, en Canadá. Alguna gente no tiene idea”. De acá aprecian el trato que observan entre la gente y la ayuda que ellos mismos recibieron para los engorrosos trámites que enfrenta un inmigrante. “En Alemania es totalmente diferente”, subrayan.

Si la mudanza fue radical, su trabajo no cambió tanto, más allá de la geografía. Hormes cuenta que tienen experiencia produciendo rutas inusuales, por ejemplo, un mapa de las cervezas de Alemania, igual que mapas sobre vinos o un mapa etimológico, el atlas de los nombres verdaderos. “En ese mapa, Uruguay es el país de los pájaros pintados”, enumera. “Alemania es el país de todos los hombres. España es el país de los conejos; es un nombre de raíz fenicia. Fue un proyecto muy interesante. Una vez produjimos un mapa para hombres y para mujeres, y con la prensa fue muy distinto, contactamos distintos tipos de periódicos y revistas para acercarle esas ideas al público. Lo divertido es que la narrativa cambia. Después hicimos un mapa de peregrinaje y tuvimos entrevistas con un programa de TV de la Iglesia. ¿Qué más? Hicimos un mapa acerca de la Liga Hanseática (una alianza comercial medieval de ciudades del norte de Europa que cooperaron para dominar el comercio marítimo en el Báltico y el mar del Norte desde el siglo XIII hasta el XVII). También hicimos un mapa sobre Goethe, conectando sus viajes y sus libros. Viajó como 40.000 km en toda su vida”. Ese mapa se vendió muy bien, cuentan los impulsores de esta empresa familiar de planos. En casos como ese no distribuyen únicamente en Alemania, sino que producen también para España, Inglaterra y Estados Unidos.

“Un mapa es perfecto cuando no solamente es información, sino además bello, y es un balance de colores. Una vez tuvimos un cliente que pedía las calles pintadas de azul. Pero no, el azul es para los ríos. Están esas asociaciones. Podés poner un edificio en gris o en naranja, hay un rango. Pero el verde de los espacios abiertos no es negociable”, explican sobre los códigos que manejan. No dudan en comparar las elecciones que hacen con decisiones artísticas, cuando chequean un tono para que no resulte agresivo o, al contrario, para que una combinación capte la atención de quien pase frente a una vidriera y vea sus mapas. Como dijo Humboldt: “¿Se puede prohibir a un hombre albergar el deseo de conocer y abrazar todo lo que le rodea?”.

“Los mapas funcionan”, afirman estos diseñadores urbanos, con cierto espíritu de El eternauta. “Y algunas veces es mejor. Quiero decir, están los teléfonos inteligentes, donde todo el mundo usa Google Maps, pero para ver un país entero, a veces es mejor tomar un mapa real, hecho en papel, en el que se puede caminar con los dedos”.