Purga, el EP lanzado a fines de noviembre e inicios de 2025 por el ya mítico Fran de Souza, uno de los grandes protagonistas del rock fronterizo del norte uruguayo, condensa cinco piezas que organizan un recorrido vital y político. Las primeras cuatro canciones fueron grabadas en un entorno doméstico, con una guitarra de bajo costo, un bajo simulado por octavador, teclados y vientos construidos mediante controlador midi.
La carencia de recursos se vuelve forma sonora. Los timbres ásperos, los ataques directos de guitarra, la rítmica sostenida en patrones simples y repetitivos construyen un campo auditivo en el que deliberadamente el error, la limitación y la insistencia reemplazan la idea de lo acabado. En ese sentido, el disco se apoya en estructuras cercanas al rock de tres acordes, con modulaciones mínimas y énfasis en una articulación rítmica de la palabra. La voz se sitúa al frente de la mezcla, con escasos velos de reverberación, como si el registro buscara conservar la proximidad del cuarto o de la pieza de ensayo.
El álbum inicia con “Diccionario de lo innecesario”, apoyándose en una armonía estable, casi en clave de melodía folk, al tiempo que se construye sobre la enumeración y la repetición, procedimientos que enuncian, entre la ironía y el humor negro, una subjetividad que se nombra a partir de la inutilidad social. Quien habla es el que se percibe como residuo de una economía que mide valor en términos de productividad. Es el del “bagaço”, cuya vida queda fuera de los circuitos de reconocimiento. La inutilidad no funciona como rasgo psicológico sino como efecto histórico. La letra articula un conflicto entre saber, juego y supervivencia. En ese punto la canción instala una pregunta central del EP sobre qué formas de existencia quedan autorizadas a persistir. La linealidad armónica sostiene esa tensión sin resolverla, como si la música insistiera en el mismo sitio donde el sujeto queda detenido.
Ya “Aserrín, aserrán” introduce un desplazamiento rítmico más marcado que remite al synth pop de Zero. El motivo del derrumbe (“Lentamente te querés mover/ y el suelo ruge bajo tus pies./ Cuando te das cuenta es muy tarde ya,/ se te cae el piso y en el aire vas”) organiza la composición como relato de caída. Y esa caída no es un accidente individual, es la manifestación de un orden que se sostiene sobre el ocultamiento del daño que se metaforiza en la figura del serrucho. Hacer aserrín alude a un proceso que está entre el corte y la trituración. El estribillo funciona como onomatopeya y como sentencia, como máquina rítmica que expone esa violencia estructural sin convertirla en espectáculo. El tercer track, “Cagones”, intensifica el pulso donde parece fusionarse el punk con el rockabilly y condensa el discurso en frases cortas y coros directos. La voz abandona el tono introspectivo y se instala en una interpelación frontal. Notarios, bufetes, reuniones de zorros, olimpos de titanismo cobarde construyen una cartografía del poder cotidiano. El filósofo Enrique Dussel ha señalado que toda ética surge desde el grito de la víctima. De allí que “Cagones” pueda leerse como ese grito que deja de lado la herida para nombrar a quienes la generan, ligado a instituciones concretas y a prácticas reconocibles.
“Yo te odeo, yo te amo” desplaza el eje hacia el territorio y la lengua. El uso del portuñol no opera como color local, constituye el núcleo semántico de la canción. La hibridez lingüística traduce una experiencia histórica de frontera, de vida entre sistemas normativos, de identidad no homologable a una sola gramática. En términos musicales, la canción se apoya en un balance más abierto entre melodía y ritmo, con una cadencia muy propia del punk con texturas que bordean el hardcore (marca de fábrica de la vieja época de Trabuco Naranjero) que permite el fluir del habla. La letra articula un vínculo ambivalente con la ciudad, el paisaje, la gente que lucha y la estructura de explotación que convive con esa lucha. El portuñol funciona aquí como lengua exterior, no integrada del todo a ningún centro, capaz de nombrar tanto la pertenencia como la violencia.
El quinto y último track, “Como una enfermedad”, grabada en estudio y producida por Juan Pedro de León, introduce una variación tímbrica perceptible. La batería y el bajo adquieren un cuerpo más definido, el piano irrumpe como capa intermedia, la mezcla organiza planos con mayor profundidad. Esa diferencia técnica no rompe la lógica del EP, sino que la expone. La canción tematiza la toxicidad de ciertas formas de vínculo que encubren formas del desprecio y que se presentan como cuidado. Desde una lectura existencial, la enfermedad no se localiza en el individuo, se reconoce como relación: la negación del otro se disfraza a menudo de tutela. La letra desarma ese disfraz y la música acompaña con un tempo contenido, sin expansiones, como si la forma evitara cualquier ilusión de catarsis final.
Fran de Souza inscribe en Purga la experiencia de haber quedado sin trabajo, la relación contradictoria con la ciudad y la observación de microviolencias cotidianas. La elección de grabar en casa, de construir instrumentos y de sostener un régimen de producción mínimo es la traducción material del lugar de aquel cuya vida no encuentra equivalencia en el orden vigente. Opera como práctica situada que articula lengua, cuerpo, precariedad y crítica. Quizá una forma de hacer visible qué vidas cargan, en el interior profundo, el peso del aserrín mientras otras manejan el serrucho.
Purga, de Fran de Souza. Disponible en Audius, Bandcamp y Soundcloud.