¿A qué suena “El olor del dolor”, el corte más reciente del grupo uruguayo Mononeuronales? Un poco a Socio, un poco a Talking Heads en las guitarras cortantes, un poco a Traidores en la épica melancólica. ¿Y de dónde vienen esos teclados bailanteros? La canción, de sólida construcción melódica, inquieta al principio y luego conquista cuando sugiere la imagen de un karaoke prendido en una boîte en el medio del campo, salida de una película hecha para televisión de las que pasaba la señal de cable Cinecanal. “Tantas cosas cambian y el día se vuelve gris”, canta Luca Marchesi (guitarra y voz) antes del estribillo de un tema al que describe como “una cumbia rock progresiva” y que incluye en su instrumentación un cuatro cubano.

Diego Alonso en piano, Ismael Bidart en batería y Felipe Bellas en bajo completan la formación de este grupo de músicos de entre 17 y 18 años, surgido en encuentros y ensayos del Colegio Latinoamericano. En su código cómplice definen lo que hacen como “plurineuronal”: “Cuando estamos ensayando un tema nuevo y cualquiera de los cuatro dice ‘esto es muy plurineuronal’, eso quiere decir que la canción refleja, al mismo tiempo, nuestra gran diversidad de gustos musicales y logra captar nuestra esencia”, explica Marchesi en la previa de la actuación de su actuación de este jueves, en formato acústico, en la sala céntrica Corchea.

Según el cantante y guitarrista, a quien también se puede ver en un capítulo de la serie de origen argentino Porno y helado interpretando a un músico emergente, el proyecto se nutre del indie rock, la música popular uruguaya, el jazz y la música clásica. No Te Va Gustar, Serú Girán, Jaime Roos, Paul Higgs, The Beatles, Bob Dylan y Casiopea están entre los referentes del grupo.

Para su primer larga duración el cantante promete guitarras distorsionandas, melodías pegadizas y jazz fusión japonés: “En esta época hacer un disco de 12 canciones no es algo corriente, sino una expresión de contracultura”, reflexiona Marchesi.

En 2024 el grupo lanzó el EP Simona, un trabajo que rescata el sonido de su primera etapa. En sus seis canciones lo que se escucha es auspicioso y se sostiene en una mezcla que tiende hacia la psicodelia y el folk. Los pianos recuerdan la diversión alucinada de los Stone Roses y los Happy Mondays, también la frescura de los primeros Astroboy. Los juegos de guitarra que desaparecen o aparecen con cierta gracia evocan los bigotes de Frank Zappa y, de vuelta, los sonidos circenses de David Byrne.

“Poliamar”, con pasta de hit radial, arranca como una balada convencional, pero no demora en elevarse como un himno hippie perdido en el espacio desde 1967. El disco cierra con “Libertad y trabajo”, un blues rockeado que acentúa la estética sonora del grupo, signada por un cómodo, hasta soberbio pero divertido letargo.

“Corría el año 2023”, relata Marchesi cuando se le pregunta por la elección del nombre del grupo. “Estábamos cursando cuarto año de liceo, y barajamos opciones, cuando una compañera de la clase se acercó y nos dijo en tono de burla: ‘Ustedes son muy mononeuronales’. El nombre provocó una sinapsis y nos quedamos con ese”.

La banda sueña con “dejar una huella en la música nacional e internacional, a través de un mensaje contundente y sano”. Por otra parte, les encantaría poder vivir de sus canciones. “Algún día vas a escuchar mi guitarra sonar en alguna calle o en algún lugar”, canta Marchesi en “Rada”.

Mononeuronales. Jueves a las 20.30 en la sala Corchea (Soriano 1243). Entradas anticipadas a $ 570 y generales a $ 675 en entradasfans.com.