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Cultura Miradas
Foto principal del artículo 'La vida por recuperar: los Diálogos del paisaje sonoro de la Escuela Universitaria de Música' · Ilustración: Ramiro Alonso

Ilustración: Ramiro Alonso

La vida por recuperar: los Diálogos del paisaje sonoro de la Escuela Universitaria de Música

“Alguien tenía que intentar guardar algo para siempre”

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Encontré esto ahora y me entretengo. Son grabaciones de audio, registros sonoros que alguien colgó en Youtube. En este momento escucho el ruido de la lluvia. Lluvia cayendo una tarde en un balneario. Se oyen los pájaros, las gotas de agua, su repiqueteo desparejo, algún trueno lejano. Termina y estoy en 18 de Julio. Murmullos y voces. Dice mi padre que ya llegará. El tránsito. Una moto pasando rápido (la vida pasando rápido). Tristán Narvaja. Su trajín dominguero. Buenas tardes, ¿no me compraría una rifa de cinco pesos? Cinco pesos, pienso. Debe ser una toma de audio vieja, de cuando cinco pesos era todavía algo. Las personas llevan sus bártulos, caminan, toman mate y conversan. Puedo verlas, imaginarlas de espaldas, su andar lento, cansino.

Ahora estamos en el departamento de Salto. Las personas descansan junto al río. Siento el sonido que hacen las hojas de los árboles al chocar entre sí. El piar del benteveo. Bichofeo, bichofeo. Los pasos sobre el pedregullo, las risas cercanas y una charla suave. Otro movimiento y nos audiotransportamos a la feria de Villa Biarritz. Consulte a su agente de viajes, o llámenos. Un diálogo entre madre e hija. Pasos, trinos, ladridos, los insistentes parlantes. ¿Y Elvis Crespo? Esa es una voz aguda, de niño. Un salto más y ahora estamos en el Desfile de Llamadas. ¡Allá viene! (la comparsa). El sonido de los tambores, los tambores con su habitual contundencia. Gritos, aplausos, loca algarabía. Las personas se conmueven sin saber muy bien por qué. ¿Y no es siempre así?, ¿no es siempre así el conmoverse?

Suena una sirena a lo lejos. La bocina de un ómnibus. 18 de Julio, otra vez. Dice mi padre que ya llegará. Esto ya lo escuché. Me doy cuenta y lo cambio. Paso a otro video sin imágenes. Un paisaje sin paisaje. Los humedales de Santa Lucía. El parque Rivera. No pasa nada con estos caballos, son súper mansitos. Una avioneta cruzando el cielo que yo imagino abierto y despejado. Un viaje en tren a 18 de Mayo. 18 de Mayo, esa novedad, para mí. Una ciudad más en el mapa de un país que me es casi desconocido (tanto te quería, te quería, tierra mía, en mis hermanos, y en mi gente).

Salgo, voy hacia atrás, busco algo de información en Youtube. El nombre del canal es Sirviente Invisible, y por lo que veo es una página dedicada sobre todo a la música, y en especial a la de nuestro país. Coriún, Carlevaro, Pietrafesa, y la lista continúa. Es la página de alguien que hace un buen uso de la tecnología. Y el disco al que vuelvo, el que escucho ahora, mientras cierro los ojos y me audiotransporto de un sitio a otro, se llama Diálogos del paisaje sonoro, de la Escuela Universitaria de Música, de la Udelar. Su sola existencia me conmueve.

Vuelvo a Salto para escuchar el sonido de una “calle junto al río”, mientras pienso en lo lindo y lo necesario de proyectos así. Tan lindos y tan necesarios como el sonido que hace el agua al caer, como el ruido del mar contra las rocas, como los cascos de los caballos sobre el pasto y la tierra, o las voces y las risas de las personas un mediodía cualquiera. Alguien tenía que tomar todo eso y guardarlo. Alguien tenía que intentar guardar algo para siempre.