Saltar a contenido
Cultura Música
Villa Domínico, provincia de Buenos Aires, el 7 de junio. · Foto: Tomás Cuesta, AFP

Villa Domínico, provincia de Buenos Aires, el 7 de junio.

Foto: Tomás Cuesta, AFP

Todo Indio es político

La recepción de la obra y la vida de Carlos Alberto Solari en la sociedad argentina.

Nuestro periodismo depende de vos

Si ya tenés una cuenta Ingresá

Se arma un pogo breve e intenso, uno de cientos, en los alrededores del Polideportivo Gatica, en Avellaneda, adonde llegó el millón de ricoteros a despedir al Indio Solari. Hay personas que están esperando en fila hace más de 12 horas, con parlantes, con fernet, llorando y cantando sin parar. En medio del pogo hay un hombre en silla de ruedas, los compañeros lo levantan con silla y todo, primero un poco, luego por encima de los hombros, hasta que sobresale como un estandarte en un país donde se acaba de desmantelar la Agencia Nacional de Discapacidad.

De los miles de escenas y testimonios que circularon en los medios y las redes, esta posiblemente ilustre mejor el carácter político, profundo, que tuvo la última misa ricotera. Fue una manifestación popular tan espontánea y tan grande que dejó mudo al gobierno nacional, que desaprovechó, una vez más, una oportunidad para hacerle un guiño al pueblo.

La familia del Indio había pedido que lo velaran en el Congreso; el gobierno nacional se negó por motivos de seguridad. El Indio es, posiblemente, el artista popular más importante de los últimos 50 años en Argentina, y los libertarios decidieron ningunearlo. El peronismo, que viene muy flojo de reflejos, reaccionó enseguida: Máximo Kirchner, líder de La Cámpora, se juntó con el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, para organizar el velorio. Los dos son ricoteros, y además Kirchner era muy cercano al Indio y su familia.

Violencia es mentir

Cuando todavía la gente seguía llorando en las calles y frente a las pantallas, los medios afines al gobierno nacional no solo emitían comentarios racistas y clasistas al aire, sino que también se metieron con la familia del Indio, en particular con su hijo, de 26 años.

Al parecer, Bruno Solari trabaja en la legislatura de la provincia de Buenos Aires. Ñoqui de ricota, lo apodó el periodista Eduardo Feinmann en un rapto de iluminación creativa. Le gustó tanto su propia ocurrencia que la soltó unas tres o cuatro veces: ñoqui de ricota, ñoqui de ricota, ñoqui de ricota, le dijo al huérfano reciente. La charla derivó en qué hacía el hijo de un millonario trabajando en Diputados. Por supuesto, se quedaron en el titular y nada más. Nadie contó que Bruno Solari va a trabajar todos los días –por lo que no sería un ñoqui– y dona su sueldo (unos 600 dólares) al hospital de niños Garrahan.

Como insiste cierta prensa y sectores oficialistas para minimizar su onda expansiva, es tentador pegar al artista solamente al peronismo –o a la izquierda– y sumergir en la grieta la última misa ricotera y las manifestaciones de tristeza profunda, cariño y agradecimiento de los últimos días.

Oráculo popular

Hay algo bastante obvio: el Indio, desde sus letras que mutaron en consigas y pintadas barriales, pasando por sus intervenciones durante los conciertos y las contadas entrevistas que dio a lo largo de su vida, siempre tuvo una postura contestataria, cuestionadora, muy antisistema, pero también alineada, cuando hubo un gobierno afín, a políticas progresistas. Apoyó desde el vamos a las organizaciones de derechos humanos, en particular a Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, que a través de representantes de H.I.J.O.S dejaron sus pañuelos en su ataúd. También estuvo muy cerca de la organización barrial Garganta Poderosa y fue un portavoz en contra de la violencia institucional (su frase “todo preso es político” es una de las consignas más resonantes de las últimas décadas), entre otras causas.

Entonces sí, se puede asociar al Indio al peronismo, o al progresismo, y zanjar la discusión. Pero la verdadera grieta no es tanto peronismo-antiperonismo, o kirchnerismo o antikirchnerismo, sino pueblo y antipueblo, y, sobre todo, entre quienes se consideran parte de ese pueblo y quienes no. Y este conflicto, el fantasma más fatigado de Argentina, se sintió con fuerza en estos días.

El Indio Solari tuvo una capacidad insólita para transmitir ideas, conectar intelectual y emocionalmente con diversos sectores de la sociedad, pero sus mensajes llegaron como evangelios a los sectores más estigmatizados y criminalizados. Y todo lo hizo mediante el arte; así fue como se volvió mito. Eso tampoco se lo perdonan.

En estos días se viralizó, también, una entrevista que le hizo Enrique Symns en la revista Cerdos y Peces en 1986. Allí, el Indio, que cuando hablaba se volvía oracular, anticipó: “Los psicópatas serán los hombres del siglo XXI”. Tuvo –tenemos– la mala suerte de comprobar esa premonición. Y su muerte, con lo que vino después, no hizo más que ratificar que el futuro llegó hace rato.