Nuestro país tiene una larga tradición de danza contemporánea. Maestros vanguardistas, rebeldes y aventureros han moldeado a generaciones en la expresión infinita de los cuerpos en movimiento. La disciplina se ha nutrido del teatro y viceversa: lo ha enriquecido con sus mudos parlamentos, su poesía ambigua y su riesgo equilibrista. El arte ha albergado estas combinaciones y los espectadores lo agradecen. A las numerosas escuelas y academias artísticas hoy se les suma la formación en el área del musical, para que sus egresados dominen más lenguajes.
Hola, fin del mundo es una obra autobiográfica documental de teatro-danza, centrada en la historia del bailarín Gonzalo Decuadro. Hijo de una predicadora líder de una iglesia, Decuadro asume hoy el adoctrinamiento del que fue objeto. La pieza rompe los límites entre la ficción y la realidad y explora el drama con humor. La puesta promete integrar elementos del teatro, la danza, el documental y el audiovisual.
La aventura surge del encuentro de Decuadro con el director, dramaturgo, actor, docente y productor de artes escénicas Andrés Papaleo. El bailarín planteó su deseo de dirigir una creación propia y el amigo lo sorprendió al redoblar la apuesta: puso como condición que la obra fuera autobiográfica. “En ese momento”, cuenta Decuadro, “nace mi necesidad de llevar a la escena determinados episodios vividos, para transformarlos desde el lenguaje del movimiento desde una mirada poética”.
El proceso tuvo varias etapas. Durante la investigación, la entrevista fue el formato para la exploración de la propia vida y el surgimiento de imágenes y sonidos, que luego fueron traducidas al teatro y la danza. Más tarde se sumó el equipo técnico, y su papel fue fundamental, ya que generaron un documental audiovisual que dialoga con el bailarín en escena. “Cuando finalmente seleccionamos el material”, relata Decuadro, “comencé a improvisar con los audios de esas entrevistas, intentando darles vida a través del movimiento, la teatralidad y los diferentes estados que evoca cada pieza musical y cada pedazo de historia. Un día, durante un ensayo, percibí que habíamos encontrado un camino”. El desafío de ponerle verdad al momento artístico en el que estar presente era lo más importante, cuenta el bailarín.
El proyecto fue estrenado en el festival Nuestra del Instituto Nacional de Artes Escénicas en 2023 y ha sido seleccionado en diversos encuentros nacionales e internacionales, por lo que, desde el país más agnóstico de la región, partió hacia el exterior la historia verdadera de la relación madre-hijo en el marco de una crianza religiosa.
Esa madre predicadora de la palabra de Dios tenía una zona preferida dentro del vasto paisaje bíblico: el Apocalipsis. En su discurso cara a cara con los fieles, ella volvía a ese episodio una y otra vez, y afirmaba que las señales de su advenimiento aparecerían pronto, representadas en guerras, fenómenos climáticos y deshumanización. El nombre Hola, fin del mundo surge como inspiración de esa profecía.
Decuadro comenzó su formación artística en 2005 en la Escuela de Acción Artística Luis Trochón y egresó como intérprete profesional de musical. Cuatro años después, se especializó en artes del movimiento moderno-contemporáneo en la escuela de formación Indans. En 2014 ingresó a la Escuela Nacional de Formación Artística Sodre en la división de Danza Contemporánea y el mismo año fue invitado por Martín Inthamoussú a formar parte de su compañía de danza. Su formación continuó de la mano de bailarines uruguayos, argentinos, venezolanos, españoles, australianos e israelíes. Luego llegarían las óperas Carmen, Aída, Díptico Nijinsky y Varada, junto a la ex primera bailarina del Sodre Rosina Gil, quien hoy posee su propia compañía, que Decuadro integra. En 2023 asistió a la actriz y directora española Amelia Ochandiano (hoy al frente de La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca, junto con la Comedia Nacional), en La gran vía.
Es de esperar, como suele ocurrir en el teatro documental (subgénero que sobre todo los argentinos han puesto en boga) que los espectadores emprendan a través de la propuesta de Hola, fin del mundo su propio recorrido emocional. “Todas las personas tenemos muchas historias que contar. Muchas veces nos sucede lo mismo, con diferentes argumentos, pero todos reaccionamos de maneras similares al amor, a cómo nos relacionamos con nuestra familia, a la búsqueda de una identidad y a reírnos de nosotros mismos. Por eso esta creación también invita al público a identificarse con sus historias personales o ajenas, pero desde una mirada muy cercana. Estamos en constante cambio, tránsito, transformación. Es por eso que creo que una obra como esta tiene la posibilidad de ir mutando todo el tiempo, más allá de contar historias que alguna vez sucedieron: el lenguaje del movimiento las traduce a un presente diferente cada vez”, cree el intérprete, casi listo ya a revisitar su propio pasado noche a noche.
Hola, fin del mundo. En la sala Hugo Balzo. Viernes 23 y sábado 24 a las 20.30, domingo 25 a las 18.30. Entradas a $ 600 en Tickantel. 2x1 para la diaria.
