La cuarta serie infantil más vista hoy en Netflix tiene como protagonista a una “pequeña y alegre” niña que vive cerca del bosque y que tiene “maravillosas aventuras” junto a su mejor amigo, que resulta ser un oso que trabajó en el circo. Masha y el oso, pensada para niños en edad preescolar, está inspirada en un cuento folclórico ruso mucho menos amigable, que incluye la retención de la niña contra su voluntad y la obligación de realizar trabajo infantil no remunerado. Como a numerosos “cuentos de hadas”, el paso del tiempo y los estudios de animación le hicieron un lavado de cara importante.
En el caso de Masha, el responsable se llama Oleg Kuzovkov y llevaba años pensando en el proyecto hasta que en 2008 sumó al estudio ruso Animaccord. En enero del año siguiente se estrenó el primer episodio y desde entonces llevan más de 150 en diferentes plataformas. Además del éxito en Netflix, donde hay cinco temporadas disponibles, el canal de Youtube oficial está entre los más populares del mundo y uno de los episodios, “Receta para el desastre”, acumula más de 4.670 millones de visualizaciones, es decir, más que “Waka waka” o “Baby Shark”.
La serie ahora es noticia en Reino Unido, pero por motivos políticos. The Guardian informó que un grupo de legisladores estudia la posibilidad de evitar que Masha y el oso sea emitido en su territorio, por entender que la ficción infantil sería el tipo de propaganda conocida como “poder blando”, que no busca modificar comportamientos mediante presiones económicas o militares (lo que sería el “poder duro”), sino que utiliza formas más sutiles, como la cultura o el deporte. Los ejemplos salidos de Hollywood son casi tantos como las visualizaciones de “Receta para el desastre”.
Una carta firmada por más de 50 representantes de diferentes partidos políticos solicitó a la secretaria de Cultura, Lisa Nandy, intervenir en el tema. Para ellos, las travesuras de la niña y el oso son “contenido propagandístico” ajeno a toda sutileza. “Escribimos para exigir una actuación urgente del gobierno, después del anuncio de que Netflix ha adquirido dos nuevas temporadas de la serie animada rusa Masha y el oso, además de extender su acuerdo de licencia para las temporadas existentes y los spin-offs en más de un centenar de países”, dice la carta.
Consideran “inaceptable” que ese contenido esté disponible también a través de otro streaming, ITVX. “Los padres británicos tienen el derecho de esperar que el contenido al que acceden sus hijos en las plataformas haya sido sometido a un escrutinio adecuado, en especial cuando nuestros aliados plantearon preocupaciones fundadas sobre la propaganda estatal”, dicen, en referencia al Centro de Lucha contra la Desinformación del gobierno de Ucrania, que dijo que el programa “ridiculiza los comportamientos de otras naciones a través del comportamiento de Masha, y normaliza simbología soviética y temáticas militaristas”. El ministro de Relaciones Exteriores de Estonia hizo comentarios similares.
En cuanto a ejemplos puntuales, señalaron que en un episodio Masha utiliza un gorro similar al de los soldados de un tanque de combate y un uniforme de la época de la Unión Soviética. En otro utiliza una gorra similar a la de los guardias fronterizos soviéticos, que estaría históricamente asociada a la policía secreta de la época anterior a la disolución de las repúblicas. En la carta enfatizaron que esa agencia policial, la NKVD, “fue responsable de deportaciones masivas, ejecuciones y la persecución de decenas de millones de personas”.
Desde Animaccord rechazaron las acusaciones “falsas y difamatorias” de que la serie constituya alguna clase de propaganda. “Durante casi dos décadas, Masha y el oso ha entretenido a familias de más de 100 países con temas universales como la amistad, la bondad y la imaginación. La serie no contiene mensaje político alguno y cualquier afirmación en sentido contrario carece por completo de fundamento”, dijo una vocera del estudio.
