Como cada año, en el aniversario del nacimiento del autor de La Tregua, se conoció quiénes recibirán el Premio Internacional Mario Benedetti a la Lucha por los Derechos Humanos y la Solidaridad en su edición 2026. Esta vez, la fundación que custodia el legado del escritor uruguayo definió que sea, ex aequo, para las Abuelas de Plaza de Mayo de Argentina y para el cantautor cubano Silvio Rodríguez.
Si se revisa quienes han obtenido el premio en sus 14 ediciones, se puede identificar una tendencia a hacer coincidir la trayectoria de los premiados y premiadas con las urgencias más acuciantes del momento, además de una vocación de universalidad.
Por ejemplo, en 2025, la premiación de la italiana Francesca Albanese, relatora especial de las Naciones Unidas sobre los territorios palestinos, y del presidente español Pedro Sánchez estuvo vinculada de forma directa con la postura mantenida por ambos funcionarios en contra del genocidio cometido por Israel sobre la población de la franja de Gaza.
Ahora, el negacionismo del terrorismo de Estado que viene llevando adelante el gobierno de Javier Milei, en Argentina, y la asfixia sobre Cuba que está impulsando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, parecen verse reflejados en este reconocimiento al “incansable esfuerzo” de las Abuelas de Plaza de Mayo “en la búsqueda a lo largo de casi 50 años de sus nietas y nietos apropiados por las dictaduras en el marco del Plan Cóndor” y al músico y poeta Silvio Rodríguez.
Al igual que en la persona de Silvio Rodríguez se combinan el carácter social y artístico, ya antes había ocurrido una simbiosis similar con los premiados en 2018 (el poeta y sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal), 2020 (el poeta chileno Raúl Zurita), 2022 (el cantautor español Joan Manuel Serrat) y 2023 (la poeta tacuaremboense Circe Maia). Ha habido también una preocupación en destacar causas habitualmente invisibilizadas, como el premio inaugural que se otorgó en 2013 al activista lakota Leonard Peltier, encarcelado por 50 años en Estados Unidos, o como el de 2022 a la tribu Mundurukú, de la Amazonia brasileña, amenazada por la frontera maderera, en especial en tiempos del gobierno de Jair Bolsonaro, en ese momento en el poder. Antes, en 2017, otro brasileño había recibido la estatuilla diseñada por Octavio Podestá: el teólogo Leonardo Boff.
Premios a colectivos como el que este año recibirán las Abuelas de Plaza de Mayo ya se habían dilucidado en favor del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado, de Colombia, en 2021, y en 2024 con tres destinatarios: Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos, Equipo Argentino de Antropología Forense y Grupo de Investigación en Antropología Forense (GIAF, de Uruguay).
En cuanto a los galardonados uruguayos, además de las ya mencionadas Circe Maia y GIAF, se cuentan la jurista Mariana Motta (2014), la exvicecanciller y funcionaria de Naciones Unidas Belela Herrera (2015), el maestro Miguel Soler (2016) y el político Guillermo Chifflet (2019), todos ellos y ellas referentes éticos que trascendieron sus respectivos campos de acción.
Los derechos humanos fueron establecidos por Mario Benedetti, junto con la literatura, como uno de los ejes de la fundación que creó en su testamento. Por esa razón, el Consejo de Administración de esa entidad decide develar el premiado de cada año el 14 de setiembre y entregar el reconocimiento en coincidencia con la actividad en recuerdo al Día Internacional de los Derechos Humanos, que se celebra los 10 de diciembre. Salvo en 2025, en todos los casos fue definido por unanimidad.
