Aurora (Sophie Sloan) tiene un gran problema. Tiene 8 años, ha pasado de una pareja de padres adoptivos a otra, la persigue un enorme monstruo que se esconde bajo su cama y no tarda en comerse a todos los habitantes del departamento que ocupa (es decir, a los padres de turno).
Hasta ahora, la niña ha logrado evitar al monstruo –porque no toca el piso ni de casualidad y orbita entre los muebles mediante elementos con rueditas que le permiten trasladarse–, pero sabe que es solo cuestión de tiempo hasta ser atrapada. Hasta que descubre, asombrada, que su vecino de piso, el que vive en el departamento de enfrente, es un asesino de monstruos. Sería ideal contratarlo para liberarse de su maldición de una vez por todas.
Pero, claro, el de enfrente –el siempre increíble Mads Mikkelsen, en un personaje solo acreditado como “vecino misterioso”– sí que es un asesino, mas no uno de monstruos, sino uno a sueldo, de los muy efectivos. Y se encontrará con esta insistente y pequeña huérfana solitaria que se le impone con la obsesión de que elimine al enorme conejo de polvo que porfía en acecharla. Aunque suene y se vea ridículo, les garantizo que es un roedor de temer.
Con esta versión de El perfecto asesino en la que todo resulta bastante impredecible –después de todo, es un monstruo que se esconde bajo las camas lo que persigue a la niña en vez de un Gary Oldman pasado de merca– Bryan Fuller hace su debut cinematográfico como director. Veterano guionista de televisión, creador de un par de series de culto como Dead Like Me (2003-2004, con película de cierre en 2009) y Pushing Daisies (2007-2009), Fuller tuvo su éxito más sonado con la adaptación de las novelas de Thomas Harris en Hannibal (2013-2015), una magistral versión sobre el psicópata caníbal Hannibal Lecter que era interpretado, justamente, por Mads Mikkelsen.
Esa encarnación del personaje –para muchos la definitiva, superando a la del oscarizado Anthony Hopkins– le permitió a Mikkelsen alcanzar una popularidad internacional (en la que se mantiene desde entonces) y a Fuller registrar un universo frío, distante e incluso bello a pesar de los muchísimos horrores que la ficción original registraba (además del caníbal protagonista, había cantidad de asesinos en serie con truco). La relación entre Fuller y Mikkelsen permaneció más allá de la cancelación de Hannibal y, aunque no lograron una temporada de cierre, se reunieron para regalarnos esta Dust Bunny que tiene inesperadamente más puntos en común con su trabajo televisivo de lo que uno podría pensar.
En particular, Fuller apuesta nuevamente a generar un universo visual y estético alrededor de su historia de monstruo versus asesino. La puesta en escena recuerda a los cuentos de hadas (con toda lógica) y apela a colores pastel cercanos a la labor de Jean-Pierre Jeunet (Amélie) y similares, lo que contrasta brutalmente con las acciones del monstruo y su adversario.
El resultado se puede ver incluso con niños a pesar de ser bastante oscuro, gracias a que siempre es muy divertido y a que no se regodea con la violencia. Mikkelsen aprovecha a ultranza la posibilidad de dar rienda suelta a su estupendo timing humorístico (algo que no siempre le dejan hacer) y tiene gran apoyo en un elenco muy variado (Sheila Atim, David Dastmalchian, Rebecca Henderson y una tremenda Sigourney Weaver). Sumemos unas estupendas escenas de acción y un relato que no desfallece nunca, aunque tenga un final algo abrupto y atropellado, de esos que terminan, te cierran la puerta en la cara y te dicen “gracias por la atención prestada”. Gracias por la atención prestada.
Dust Bunny. 106 minutos. En Prime Video.
