Mar del Plata, invierno de 1985. Margarita Di Tullio –la mítica figura del universo delictivo argentino bautizada "Pepita la Pistolera", célebre por su extenso prontuario y por manejar la cruda fauna nocturna de las whiskerías– vuelve a instalarse en el centro de la escena. Esta vez, en una nueva versión contemporánea de la mano de la reconocida cineasta Lucía Puenzo, heredera del prestigio y talento de su padre, Luis Puenzo, ganador del Óscar a mejor película extranjera por La historia oficial (1985).
Puenzo rescata un relato que ya tuvo su propia versión uruguaya en 1993, la emblemática La historia casi verdadera de Pepita, dirigida por Beatriz Flores Silva, basada en la investigación periodística de María Urruzola y protagonizada por Margarita Musto. En Pepita la pistolera (2026), la directora se aleja por completo de sus universos intimistas y esa solemnidad dramática, ya vista en XXY (2007) o Wakolda (2013), para navegar por un melodrama criminal duro y áspero.
Pepita la Pistolera nos sumerge sin anestesia en una Mar del Plata que se aleja de las típicas e inocentes postales turísticas de verano. En un escenario gélido, Margarita, trabajadora sexual embarazada, debe hacerle frente, sin red de contención, a las mafias pesadas, a la policía corrupta, y a las tramas de explotación sexual que generan una ola de desapariciones de mujeres. Con todo en contra, monta su propio negocio llamado Neisis (“Brillo”), un búnker clandestino pensado para blindar, dar trabajo y casa, y cuidar a compañeras que, como ella, trabajan en la calle, sostenido a puro código de lealtad femenina y con ellas mismas como su sola defensa.
Para dar vida a semejante historia de los bajos fondos, Puenzo se armó de un elenco de lujo: Claudio Tolcachir, Alberto Ajaka, Charo López, Marcelo Subiotto, Camila Peralta, Esteban Bigliardi y Gustavo Bassani. El gran imán interpretativo recae en Luisana Lopilato (que es, además, productora), que absorbe toda la carga del rol protagónico. Su actuación visceral puede marcar un nuevo rumbo en su extensa carrera, hasta ahora dominada por comedias naïf y policiales livianos. Aquí encarna el espíritu desafiante, físico y en un punto desgarrador de Pepita, una mujer fuerte y acorralada que se niega a dejarse doblegar ante el poder masculino.
La atmósfera es asfixiante, noctámbula y encuentra su correlato perfecto en el potente despliegue visual que imponen la dirección de fotografía de Iván Gierasinchuk (Las siamesas) y la dirección de arte de Marcelo Chaves (Wakolda). Rescata una Mar del Plata ochentosa lúgubre, húmeda, triste y decadente; cada plano es áspero, y la neblina y el frío componen una época en la que la supervivencia cotidiana termina siendo un ejercicio de pura resistencia, sobre todo femenina. Lejos de quedarse en la superficie del relato policial o el true crime, la historia funciona como un drama social con una perspectiva profundamente feminista al hacer foco en la autonomía de una mujer que resiste firme al patriarcado y a las estructuras mafiosas.
Pepita la pistolera es un justo homenaje a la historia y a la marca de Margarita Di Tullio, no solo como la crónica de un mito, sino como un testimonio sobre la sororidad y la dignidad frente a la barbarie. Es un relato sucio, tensionado y meticuloso sobre la crisis económica de finales de los años 80, pero, sobre todo, de una mujer común y corriente empujada al delito por la urgencia de la supervivencia.
Pepita la Pistolera. 106 minutos. En salas de Movie.
