Antón Terni es realizador cinematográfico. No aplica ni para cineasta ni para productor ni para director de cine, porque el énfasis que hace sobre el arte que despunta está en la realización. Ese es su arte, el arte de hacer, el de la acción. Eso implica filmar, analógico o digital, editar, revelar, cortar, hacer el cine. El 28 del próximo abril se estrena en salas su última realización, Mirador, junto a Patricia Olveira, su compañera de andanzas de Halo Cine. Mirador es una película poética sobre la amistad a través de los sentidos, es la historia de Pablo, Óscar y Valeria, tres amigos ciegos que se van de campamento cerca del mar y trasnochan en una noche de rock. El realizador también de Ánima –un road movie por el desierto de México– se encuentra preparando con Halo, la segunda entrega de Ficción Poema, una serie de video poemas que involucran a poetas con el propio texto y con la experiencia de la cámara. Además, Antón es bolso, y vive los partidos como un fanático que es, aferrado a la mesa del Bar Hispano, relojeando la cantora infalible, o sentado en la Abdón Porte en un rincón desde donde vea la bici atada a la reja de la sede de la calle Ocho de Octubre. De esas pasiones que parecen distantes, Antón Terni habló con Garra.

¿De dónde viene el amor por Nacional?

Me cuelgo a pensar de dónde viene el amor por un cuadro, por el fútbol, que es lo que más me gusta de eso. Lo que pasa es que cuando veo los colores de Nacional me pongo contento. Los colores ya son un motivo para que me guste el fútbol, que del color surja un sentimiento, que va directo al corazón, que no lo razono. Estamos cargados de imágenes de toda nuestra vida, los colores que vimos, los goles que vimos, los partidos que vimos. Los colores están siempre.

¿Cómo fueron esas primeras veces en la infancia con los colores?

Si bien siempre estuve rodeado de fútbol, el recuerdo que tengo me lleva a los nueve años, concretamente a estar con mi viejo esperando el partido contra PSV, la final de la Intercontinental a las cuatro y media de la mañana. Se ve que Nacional ya había generado un sentimiento en mí porque estaba muy nervioso, todo vestido de Nacional. Antes de eso conecté con los colores por el Tato, mi primo, por su pasión. Me gustaba verlo a él super vivo, vibrando. Sigue así hasta el día de hoy. Así que los colores me llevan a ver, por ejemplo, al Vasco Ostolaza ese día. Creo que mi viejo se hizo más hincha de Nacional para acompañarme a mí. En casa no se veía ni se hablaba ni nada, era yo, éramos mi primo y yo. Hay cosas que me marcaron para siempre. Más me acuerdo de la final Intercontinental que de la Libertadores con Newell’s. Se ve que me terminé de hacer hincha con la Copa Libertadores, y cuando llegamos a la final ya había generado mis propios sentimientos. Me acuerdo del gol de Ostolaza, fuerte, de sentir que yo había tenido que ver con ese gol, como si se hubiese salido de mí para conectarse con alguien que está jugando un partido. Es un gol que hizo un montón de gente. Mi viejo me acompañó, no creo que lo hubiese visto a las cuatro y media de la mañana si no era por mí. Qué compañero, hasta el día de hoy vemos algunos partidos juntos. Me sentí campeón ese día ¿Se puede sufrir tanto y estar tan contento en un segundo?

Foto del artículo '“¿Se puede sufrir tanto y estar tan contento en un segundo?”, Antón Terni, realizador cinematográfico, bolsilludo'

Foto: Federico Gutiérrez

¿Los partidos de antes se filmaban mejor que ahora?

Antes estaba mejor filmado sí. De pronto hoy en día te muestran un plano general para ver el partido que es lo que importa, pero hay mucha publicidad. No están ni los nombres en la espalda. Me pasa con toda la puesta en escena. Estás viendo la tele, el jugador le acaba de pegar bien, lo filman de atrás y en vez del nombre hay una marca. Antes también había, pero no era tanto ¿Y la publicidad de la tele que a veces tapa la pelota? Me genera rechazo la marca que ponen ahí, que es todo lo contrario de lo que quieren generar. A veces la pierden justo atrás del cartelito. La publicidad está por todos lados. Pero igual yo miro sólo los partidos de Nacional. No veo fútbol, no me pongo a ver partidos del Barça o del Real Madrid porque si no me pasa nada, me aburro. Puedo mirar un ratito pero noventa minutos veo sólo a Nacional. Sobre todo los de la Libertadores, porque estoy esperando que aquello pase de nuevo.

¿Siempre estuviste vinculado al fútbol o en algún momento te alejaste?

Hubo un tiempo que me dejó de importar, durante unos cuantos años. Me calentaba mucho y gozaba mucho y no estaba tan bueno eso. Cuando me fui a México a vivir, me alejé un poco de todo y me di cuenta de algunas cosas. Tuve un proceso de alejarme de toda la personalidad que había construido para poder conocerme más profundamente. Fui a ver a Nacional en México contra Pachuca, ganamos y nos tiraron de todo, y contra los Pumas de la UNAM también. Pero ahí me calmé. Sucedió Ánima, mi primera película. En esa época no sabía ni un jugador de Nacional, no sabía ni si estábamos en la Libertadores. Alejarse estuvo bueno, ahora es distinto, no está fuera de control, es lindo. Sufro y me apasiono, pero hasta que termina el partido.

¿Dónde viste el último partido de Nacional y como acostumbrás verlos?

En el Bar Hispano, conozco a Gustavo que me atiende. Los dueños me parece que son manyas, pero Gustavo es bolso. No hay mucha movida ahí, pero hay dos teles que se ven bien y se come bien también. Voy solo o con alguien que vaya a ver el partido. Si es alguien con quien tengo que hablar, prefiero que no. Me gusta prestar atención todo el partido a lo que está pasando. Ver un partido es como meditar. Antes cuando no te pedían las vacunas iba a la Abdón Porte, medio en la esquina, medio solari, con la radio, en cuatro dimensiones. Lo extraño mucho eso. Iba en bici y la dejaba atada en la sede. En la Porte desde donde estaba sentado veía la bici. Me sentía en casa, escuchaba los comentarios y nadie me iba a joder por noventa minutos, tenía el partido todo para mí, con todos los sentidos despiertos. Lo extraño, igual si lo veo en la tele tengo mi ritual y si lo escucho en la radio también. Cuando lo escucho en la radio tengo que estar haciendo otra actividad, como trabajar el bambú tomando un vaso de vino: gloria total, es como comprar tiempo, ese tiempo es todo tuyo. Si perdemos puedo escuchar un poco de post partido para saber si alguno está caliente como yo, pero después que apago vuelvo al estado que estaba. Si estaba triste vuelvo a esa tristeza, y si estaba alegre vuelvo a esa alegría, pero sin dudas el partido la modifica. Cuando veo la tele, le hablo a los jugadores como si me estuvieran escuchando y lo disfruto.

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Foto: Federico Gutiérrez

¿Qué tiene que ver todo esto con el cine?

Creo que tomo lo que me pasa con el fútbol y lo traspolo al cine. Cuando filmo me pasan cosas que muchas veces me pasan en algún partido que miro, estados de ánimo similares, como la abstracción completa de todo para filmar o disfrutar el partido. Me gustan algunas pelis que vi sobre fútbol como Zidane (Retrato del siglo XXI) con música de Mogwai. Te muestra las emociones de Zidane dentro de 90 minutos de juego. Después los partidos que he encontrado en la feria en 16 mm me los miro todos, quizás más por una cuestión estética. Es difícil ficcionar algo de fútbol específicamente, por eso no salen nunca del todo bien esas tomas. ¿Cómo hacer para que pase lo inesperado? Las reacciones, los gestos tan naturales que tienen los seres cuando están metidos adentro de un partido de fútbol. Seguro hay actores muy buenos o yo me estoy perdiendo alguna película increíble, pero es muy difícil lograr eso, las voces, las cosas que se dicen en la cancha. ¿Quién puede guionar algo así? Sólo un futbolista puede hacerlo. Sólo un futbolista sabe las cosas que se dicen, las cosas que se hacen, está lleno de esas cosas invisibles. Adentro de la cancha está todo, es la representación de los vínculos humanos, y del vínculo con uno mismo, y de la fuerza de la mente, porque generalmente gana el que psicológicamente está mejor plantado. Es un mapa individual fuerte, el fútbol es el símbolo de la unidad, los dos equipos son una unidad, no es una lucha, las dos unidades son parte de lo mismo. Y dentro de eso hay de todo, quien lo entiende y quien no, quien se pelea con uno mismo o quien juega con uno mismo, y el resultado sale de la decisión que tomen esos componentes del todo. Esos vínculos entre esos componentes son un mapa de lo que nos pasa.