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Deporte Fútbol femenino
Final entre Peñarol y Nacional, el 27 de setiembre, en la cancha de Rentistas. · Foto: Ernesto Ryan

Final entre Peñarol y Nacional, el 27 de setiembre, en la cancha de Rentistas.

Foto: Ernesto Ryan

“Nos han dejado muy solas”: el retroceso del fútbol femenino en Uruguay

Jugadoras, dirigentas y la AUF coinciden en el diagnóstico, pero no en las responsabilidades. Mientras tanto, las futbolistas se van al exterior en cuanto pueden.

Mientras Uruguay proyecta la fiesta del Mundial masculino 2030, las voces del medio local coinciden en un diagnóstico preocupante: lejos de avanzar a la par de las tendencias globales, el fútbol femenino atraviesa un retroceso respecto de sus conquistas en 2023. Entonces, la pregunta es: ¿quién decide –por acción u omisión– que el femenino siga estancado en Uruguay o, peor aún, que haya retrocedido?

¿Cuánta plata llega al fútbol femenino?

En los documentos oficiales de FIFA y Conmebol se registran varios incentivos: creación de ligas de desarrollo, fondos económicos y, quizás una de las más llamativas, la obligación a los clubes masculinos de tener categoría femenina (con al menos una división juvenil) para poder competir en la Copa Libertadores o la Sudamericana, desde 2019.

Por tratarse de una de las confederaciones continentales, Conmebol recibe de FIFA hasta 60 millones de dólares por un ciclo de cuatro años, con la condición de que contemple una estrategia integral y se organicen competencias como la Copa América, la Libertadores y torneos juveniles.

Según el Reglamento del Programa de Desarrollo Forward de la FIFA, esta asignó a cada federación, en nuestro caso la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), hasta ocho millones de dólares para el período 2023-2026. De ese monto, cinco millones se vuelcan a gastos operativos (salarios, viajes de selecciones, indumentaria, administración) y tres millones a proyectos específicos. Si se divide anualmente, se calculan dos millones de dólares al año: 1,25 millones de dólares para gastos operativos y 750.000 para proyectos específicos. La FIFA exige que un porcentaje de esos fondos se invierta en el femenino, pero no especifica cuál es el monto concreto.

En su documento Finanzas 2025, la Conmebol declara para la Liga de Naciones 6,5 millones de dólares divididos entre los diez países pertenecientes a la Conmebol, por lo que van 650.000 para cada selección.

La línea Conmebol Evolución destina 15 millones de dólares: diez para las asociaciones miembro, es decir, un millón a cada una, y cinco millones para logística. Exige que entre 20% y 30% de ese millón (entre 200.000 y 300.000 dólares) vaya obligatoriamente al fútbol femenino de base (torneos juveniles, cursos, canchas).

Otro ingreso es el de aportes por participación y mérito: una gran bolsa en la que Conmebol junta el dinero de todos sus torneos de clubes masculinos y femeninos. Son 312,5 millones de dólares, de los cuales cuatro millones se destinan para pagar los premios y viáticos de quienes clasifican a la Libertadores femenina.

Estos cuatro millones de dólares representan un 1,28% del total, mientras que el 98,72% (equivalente a 308,5 millones de dólares) se destina al masculino, con el argumento de que las marcas y las cadenas de televisión pagan derechos multimillonarios principalmente por la Libertadores y la Sudamericana masculinas.

En líneas generales, la mayor parte del dinero que recibe el fútbol femenino proviene de subsidios y programas de desarrollo obligatorios y no de ingresos comerciales propios.

Anualmente, debería recibir entre 850.000 y 950.000 dólares, más un “porcentaje significativo” no especificado de los 750.000 destinados a proyectos. Se podría aventurar que el ingreso anual del fútbol femenino en Uruguay ronda el millón de dólares.

La AUF declara, en sus últimos estados financieros (2024), haber recibido de Conmebol y FIFA unos 882.774 dólares con destino a la categoría Fútbol femenino Selecciones/Clubes.

De un tiempo a esta parte

En 2023, las jugadoras se unieron para exigir mínimas condiciones. Es necesario repasar cuáles fueron para no reducirlas a la utopía del salario igualitario; ese es un punto de discusión todavía lejano, porque en este fútbol los contratos, cuando existen, son un privilegio. Se firman con los clubes y no con la AUF, mientras que la gran mayoría de las futbolistas pueden acceder –o no– a viáticos de entre 5.000 y 20.000 pesos.

Hace tres años se reclamó principalmente por dejar de jugar en los complejos y hacerlo en los escenarios principales para ganar mayor público y garantizar el buen estado de las canchas; contar con indumentaria, infraestructura acorde para los entrenamientos, cobertura médica, agua, fruta, pelotas y visibilidad mediante acuerdos de televisación. El reclamo incluyó, además, instancias de negociación fundamentales con el departamento de fútbol femenino de la Mutual Uruguaya de Futbolistas Profesionales (MUFP) y la AUF. Esas reuniones están detenidas desde 2024 y actualmente no hay una figura que represente el fútbol femenino en la Mutual.

Vanina Sburlati, jugadora de Defensor Sporting, participó en las reuniones en ese entonces. Evalúa que ese año se consiguieron avances, como jugar en los estadios, mientras que ahora volvieron a los complejos. En materia de televisación, ve un retroceso: “Con suerte nos transmiten un partido y encima uno que se sabe que no va a ser tan visto, sin desmerecer a nadie”, en referencia al partido de Peñarol con Juventud en el que las carboneras ganaron 17-0, resultado que refleja las diferencias de los clubes que pueden destinar mayores recursos.

Sofía Oxandabarat, jugadora de la selección y actualmente en el Club Universitario de Perú, coincide en que ese año fue “el punto máximo” y cree que hoy el femenino uruguayo “está peor”. Apunta a la mala organización, comparando la prolijidad del calendario peruano con el nuestro: “El año pasado el campeonato terminó en noviembre y hasta mayo no empezó”. Destaca el apoyo de su club actual y las transmisiones de los partidos por Youtube, en contraposición con la situación uruguaya: “No te puede ver nadie de afuera y los clásicos son a puertas cerradas”.

Para Oxandabarat, falta control de la organización para que se cumpla lo básico, lo que desmotiva y hace que las jugadoras prefieran irse al exterior en cuanto puedan. Y si bien es una buena noticia poder irse a jugar afuera, eso no fortalece la liga local: “Uruguay tiene un potencial grande, pero si los clubes no invierten o la organización no pone de su parte, se hace muy difícil”.

En esto coincide Dayana González, presidenta de la Comisión de Fútbol Femenino de Defensor Sporting desde hace un año y en la órbita del femenino desde 2001. Cree que la falta de regulación de las condiciones es una de las falencias más grandes: “Muchos clubes no tienen agua para poner en los partidos”. El fútbol femenino hoy existe de forma precarizada, porque “es un mundo de hombres, donde las mujeres llegamos a molestar”, reflexiona.

“Mirás lo que creció Torque este año y claramente fue la apuesta económica que hizo. No hay otra explicación”, ilustra, en alusión a que varias jugadoras y el cuerpo técnico que este año tiene el ciudadano estaban antes en Defensor y no tenían los mismos resultados.

Esta diferencia se evidenció en el caso de Wanderers, club que atravesó un año complicado a nivel económico y deportivo. Malú Almada, jugadora del bohemio, cuenta que no recibieron viáticos en todo el año: “Ha sido tedioso porque muchas compañeras no se pueden solventar para ir a entrenar”, ya que el viático cubre los boletos para llegar al Complejo Devoto o al lugar donde las recogía el bus de entrenamiento.

A mitad de este año dejaron de contar con ese traslado, así como con el cuerpo técnico y médico, por lo que se desarmó el equipo. Almada, que participó en los reclamos en 2023, evalúa: “Retrocedimos en cosas que habíamos ganado de a poquito”. Tampoco se avanzó en la difusión: “Siempre hay una excusa para no mostrarnos”, y asegura desde su lugar como jugadora: “Nos han dejado muy solas”.

La situación de Wanderers llegó a los demás equipos. “Lo empezamos a saber un tiempo después de que reclamaran”, cuenta Vanina Sburlati. “Jugamos contra ellas, no tenían cuerpo técnico ni médico, y en el banco había solo tres jugadoras. La golera se cortó la ceja y se tuvo que atender con nuestro doctor”, describe.

Por su parte, Graciana Ravelo, exabogada de la Mutual, agrega un nuevo elemento al problema y es que existe un estatuto del futbolista masculino. Porque la Mutual es de futbolistas profesionales, y el fútbol femenino en Uruguay es amateur. “Con el criterio FIFA, es profesional quien gane más que sus egresos, y ser profesional hace que te amparen determinadas normativas”, explica, y que además, con un cambio en el estatuto, el gremio podría contemplar todas las partes.

Lucero Morandi, exjugadora de Danubio, fue una de las voces cantantes en las movilizaciones de 2023, y destaca la importancia de aumentar la representación del femenino en la Mutual para que se “amplíe un poco la cancha”. Advierte que es un lugar incómodo, porque al momento de realizar algunos reclamos comienzan las tensiones y las represalias: “Todo te hace pensar que tenés que agradecer las migajas que te dan”.

De las diferentes voces, también surgen alternativas que no implican solamente la inversión económica. Desde hacer convenios con el Estado y pensar en una boletera especial para futbolistas, hasta ir en correlatividad con el campeonato masculino para generar competencias dobles en los estadios y, de esa forma, garantizar que el público pueda ver la primera femenina y después la masculina en sus estadios, contar con la televisación y la venta del producto en el mismo lugar.

Mariana Fernández, presidenta de la Comisión de Fútbol Femenino de la AUF, expresa que “de parte de las jugadoras concretamente no me ha llegado nada” acerca de los reclamos, y corrobora que las reuniones con la Mutual “se cortaron”.

Consultada sobre los fondos de FIFA y Conmebol, aclara que “no son tan libres como de afuera se puede ver”, y que hay que “buscarle la vuelta”. Con relación a la regulación de las condiciones, con el ejemplo concreto de Wanderers, Fernández explica que “no hay un reglamento que ampare” acciones. Y sobre las multas opina que “estás sancionando a gurisas que quieren jugar”, por lo que se pregunta cuál es el camino para “construir y no dañar”.

Con relación a la televisación, menciona que se envían las fijaciones y “es la producción la que elige qué transmitir”. Hace hincapié en la formación de las bases: “Hoy hay tres selecciones llevando adelante un proceso como nunca antes se había tenido”. Y agrega que “es más lento el camino y quizás no se visibilice, pero que lo vea quien lo tenga que ver en un tiempo; las cosas no se dan de un día para el otro”.

A fin de cuentas, las respuestas institucionales se debaten en un círculo vicioso entre la burocracia de los reglamentos y la ausencia de fiscalización a quienes no pueden garantizar las condiciones elementales.

Del otro lado quedan las jugadoras y quienes pretenden hacer sobrevivir este fútbol, lidiando con la saturación y la frustración de dar batallas que cansan y expulsan de los espacios a quienes intentan luchar contra molinos de viento.