Para quienes hemos gozado y sufrido con la camiseta de nuestro pueblo, la defendida por albañiles, abogados, pisteros, deliveris y bancarios, nuestros héroes; pero también para aquellos, un poco más alejados, a quienes una novia, un primo o unos amigos de la playa le abrieron la ventana de Nuestro Mundial y se vieron dos o tres partidos en nuestros estadios, es muy sencillo definir adecuadamente de qué se tratan estos campeonatazos que dejan una marca en los vecinos de cada campeón. Hablamos de los torneos del Litoral, del Litoral Norte, del Sur y del Este, que son muchísimo más que una clasificatoria a una fase nacional: son el eje en sí mismo de los almanaques sociales y deportivos de la población a la que, como bandera, representa esa camiseta.

Se están jugando campeonatos centenarios. En todos ellos ya hay clasificados a la segunda fase y en todos también se juega distinto. Es importante, pero hay otra cosa. Francisco Connio, colega de dilatada trayectoria en medios nacionales, con quien a fines de los años 1980 comenzamos a compartir redacciones y quien en las últimas décadas estuvo muy vinculado a la cobertura de la Organización del Fútbol del Interior (OFI), posteó en sus redes sociales este reclamo: “Bueno, es hora de que terminemos con eso de sectores capitales e interiores de cada departamento. No debe haber algo más frustrante que no se nos nombre como en realidad somos, selecciones de determinado lugar. Sarandí del Yi, Guichón, Chuy, Batlle y Ordóñez, Casupá, Vichadero, etcétera. E incluso, en el caso de San Gregorio de Polanco, no solo se lo identifica como Tacuarembó interior, sino que hay otro Tacuarembó interior, Paso de los Toros, que juega la Copa Desarrollo de Ligas. [...] Basta de etiquetarlos ‘capital’ e ‘interior’ por más que sea correcto administrativamente para OFI. Somos San Gregorio de Polanco, no sector interior de Tacuarembó. O al menos nos gusta que se nos nombre así, al punto de que ni siquiera se muestra el escudo real de nuestra liga”.

Connio ataca con razón una temática a la que en estas páginas le hemos puesto el cuerpo y el nombre desde hace décadas. Él es polanqueño, de la Península Dorada que está cumpliendo una gran actuación en el Sur, y sin embargo le encajan un Tacuarembó Interior que aleja y excluye. Ni hablemos de Nueva Palmira, la ciudad puerto del departamento de Colonia, campeona del Interior en 2016 y que como juega administrativamente en el fútbol del departamento de Soriano la hacen conocer como Soriano Interior.

Con el producto en las redes, en pantalla y televisación masiva o restringida, expuesta o escondida en el desconocimiento del todo, parece que los nuevos comunicadores tuviesen un mandato del que no se pueden apartar y debieran definir todo, nombres y campeonatos, con esa casi innominada definición de selección capital o selección interior.

Esta forma choca con aquello que sabemos, aprendimos y dominamos a llamar a nuestras selecciones por su nombre, y choca además con los comunicadores que, por definición, saben que la selección de su ciudad se llama como su ciudad o como el departamento, y no con ese inútil y casi descalificador apelativo de capital o interior.

Es comprensible que en la documentación oficial, en formularios y demás, diga Fulano Capital y Mengano Interior, pero no hay posibilidad alguna de extensión y buena difusión si a San Gregorio de Polanco lo llaman Tacuarembó Interior y le ponen un escudo rojiblanco, o si a Guichón le dicen Paysandú Interior o a Nueva Palmira, la oveja negra, la califican como Soriano Interior.

No es justo –y es hasta inaceptable– que por razones de afectada modernización y renovación se anden cambiando los nombres de los lugares que nos generan adhesión por torpes e insípidas definiciones que no representan absolutamente nada en la identidad de un pueblo.