La noche en Luque tuvo todos los condimentos de una producción que osciló entre lo mesiánico y lo tecnológico. Antes de que la primera bolilla dictara sentencia, el presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez, protagonizó una alocución extensa y por momentos zigzagueante. Navegando por una fragilidad expositiva que por momentos se acercó a lo cantinflesco, Domínguez fue de la nostalgia de “cuando éramos pobres” al anuncio de que la final de la Libertadores será el partido mejor pago del mundo.
Hubo tiempo para todo: desde saludos en inglés para una audiencia global algo forzada hasta anécdotas de entrenadores que lo llaman por cábala a las 11 de la noche. El cierre, digno de una vieja película de ciencia ficción, inundó la sala con el sonido de un corazón latiendo en los parlantes, rematando con una apelación religiosa y una selfie colectiva antes de pedir la bendición de Dios para el torneo.
Para el Uruguay futbolero, lo más trascendente ocurrió en el preludio: la confirmación oficial de que Montevideo será la sede de la final de la Copa Libertadores 2026. El Centenario recibirá la definición del torneo el próximo 28 de noviembre, un anuncio que transforma la participación de los grandes en una misión con un incentivo extra: por complejo y difícil que parezca, por enorme que sea el sueño de otra vez llegar a la final, jugarla en casa es como el sueño completo. Pero dejémonos de sueños y repasemos los rivales.
Palpitando la suerte
Nacional fue el primero de los uruguayos en aparecer, quedando como cabeza de serie del grupo B tras la asignación automática de Flamengo al A. El sorteo le fue guiñando el ojo a medida que avanzaba la noche. Su primer rival confirmado fue Universitario de Lima, un duelo con historia, pero sin los riesgos extremos de la altura o el poderío brasileño. Luego se sumó Coquimbo Unido, que obligará a un traslado al puerto chileno, y la serie se cerró con Deportes Tolima de Ibagué.
En los papeles, es un grupo donde Nacional no solo puede competir, sino que puede pensar en avanzar. Es el escenario ideal para demostrar que su posición en el bombo 1 es una oportunidad real de administrar el favoritismo.
Para Peñarol, la cuarta bolilla en salir para comandar el grupo E, la historia fue distinta. El equipo de Diego Aguirre vio cómo la reglamentación del sorteo le jugaba una pasada difícil: la bolilla de Corinthians tuvo que saltarse dos grupos previos por restricciones de nacionalidad y terminó cayendo directamente en la serie aurinegra.
El desafío no terminó ahí. Del tercer bolillero emergió Independiente Santa Fe, sumando la exigencia de los 2.600 metros de Bogotá, y el cuadro se completó con Platense, que, por el mismo efecto de carambola reglamentaria que el timão, terminó aterrizando en el grupo E. Peñarol quedó encerrado en una serie con poco margen de error.
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