La escalada bélica en Medio Oriente, marcada por los ataques contra Irán y las represalias en el Golfo Pérsico, tiene sus coletazos en distintos aspectos de la vida. Uno de ellos, ínfimamente menor frente a cualquier drama humanitario, ha golpeado de lleno al fútbol internacional, que hoy se ve afectado por la inestabilidad que provocó el conflicto político. La crisis desatada en el ambiente deportivo tiene, a este domingo, partidos suspendidos, torneos aplazados y una incertidumbre total sobre el futuro inmediato del calendario regional.
Medidas tras bombardeos
La decisión más concluyente llegó desde Doha. La Asociación de Fútbol de Qatar emitió un comunicado oficial anunciando la suspensión de la actividad “hasta nuevo aviso”. La medida no es un gesto de prudencia diplomática, sino una respuesta a la inestabilidad y las amenazas de seguridad que sobrevuelan la península.
Este parate, entre otras consecuencias, deja en veremos a la Finalissima entre Argentina y España. El partido entre el campeón de América y el de Europa está fijado para el 27 de marzo en el estadio Lusail, pero difícilmente pueda jugarse allí. Primero, por seguridad, en segundo lugar, por cuestiones logísticas: con el espacio aéreo restringido, ninguna delegación tendría la seguridad de ir hasta ahí.
Sin embargo, la situación no se limita a territorio catarí ni mucho menos. La inestabilidad ha obligado a la Confederación Asiática de Fútbol a postergar los partidos de las copas internacionales continentales: la Liga de Campeones Élite, la Liga de Campeones 2 y la Challenge League, que tenían previstos partidos para domingo y lunes.
La incertidumbre alcanza también al Mundial 2026. Las guerras y los ataques contra sociedades civiles están en buena parte del planeta, pero la FIFA no toma medidas al respecto. Estados Unidos, uno de los tres organizadores de la Copa del Mundo, atacó Venezuela, Yemen y ahora Irán, pero no es cuestionado por el ente rector del fútbol global.
Además, el conflicto directo entre Irán y Estados Unidos plantea dilemas diplomáticos, desde la concesión de visados hasta la seguridad de la delegación y los aficionados. Lo más curioso del caso es que, mientras no mira a Norteamérica, la FIFA sí pone los ojos sobre Irán: el organismo sigue monitoreando la situación de cerca. Si Irán decide no jugar –o si fuera suspendido–, su reemplazo saldrá de la propia confederación asiática.