Llevo años estudiando el fútbol. El fútbol de élite del mundo, el fútbol de los continentes, de los países, de las comarcas, de las ciudades. El fútbol comercio global, el business fútbol y el que vieron la vieja Ulpiana y cada uno de nosotros en los andurriales de la globa. Conozco datos precisos que pueden servir para explicar procesos históricos, y caras y números al santo botón que no sirven para nada en el mundo de los mass media, pero que son datos altamente sensibles a la hora de establecer o fortalecer vínculos. De qué me puede servir la historia de Thibaut Courtois en el arco belga si no sé de dónde salió Enzo Cabrera. ¿Sirve de algo aportar que el Patín Héctor Santos atajaba con el buzo Adidas verde que le habían dado en la selección uruguaya en el Mundial de Alemania 1974 o que el Buby Cáceres lo hacía con una campera deportiva con cierre en Huracán Buceo? Capaz que para presentar trajeado el segmento de fútbol no, pero para conectar con pares a conocer ni te imaginás.
Todo esto es para reafirmar que no sé si sé de fútbol, pero sí que lo he estudiado y lo sigo estudiando, casi de manera académica por momentos y emocional en otros tantos. Y acá me bajo, porque hace ya varios años, y centenares de crónicas, juicios, opiniones y valoraciones, que advertí y comprobé que las y los uruguayos jugamos una final del mundo cada vez que jugamos al fútbol. No hay vueltas. Revisen nuevas y viejas exposiciones de cada uno de ustedes jugando profesional o amateur, con camiseta o sin ella, con pelota de cuero en la calle o pelotita de papel en el pasillo, y comprueben cuántas finales llevan en sus vidas. Comprobado esto, vengo a decirles que parecido no es lo mismo y que no son tantas las finales vividas de Nuestro Mundial, en las que, además de los jugadores, está el pueblo atrás persiguiendo una gloria tan finita que a veces parece que durara menos que el carruaje de Cenicienta, pero que nos complace de tal manera que nos deja llenos y en éxtasis, y nos cambia la vida por esa noche, por ese festejo, por esa mañana siguiente, y queda impresa en nuestro diario íntimo público: ¿te acordás cuando salimos campeones?
Entre sábado y domingo hubo cuatro campeones de históricos y añejos campeonatos, el Litoral, el Litoral Norte, el Sur y el Este, que empezaron literalmente con nuestros bisabuelos hace más de 100 años y que son todo para muchísimos de nosotros y resulta injusto que por desconocimiento o por sacárselo de encima los definan técnicamente como los ganadores del regional. No, amigo, no, amiga: son campeones del mundo de su mundo.
Fue una maravilla de fin de semana con cuatro finales que, en cada uno de los estadios, fueron el set de la alegría y la frustración de la esperanza y el desengaño, de la inocencia y la realidad.
Una maravilla en la que Río Negro (o Fray Bentos, va a gusto del interesado), Durazno, Salto y Liga Mayor de Maldonado revelaron lo que es ser campeón. Y si no, fíjense en el éxtasis de los jugadores y la gente en San Carlos, en Salto, en el Liebig’s de Fray Bentos o en el Suppici de Colonia, el único donde estaban los cientos de visitantes: los del boarding de excursiones, los del rally de los cachilos, con tres horas de viaje desde Durazno por Trinidad, Cardona y Miguelete hasta llegar al Río de la Plata, a las costas del festejo imborrable, y otras tres horas de vuelta con la copa en cada alma.
Río Negro campeón del Litoral
En el Liebig’s fraybentino, el local alcanzó su campeonato 25 desde que se juega el Litoral. Una cifra impresionante, jerarquizada por la historia y barnizada por el presente. Después de empatar una semana atrás 1-1 en Nueva Palmira, los triperos consiguieron ponerse en ventaja tempranamente con un gol del crack Bryan Osores, pero casi enseguida, a los 10 minutos, lo empató el goleador palmirense Marcos Zubizarreta. Otra vez se puso adelante la albiceleste local, con una anotación de penal de Ezequiel Varilla Cabral, y en el final del primer tiempo Palmira tuvo el empate cuando se le sancionó un penal a favor, pero la pelota se fue afuera. La emoción campeó todo el segundo tiempo, en el que hubo ataques de un lado y del otro hasta los descuentos, cuando en otro penal para los locales Héctor Chacal Iglesias puso el 3-1 definitivo que le dio la copa a Río Negro. Aquellos que descreen de la importancia emocional de estos títulos, vean el festejo de Cabral y díganme si no es mundial.
Durazno campeón del Sur
Que Durazno es un grande del fútbol es indiscutible. Lo revela su imponente cantidad de títulos y una jerarquía construida futbolista a futbolista que haya vestido, viste o vestirá la roja pitanga. Durazno es más que una selección, es más que un cuadro: es una entidad que carga con un espíritu inquebrantable, un refutador de imposibles, y así lo saben los que juegan, así lo sienten los que lo siguen en casa o en los pueblos cercanos o lejanos. Más de una vez pareció que esta selección estaba en la cuerda floja y siempre lo remontó. Una de esas veces había sido justamente en Colonia ante los colonienses, cuando en la ida de los cuartos de final habían perdido 4-1, pero en casa lo remontaron en un juego que llegaron a ir perdiendo 2-1 y ganaron 5-2, para después perder en los penales y clasificar como el mejor perdedor.
Ahora, en las finales, con cientos de duraznenses en las tribunas del Suppici, terminaron con la copa después de ganar los 6 puntos, porque en la ida golearon 3-0 y en Colonia volvieron a ganar, esta vez 1-0 con un golazo de Alexander García cuando faltaban 10 minutos para el final del partido. Después, fiesta y festejo en la tribuna, en las excursiones y en los autos que desandaron el camino hasta llegar a abrazarse con sus vecinos en el pueblo. Épico.
Salto dueño del Litoral Norte
El Litoral Norte es un joven desprendimiento del viejo Litoral, pero Salto, el dueño de este nuevo título, y Paysandú son fundadores y venerables participantes del más añejo torneo de selecciones de Uruguay.
Un clásico Salto-Paysandú en una final litoraleña es la historia del fútbol llevada al presente, y así fue como se dio en el Dickinson salteño, en donde la albirroja local, al final mismo del partido, logró ganar 1-0 y alzar la copa luego de haber empatado 0-0 en la final de la ida jugada en Paysandú. Fue un clásico que pareció que no iba a desatarse hasta el alargue o los penales, pero se abrió en el minuto 88 con un gol de tiro libre de Agustín Custodi, que pasó entre la barrera y les dio el cuarto título consecutivo a los salteños.
Maldonado iba a ser campeón
Maldonado se coronó una vez más campeona del Este al vencer en San Carlos a sus vecinos de la Zona Oeste, que recién al final del alargue renunciaron a la ilusión de llevarse la copa a Pan de Azúcar. Eran como la una de la mañana del lunes cuando el rochense Matías Schiaffino la calzó de una y, tras un rebote en Guillermo Sturzenegger, la pelota se incrustó en las redes para darle el título 19 a la selección de la Liga Mayor, que combina jugadores de Maldonado, Punta del Este y San Carlos. El gol de Schiaffino, o de Sturzenegger, fue el 2-0 ya en el alargue al que llegaron porque en los 90 minutos Liga Mayor había vencido 1-0 a Zona Oeste con un gol en contra de Joaquín González, igualando el 1-0 que la Zona obtuvo en la ida en Pan de Azúcar.
Festejo y a seguir
A partir del próximo fin de semana continúa Nuestro Mundial con los partidos de cuartos de final de la Copa Nacional de Selecciones, de acuerdo a lo establecido antes del inicio del campeonato: el campeón del Este, Liga Mayor de Maldonado, se cruzará con Colonia del Sacramento, vice del Sur; Salto, el campeón del Litoral Norte, se cruzará con Zona Oeste de Maldonado; el más ganador del Sur, Durazno, será rival del vice del Litoral, Nueva Palmira; por último, Río Negro, reinando en el Litoral, deberá eliminarse con Paysandú.