Uruguay se prepara en Londres. Y aunque la agenda marca dos partidos en esta fecha FIFA, el foco empieza a cerrarse como un lente que ajusta y enfoca en el viernes y en Wembley. No es un detalle menor: habrá cerca de 90.000 personas y las entradas están agotadas. El escenario, por dimensión y clima, ya juega su propio partido.

La selección que dirige Marcelo Bielsa terminó de completarse con la llegada de los futbolistas desde Estados Unidos y México y trabaja en el Sobha Realty Training Centre, la ciudad deportiva del Arsenal, con base en Watford. Allí, entre entrenamientos y primeros movimientos colectivos, el grupo empieza a tomar forma de equipo.

El partido ante Inglaterra, el viernes 27 a las 16.45 de nuestros relojes, asoma como el gran punto de referencia de la semana. No solo por la jerarquía del rival, uno de los candidatos naturales en Europa, sino también por el momento en el que llega Uruguay, en plena búsqueda de respuestas y con la necesidad de consolidar una idea tras la última ventana internacional, que dejó más dudas que certezas.

Sin confirmación oficial, pero con señales que empiezan a delinear un posible 11, Bielsa podría inclinarse por un 4-3-3 con Sergio Rochet en el arco; Guillermo Varela, Ronald Araújo, Mathías Olivera y Joaquín Piquerez en la defensa; Federico Valverde, Manuel Ugarte y Giorgian de Arrascaeta en el mediocampo; y un tridente ofensivo con Facundo Pellistri, Darwin Núñez y Maximiliano Araújo. Más que una formación cerrada, se trata de una estructura que intenta equilibrar intensidad, juego y profundidad.

En ese camino, la palabra de Darwin Núñez aporta una señal clara del clima interno. El delantero, que habló con AUF TV en la previa, dijo sentirse “muy feliz de estar de nuevo” en la selección y “con muchas ganas de ayudar”, en un momento en el que —según reconoció— se siente bien desde lo físico y enfocado en lo colectivo. “Ahora, a prepararnos para estos dos amistosos, primero pensando en Inglaterra para tratar de hacer un buen partido”, señaló.

Más allá de su presente a nivel de clubes, Núñez también dejó ver algo más profundo: el valor de volver a la convivencia con el grupo. Habló de los mates, de las charlas, de las anécdotas compartidas, de ese tejido invisible que muchas veces sostiene lo que después se ve en la cancha. Y, desde lo futbolístico, reafirmó su disposición: jugar donde el entrenador lo necesite, pelear con los centrales, aportar en lo que el equipo demande.

Puertas adentro, el mensaje también va en línea con lo que ha señalado en estas horas Jorge Giordano. La base del plantel que irá al Mundial está –en buena medida– definida, y estas ventanas internacionales funcionan más como ajuste fino que como instancia de descubrimiento. La búsqueda pasa por consolidar el funcionamiento.

Después vendrá el viaje a Turín para enfrentar a Argelia, el martes 31. Pero ese partido, sin dejar de ser importante, aparece hoy en un segundo plano. Todo conduce a Wembley, a ese estadio que impone por lo que representa y que estará colmado. Allí, la selección no solo jugará un amistoso, sino que pondrá a prueba su presente.

El calendario avanza, el Mundial empieza a asomar en el horizonte, y estos partidos —los últimos fuera de fronteras— ya no son simplemente preparación, son, de algún modo, anticipos y pruebas. Giordano reafirmó lo que aparentemente piensa Bielsa. Que tiene 22 o 23 futbolistas seguros y que espera ir definiendo esos tres lugares que faltan. “Donde cambiás más es en la delantera, y donde se acumulan las sanciones es en la defensa; habrá que ver”, dijo el floridense.