Peñarol perdió con Platense 2-1 en el Campeón del Siglo. Platense salió desde un inicio a proponer, aunque supo moderar su intención de ir por el gol para cuidar lo suyo. Su gente en la tribuna fue como un arrullo. Guido Mainero habló todo el partido, habitó ese murmullo con los jueces, con los rivales, con sus compañeros, consigo mismo. Además, sabe con la gallina y conoce los aires: por eso puso el 1-0 de cabeza y mandó la noche copera al descanso.

Pero antes y durante, el carbonero, con un siempre inspirado Eduardo Darias y un Luis Miguel Angulo que parece entender la estirpe del cuadro, empujó como pudo, aunque no siempre fue bien habilitado. Es cierto que Peñarol sintió la falta de Leo Fernández: la adrenalina de cada tiro libre, la astucia, la gracia; todo lo que se extraña de alguien tan cotidiano y querido. Además, la tarea de acostumbrarse, mientras el partido se juega.

Platense apuró con Nicolás Retamar cuando pudo, y Mainero estuvo cada vez más omnipresente. Hasta para picarla y aguantar el tumulto que en Peñarol significaban también muchos más que 11. Mainero fue el apellido del primer tiempo y quizá del partido. Estuvo en todas las conversaciones. Hasta cuando los locales pidieron penal de Eugenio Raggio sobre Matías Arezo, que anticipó a todo el barrio de Parque Saavedra y Vicente López. Sin embargo, luego de revisarlo en el VAR, la comitiva arbitral anuló la jugada por una fina posición adelantada.

Peñarol encontró el buscado empate, cuándo no, de los pies de Arezo, otro que lo de la estirpe no precisa estudiarlo. Deliró medio país. El futbolista encontró una pelota perdida, inmejorable para definir como sabe, lejos del intento de Matías Borgogno, y puso el 1-1. Pero la alegría va por barrios y dura poco. Seis minutos después, en un penal sin demasiada discusión, Franco Zapiola hizo el segundo, de penal y sin discusiones, y complicó nuevamente a Diego Aguirre: 2-1 para Platense, primera victoria internacional en la historia del club.

Ambos técnicos apelaron a los cambios. La que no tiene suplente es la hinchada. Leandro Umpiérrez por Jesús Trindade y Abel Hernández por Darias fueron los experimentos de Aguirre. La de la Joya casi da sus frutos en la primera que tuvo tras los cambios, pero el arquero Borgogno se quedó con la foto. Después entró el Cepillo Franco González, que siempre tiene alguna magia para mostrar. Santiago Dalmasso, Tomás Nasif y Agustín Lago lo hicieron por el calamar. Pero ya nada cambió demasiado. La visita pidió la hora y la hinchada local no dejó nunca de cantar, pero Peñarol sufrió la derrota.

Foto del artículo 'Copa Libertadores: Peñarol perdió con Platense en el Campeón del Siglo'

.