Batacazo fue el primer nombre que tuvo el club de Maldonado, que este lunes, jugando en el Campus, derrotó 2-1 a Boston River en la última fecha del Apertura, consiguiendo arrancar en la tabla anual a solo dos unidades del líder y campeón del Apertura, Racing. Un batacazo, justamente, este año y en esta primera parte del Apertura, es el que ha dado Deportivo Maldonado, un club que peleó en buena parte del torneo, que juega muy buen fútbol en su propuesta estética y que consigue muy buenos pasajes de juego puro y duro: defiende bien, neutraliza bien y ataca muy bien. Es muy grato acompañar el juego del Depo, que será cabeza de serie del grupo B del próximo Intermedio.
Nunca jugué al PlayStation
Tengo, o debería tener, una camiseta en cuyo pecho rezara “nunca jugué al PlayStation”. La leyenda es un hecho: es absolutamente real que nunca jugué al fútbol en el PlayStation o similares. Sin embargo, puedo, sé y debo reconocer cuando una jugada es propia del estilo de ese divertimento, tal como lo fue el gol inicial de Renato César antes de que pasara un minuto de que la pelota estaba en juego, cuando Deportivo Maldonado se puso en ventaja 1-0 sobre Boston River. No obstante, y tal vez para solidificar aquella idea del juego de consola más que el real de campo de juego, a los 10 minutos ya había empatado Boston River con otra pirueta propia de una combinación de un joystick de control de juegos.
Fue Mateo López quien, de volea, puso el empate para el sastre, pero de inmediato el elenco local volvió a tomar su protagonismo absoluto con una secuencia de ataque tras ataque de fútbol bien formulado, que tuvo un pequeño impasse llegando al minuto 20, cuando Renato César debió salir lesionado, con su tobillo vuelto una pelota de fútbol.
La salida de Renato César no fue solo un cambio de nombres: fue un tajo en la planificación del Depo justo cuando el partido pedía la pausa que él sabe dar. Esa lesión, en el fútbol, a veces opera como un factor de desequilibrio emocional que el antagonista —en este caso Boston River— no supo leer a tiempo, mientras el local se le venía encima con la partitura del que se sabe superior en el trámite.
Deportivo siguió y siguió atacando con jugadas de muy buena concepción, y solo el azar o la defensa —que incluye a Bruno Antúnez entre los tres caños que dan la espalda a la oficina del intendente— impidieron que rápidamente llegara el segundo gol del rojiverde de Maldonado. El golero y sus compañeros de defensa fueron el sostén de una estantería que crujía, pero el volumen de juego del Depo fue tal que la resistencia de Boston River terminó siendo una cuestión de milímetros o de un rebote fortuito.
El dominio no fue solo territorial, sino una construcción conceptual que dejó al equipo de la capital —que alquila su casa en Florida— contra las cuerdas, dependiendo exclusivamente de la pericia de sus futbolistas para no irse al descanso con una diferencia irreversible.
Rápido y furioso
No pudieron irse a los vestuarios con el marcador favorable, tal como merecía el elenco locatario, pero a la vuelta, después del descanso, tan solo con 4 minutos de juego, Guillermo López —que había ingresado justamente en la primera parte por la lesión de Renato César— quedó mano a mano con Kevin Soto después de un pase largo, larguísimo, desde su zaga y venció a Antúnez para poner el 2-1.
Tal vez con un poco menos de dinámica, pero con la misma cantidad de aciertos ofensivos, Deportivo Maldonado siguió mandando en el partido y respondiendo a la buena reacción de Boston River, que nunca se entregó. Bajó un poco la cadencia del juego, pero a los 25, en una jugada impecable que fue de lado a lado, se armó por la derecha con toques, movimientos y quiebre. Pasó por el punto penal sin definición y siguió por la izquierda con triangulaciones y combinaciones que terminaron en el punto penal, para el remate por encima del travesaño del duraznense Juan Manuel Ramos.
De inmediato respondió el sastre y la pelota no quedó entre las redes porque pasó a 20 centímetros del caño, en la definición acelerada del delantero de Boston River. Siguió insistiendo —y de buena manera— Boston River, que puso contra las cuerdas por algunos minutos a Deportivo Maldonado, llegando con peligro al arco de Segovia, que estuvo atento y bien.
Ya después fue quedando claro que el objetivo principal, y a contrarreloj casi único, era el de mantener el triunfo 2-1, mientras que Boston River entró en el camino de buscar el empate. Como sea, en ese embudo fue que llegamos al final del partido, con el triunfo del club que nació como Batacazo y que, recién subido de la B, arañando el último cupo que quedaba para la A en el tercer ascenso, ahora terminó segundo en el Apertura, a solo 2 puntos del campeón Racing, ocupando al momento un lugar para aspirar a la Libertadores.