Tenía que ganar y ganó. Todo lo demás pasará a ser anécdota y podrá ser de recibo en los balances de fin de año, pero Nacional debía vencer a Coquimbo Unido para seguir en competencia internacional y pasar a la instancia de repesca de los octavos de final de la Sudamericana, y lo hizo con un golazo de tiro libre del sanducero Maxi Gómez. Golazo y unas gotitas de tranquilidad, pero después se complicó, y mucho, todo el partido. Ahora, el viernes, en la Conmebol se sortearán los cruces de la fase que debe asumir el equipo de Jorge Bava para tratar de meterse, por lo menos, entre los 16 mejores de la Sudamericana, que no es poco cuando parece que tenés todo perdido.
Tras arrancar el partido buscando abrir los circuitos ofensivos, la primera gran alegría de la noche llegó temprano: a los 7 minutos, Maximiliano Gómez venció la valla de Gonzalo Flores para decretar el 1-0 a favor del tricolor. A partir de allí, el trámite fue disputado e intenso, pero las complicaciones serias empezaron a asomar sobre el cierre de la primera mitad. Justo antes del descanso, a los 45 minutos, el juvenil Tomás Viera vio la tarjeta roja directa, dejando al local en inferioridad numérica. Para colmo de males, en la penúltima jugada de ese primer período, el arquero Luis Manotas Mejía encendió las alarmas al hacer señas elocuentes hacia el banco de suplentes de que se había roto muscularmente.
Si valoráramos el azar en las competencias deportivas, se podría decir que Nacional comenzó el segundo tiempo con toda la mala suerte acumulada del continente. Desde los vestuarios ya no volvió el panameño Mejía. Ante este panorama adverso, y con la obligación de rearmar la estructura defensiva por la expulsión de Viera, Jorge Bava mandó a la cancha a Emiliano Ancheta para custodiar el lateral derecho, metió bajo los tres palos al arquero Ignacio Suárez y sumó a Baltasar Barcia en lugar de Tomás Verón Lupi para intentar equilibrar y reforzar esa misma banda.
Sin embargo, la fatalidad volvió a ensañarse con el bolso de inmediato: en la primera pelota que tocó Barcia, tras comandar un contragolpe a pura velocidad, sacó un derechazo en solitario y sintió un pinchazo muscular fulminante. El volante acusó la lesión enseguida mirando hacia el banco, intentó afirmarse y probar durante un par de minutos, pero el físico no le dio y tuvo que ser sustituido de forma prematura por Luciano Boggio. Una ráfaga de infortunios que obligó al local a quemar naves y variantes de forma imprevista.
El equipo chileno siguió buscando el empate con insistencia, mientras Nacional redoblaba su esfuerzo de forma conmovedora. Tal vez esa misma entrega haya marcado un nuevo acercamiento con la tribuna; para un plantel al que desde hace varios partidos no le sale todo lo que busca desde lo futbolístico, la garantía del sacrificio incondicional en la cancha generó un vínculo inmediato con los hinchas, quienes devolvieron aliento y aplausos en todo momento desde los cuatro costados del Parque.
La pasó mal Nacional y la sufrió en carne propia. Nacho Suárez debió actuar una, dos y tres veces para transformarse en el sostén del resultado. Con intervenciones providenciales y apelando, en más de una ocasión, a la intuición antes que a la ortodoxia, la cuestión clave fue que el joven arquero tricolor respondió con acierto bajo los tres palos, cerrando el arco y evitando los goles inminentes de Coquimbo Unido en los momentos más críticos de la noche.
Un examen salvado para recomponer el futuro de los tricolores.
