A falta de un amistoso que oficie como despedida de la selección uruguaya ante su gente antes del viaje rumbo al Mundial de Canadá, México y Estados Unidos, la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) organizó un evento que se enmarca en un convenio con el gobierno de Canelones y que tuvo como protagonistas a algunos de los hinchas más fervorosos y entusiastas de la celeste: las niñas y los niños del baby fútbol canario.
Todo Pando se vistió de fiesta y sacó a relucir sus banderas y banderines de Uruguay. Así recibieron a la delegación de la selección nacional, que llegó con la mayoría de su plantel y con el técnico Marcelo Bielsa en modo distendido y alegre, para retribuir la enorme algarabía de la gente, que ya se empezaba a manifestar en algunas esquinas de las principales avenidas, donde grupos de gurises esperaban para al menos ver pasar al ómnibus de la delegación celeste que representará a Uruguay en la cita mundialista.
El plantel de Uruguay, el 5 de junio, en el estadio Emilio Tito López López de Pando.
Foto: Gianni Schiaffarino
El estadio Emilio Tito López López estaba colmado y, según el presentador del evento a nivel de campo, Rafael Cotelo, unas 3.600 personas se dieron cita en el recinto para ver a la celeste antes del mundial, la mayoría de ellos gurises. Dentro del campo, de impecable césped, otros cientos de niñas y niños de clubes de baby fútbol aguardaban con la ansiedad que solo los más chicos pueden ostentar el ingreso de las grandes estrellas, que se dio, de acuerdo con lo pactado, puntual a las 10.30. También se encontraban allí las autoridades del gobierno canario, con el intendente Francisco Legnani a la cabeza.
La organización dispuso diversas estaciones de juego, con la intención de que los jugadores de la selección se rotaran y compartieran con los distintos grupos de niños las actividades y juegos previstos. Pero no fue sencillo mantener el orden y seguir los lineamientos planeados, y los enjambres de chicos se empezaron a mover de manera aleatoria en el campo para pedir algunas firmas o saludar a los jugadores, movidos por el impulso y la emoción.
El entusiasmo y la excitación de los botijas, que se replicaba en las gradas con otros tantos colgados del alambrado, le dio a la actividad un clima de cumpleaños infantil, multiplicado por la cantidad de niños que había, un cálculo que se me escapa. Parecían tres millones.
Despedida de la Selección Uruguaya, el 5 de junio, en el estadio Emilio Tito López López de Pando.
Foto: Gianni Schiaffarino
Los jugadores pelotearon y juguetearon, pero gradualmente su actividad pasó a ser la de saludar y firmar camisetas. José María Giménez tomó el micrófono y dio algunas palabras al público, agradeciendo el cariño y el apoyo. Mientras tanto, Bielsa miraba recostado sobre la valla de atrás de uno de los arcos, tranquilo, hasta que un niño decidió que también quería su firma y un grupo de pequeños bielsistas lo siguió. Sergio Rochet se escapó por un minuto, saltó la valla y fue a saludar a un grupo de gente que, al no conseguir entrada, había quedado pispeando la actividad atrás del muro que separaba la cancha de la calle.
Para cerrar la jornada, se organizó un largo pasillo con todos los niños en el campo, que los jugadores atravesaron en fila con un choque de manos como saludo de despedida. El evento se repetirá este sábado en el Estadio Martínez Monegal de la ciudad de Canelones.
El plantel de Uruguay, el 5 de junio, en el estadio Emilio Tito López López de Pando.
Foto: Gianni Schiaffarino
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