Torque sigue sumando hitos a su momento excepcional y le ganó a Central en el Palermo para quedar liderando el Clausura con cuatro puntos de ventaja, con un partido menos. Además, es segundo en la anual, a solo dos unidades de Peñarol, contra quien debe jugar el partido que le resta.
Un momento excepcional del elenco de Marcelo Méndez, que da pelea absoluta por el uruguayo, busca su lugar en la Copa Uruguay y, lo más brillante, está en semifinales de la Sudamericana. Esta vez le ganó a Central 4-1 con anotaciones de Nahuel da Silva, con otro doblete mágico, uno del zurdo Facundo Silvera y otro de Luka Andrade, de gran partido.
Ser perfecto y otros cuentos
El primer cuarto de hora del partido fue interesante porque el mejor equipo uruguayo del momento, Torque, jugando casi con su equipo titular –a falta de Pablo Siles en el medio, por haber llegado a la quinta amarilla, y la ausencia de los delanteros Salomón Rodríguez y Esteban Obregón por problemas musculares–, iba por la punta del Clausura y por seguir su exitosa racha de triunfos, enfrentando como visitante a un equipo palermitano que casi parecía el alternativo de la Copa Uruguay por la sucesión de lesiones que ha tenido el conjunto de Antonio Pacheco, que no pudo contar para el encuentro con lo mejor de su delantera, el argentino Aguilera, el experimentado goleador Raúl Tarragona y el rapidísimo dribleador Fernando Camarda, así como otras importantes ausencias en el mediocampo; aun así, plantó tratando de sostener a la visita, no a partir de poner la bañadera atrás, sino intentando buscar algunas buenas transiciones.
Es cierto que Central puso mucho énfasis en intentar contener lo mejor del ataque ciudadano, tratando además de controlar al incontrolable Nahuel da Silva, que arrancó como eje central de la delantera.
Pero la paridad en el ajedrez entre el protagonista y el antagonista tuvo su quiebre al minuto 24, cuando una pelota puesta en largo para el Tanque da Silva hizo que el coleccionador de goles pusiese una carrera atronadora, con la potencia del Lucho Suárez de otros años y otras canchas, dejando atrás a Ignacio Rodríguez para sacar un potente remate contra el caño y vencer a Federico Pintado, anotando el 1-0 para Torque.
Después del gol, Torque fue realmente un torbellino. Con su caudal elegante, empezó a hacer figura al tacuaremboense Pintado, que salvó algunos goles increíbles, al igual que su travesaño. Pero el golero no pudo en el minuto 37 con Da Silva, quien, después de una maravillosa jugada por izquierda con Andrade bordando por la línea final, recibió la pelota jugada hacia atrás y puso la piernita para marcar el 2-0.
Más allá de la clara superioridad del equipo ciudadano después de que quebró el marcador, vale señalar la singularidad del momento de este delantero de tanta potencia ofensiva y compromiso defensivo: Nahuel, a quien en el barrio llamaban Zlatan, en este setiembre lleva convertidos siete goles en todas las competencias en las que ha jugado, anotando de manera consecutiva en cada uno de los partidos que disputó en Uruguay: cuatro en el Clausura, dos en la Copa y el restante, divino, único e inolvidable, en el Centenario para, en la hora, darle la clasificación a Torque en la Sudamericana.
Lo inesperado
Cuando la diferencia se hacía cada vez más ostensible en el juego y en el marcador, un tiro libre de los palermitanos dio en la barrera, en la mano del josefino Lecchini, y a través del VAR el árbitro cobró penal, que fue traducido en gol por el fernandino Máximo Alonso, que puso las cosas a mínima diferencia en el marcador.
Pero no solo fue al final del primer tiempo que Central pareció que inesperadamente lo podía empatar, porque en los primeros diez del complemento ya pareció justamente lo contrario. En el arranque del complemento, con el viento a favor de oeste a este, del velódromo al polígono de tiro, Central empezó a cargar en reiteración real contra el arco de Franco Torgnascioli, que debió exigirse y también hacer un convenio con su travesaño para mantener la diferencia.
Por más de una veintena de minutos Central fue dominador del juego, buscando el tesoro del empate. Pero a los 20, cuando Central apuraba una falta aislada próximo al arco centralófilo, permitió el tercer gol de los torquenses: en el tiro libre se pararon Franco Pizzichillo y Facundo Silvera, y el zurdo la puso ajustadísima contra el caño izquierdo de Pintado, que no pudo responder y la debió ir a buscar al fondo de las mallas.
Y encima, a lo último, el argentino Andrade recibió antes de la medialuna, y se la puso contra el palo a Pintado para cerrar un 4-1 que abre la cuponera de las tres G: gana, gusta y golea.
