Las opiniones de analistas sobre el mundo que se viene poscoronavirus, con nueva conducción en Estados Unidos y la disputa latente por el liderazgo global con China, que acaba de firmar el acuerdo comercial más grande del mundo.

A partir de enero el demócrata Joe Biden, tras 50 años de carrera política, se convertirá en el presidente número 46 de Estados Unidos. Pandemia y crisis global mediante, asumirá el mando de una potencia que se encuentra disputando el liderazgo global con China en el marco del resquebrajamiento del orden económico vigente desde la posguerra.

Sobre los posibles cambios en el comercio global tras la salida de Donald Trump y las posibilidades de acción de Uruguay en el nuevo contexto global dieron sus puntos de vista cinco analistas locales consultados por la diaria. Entre ellos, existe acuerdo en que volverán los tiempos de la apuesta por el multilateralismo comercial y la cooperación internacional, con Estados Unidos más cercano a Europa en su agenda. Sin embargo, las grandes prioridades no cambiarán, porque China viene como una topadora.

De acuerdo a los datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), el peso de la economía China en el PIB mundial superó el de Estados Unidos en 2017. Esta tendencia se reafirmaría en los próximos años, con una participación de China en el producto global que se ubicaría en torno a 19,4% hacia 2022 (3,9 puntos porcentuales superior a la de Estados Unidos). Este es el resultado de cuatro décadas de crecimiento anual superior a 9%. Como señalaba semanas atrás Gabriel Oddone en una entrevista con la diaria, los cambios en el gigante asiático comenzaron con la muerte de Mao, momento a partir del cual el país se preparó para abrirse progresivamente al mundo y captar inversión. Concomitantemente, el avance de la globalización le permitió insertarse exitosamente en las cadenas de valor industrial, que buscaban la combinación geográfica óptima de tecnología, capital y trabajo. Dada su abundancia de mano de obra, el país ofrecía condiciones ideales para localizar industrias maduras intensivas en trabajo. Además, al tiempo que ese proceso se fue afirmando, China fue capaz de construir capacidades propias para convertirse en un protagonista clave que hoy disputa el liderazgo global y juega fuerte a nivel geopolítico. De alguna manera, como señala la tesis del economista serbio Branko Milanovic, esta disputa supone el choque de los dos modelos de capitalismo que están vigentes al día de hoy, el capitalismo meritocrático y el político. El primero, que es el que prima en Occidente, tiene en Estados Unidos su versión más pura. El segundo la tiene en China, y está caracterizado por una planificación indicativa, una orientación política firme y una relación estrecha entre el Estado y el mundo empresarial. Esta es una aproximación alternativa que desafía el consenso globalizador que orientó al mundo durante las últimas décadas y que abre muchas interrogantes hacia adelante.1

Vaillant: “Se termina el unilateralismo agresivo como mecanismo de conducir las negociaciones comerciales, generando escenarios bilaterales de conflicto para sacar provecho del poder relativo de Estados Unidos”.

La vuelta del multilateralismo, con un proteccionismo latente

De acuerdo a Marcel Vaillant, profesor de Comercio Internacional del Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, Biden aglutina detrás suyo una coalición demócrata con diversas visiones, donde las voces proteccionistas no están silenciadas. Sin embargo, señaló que con la salida de Trump “se termina el unilateralismo agresivo como mecanismo de conducir las negociaciones comerciales, generando escenarios bilaterales de conflicto para sacar provecho del poder relativo de Estados Unidos”.

Tanto Vaillant como los académicos de la Universidad Católica Ignacio Bartesaghi –decano de la Facultad de Ciencias Empresariales– y Marcos Soto –director de la Escuela de Negocios– coincidieron en que la Organización Mundial del Comercio (OMC) recuperará el rol de ordenador de los negocios globales. La OMC, boicoteada por la actual administración estadounidense, tiene paralizado el órgano de solución de controversias. Soto dijo tener expectativas de que haya “un retroceso de la retórica proteccionista” y una “revalorización del multilateralismo, algo imposible con Trump al frente de la principal economía del mundo”. Para Bartesaghi, por su parte, “los rebotes proteccionistas seguirán existiendo, con o sin Trump”. En este sentido, afirmó que, si bien el nuevo gobierno plantea “bajar el nivel de tensiones con China”, esto no significa “que el conflicto quedará superado en su totalidad; la puja por el liderazgo internacional entre Estados Unidos y China vino para quedarse”.

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Sobre ese punto también hicieron foco los economistas Alfonso Capurro –gerente senior de CPA Ferrere– y Aldo Lema –presidente de la consultora Vixion–. Para este último, el líder demócrata va a “reconstruir la confianza con socios comerciales importantes, como Europa y Canadá”, pero no cree que “el riesgo proteccionista se haya atenuado, porque en Estados Unidos esa agenda es transversal al sistema político”.

Capurro señaló que más allá de que Trump “puso una nueva intensidad” en las políticas proteccionistas, ya habían ocurrido “otros episodios que representaban una amenaza a la globalización”. Al respecto, explicó que “la expansión monetaria que desplegó Estados Unidos para amortiguar los efectos de la crisis financiera de 2008 derivó en un debilitamiento del dólar que afectó la competitividad del resto del mundo; varios países respondieron con medidas monetarias o comerciales espejo para compensar ese efecto. Así llegamos a 2010, cuando el ministro de Economía brasileño, Guido Mantega, dijo que ‘la guerra de monedas’ había iniciado”. La cronología de hechos que realizó el analista de CPA continúa con el descontento en diversas regiones y sectores del mundo por los resultados de la globalización y sus desigualdades, “tierra fértil para políticas proteccionistas”. Así llegó Trump, y en su gestión llevó “esta confrontación a un nivel extremo, pero hay un mar de fondo que sigue presente”, aunque haya un cambio de conducción en la Casa Blanca.

La posición de neutralidad y los nuevos vientos para Uruguay

“Uruguay puede tener una buena relación con demócratas o republicanos”, expresó Bartesaghi. En el mismo sentido, Soto recordó que presidentes de ambos partidos tuvieron reuniones bilaterales con mandatarios uruguayos en las últimas décadas –Bill Clinton con Luis Alberto Lacalle Herrera y George Bush hijo con Tabaré Vázquez–. Esa definición sintetiza la visión de los analistas, que entienden que Uruguay debe apostar en su política exterior a diferenciarse de la región y no alinearse con ninguna de las grandes potencias. Todo ello dentro de un marco en que Estados Unidos seguirá mirando poco a América Latina, más allá de los temas comerciales con México o la oposición a regímenes como los de Cuba, Venezuela o Nicaragua.

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Para Vaillant, Uruguay “adoptó una postura que reaccionó a la lógica de la administración de Trump, que reclama adhesión automática”. Por ejemplo, en setiembre votó por el candidato estadounidense para la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo, puesto reservado históricamente para un latinoamericano. “Fue un desacierto que revela, a mi juicio, poca consideración de la estrategia de largo plazo en materia de inserción internacional”, sostuvo. A este respecto, el esquema promovido por Estados Unidos de “compensaciones bilaterales” a los países que lo apoyan “no es un juego conveniente para ninguna economía pequeña”, menos aún para un país como el nuestro, “que tiene una reputación internacional que le permite grados de independencia para desarrollar una política de relaciones internacionales multipolar”.

Bartesaghi: “No es una definición fácil y está cargada de costos políticos, pero en el nuevo mundo que está emergiendo se necesita desplegar una política exterior muy flexible, de rápida reacción y pragmática”.

Bartesaghi opina en la misma dirección, y plantea la necesidad de apostar por una “estrategia de diferenciación” en la política exterior, con prudente distancia de los vecinos y sin expectativas de avanzar desde el Mercosur. Esto producto de la previsible distancia entre el gobierno brasileño de Jair Bolsonaro y la administración de Biden, sumado, además, a la constante inestabilidad que viene de Argentina. “No es una definición fácil y está cargada de costos políticos, pero en el nuevo mundo que está emergiendo se necesita desplegar una política exterior muy flexible, de rápida reacción y pragmática”, evaluó el académico.

Para Lema, Uruguay “debe pararse ante Estados Unidos como globalizador y aperturista, en medio de las posiciones proteccionistas de derecha e izquierda”. Visualiza buenas señales para el país y sus exportaciones, porque habrá “un escenario menos hostil” para el comercio mundial con la conducción de Biden, y su programa económico enfocado en reducir gradualmente el déficit fiscal “ayudará a mantener la tasa de interés de la Reserva Federal (FED) estadounidense en cero por largo tiempo y acentuará la debilidad global del dólar”. El resultado de ese combo de factores es “un impulso adicional para los commodities”.

Capurro: a nivel financiero se avizora “un contexto de alta liquidez, tasas bajas y dólar débil, un cóctel que apalanca aumentos en el precio de las materias primas, como pasó en el período 2009-2014”.

Hacia el mismo lugar apuntó Capurro, que señaló que desde los últimos meses se vienen consolidando “noticias positivas” para Uruguay. En lo comercial, “la salida de la recesión global está siendo liderada por China, motor de la demanda de commodities de los últimos 15 años”. En lo financiero, se avizora “un contexto de alta liquidez, tasas bajas y dólar débil, un cóctel que apalanca aumentos en el precio de las materias primas, como pasó en el período 2009-2014”. Si bien Capurro no descarta posibles “nubarrones” en el horizonte, como la recuperación frágil de la demanda global o los peligros de una segunda ola de contagios en el mundo, subrayó que el escenario sugiere que “el viento internacional comienza a ponerse de cola” para Uruguay. Esto es, el mundo que se viene podría estar caracterizado por abundante liquidez internacional, tasas de interés excepcionalmente bajas, debilidad global del dólar y repunte del precio de las materias primas. A la espera de esos nuevos tiempos, Trump cada vez está más cerca de ser historia.


  1. “Uruguay en perspectiva: una mirada desde las lecciones de la historia económica”. Entrevista a Gabriel Oddone, la diaria, setiembre de 2020.