El Banco Central del Uruguay (BCU) difundió el viernes sus últimas encuestas de expectativas, que recogen la mirada de los analistas sobre un conjunto amplio de variables económicas.

Expectativas de actividad

En el caso de la actividad económica –una de las dimensiones principales–, la actualización de marzo pautó un importante recorte de las perspectivas de crecimiento para este año, que pasaron de 2% a 1,6% entre febrero y marzo.

Es importante señalar, además, que las expectativas relevadas entre más de 20 instituciones muestran una dispersión significativa, dado que entre el analista más pesimista y el más optimista hay dos puntos porcentuales de distancia: el primero anticipa un crecimiento de apenas 0,3% para 2026, en tanto que el segundo proyecta una expansión de 2,3%.

También es relevante destacar que estas proyecciones todavía no incorporan el dato oficial correspondiente a 2025, dado que se publicará el martes 24 de marzo. No obstante, son varios los indicadores adelantados que anticipan un desempeño muy modesto, especialmente durante la segunda mitad del año.

En ese sentido, el indicador mensual de actividad económica (IMAE) elaborado por el BCU indica que el PIB se habría expandido 1,8% en promedio durante 2025. Sin embargo, el año habría cerrado con una leve recesión técnica, dado que la actividad se contrajo tanto en el tercer trimestre como en el cuarto (en términos trimestrales desestacionalizados). En efecto, el crecimiento anual se explica esencialmente por el dinamismo del primer semestre, lo que deja una inercia complicada para el comienzo de 2026.

Además, como advierte el economista Javier de Haedo, coordinador del Observatorio de Coyuntura de la Universidad Católica, parte del crecimiento del año pasado es “heredado de 2024” (1,1% según sus estimaciones), dado que constituye un arrastre estadístico. “Este concepto consiste en cotejar el dato del cuarto trimestre versus el del promedio del año”. Para este año aplica la misma lógica, pero en sentido contrario, dado que el arrastre proveniente de 2025 es negativo y estimado en 0,5%. En efecto, subraya De Haedo, “la economía sale a la cancha al inicio del año en curso con un score desfavorable que deberá remontar a lo largo del partido en 2026”.

Con relación a esto, el índice líder elaborado por el Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social marcó un retroceso de la actividad económica entre enero y febrero, lo que sugiere que el enfriamiento de la economía se habría extendido también hacia el primer trimestre de este año.

En este contexto, a fines de febrero el equipo económico ratificó sus proyecciones de crecimiento para el quinquenio, que para este año marcan un incremento del PIB equivalente a 2,2%. Esto supone que, dado el punto de partida, la economía tendría que crecer a tasas cercanas a 4% hacia el cierre del año (dado el arrastre negativo y los datos del primer bimestre), algo que parece difícil teniendo en cuenta la inercia con la que viene la actividad y el fuerte deterioro del escenario externo durante las últimas semanas.

De esta manera, el desvío entre la trayectoria prevista por el equipo económico y la realidad comienza a incrementarse, dado que en 2025 ya se habría dado una brecha de casi ocho décimas: el presupuesto asume un crecimiento de 2,6% para el año pasado y los indicadores adelantados apuntan a una expansión de 1,8%.

Este es uno de los principales riesgos identificados recientemente por el Comité Fiscal Autónomo (CFA), que días atrás presentó su último informe sobre el cumplimiento de la regla fiscal y las perspectivas macro fiscales. Según la normativa vigente luego de la aprobación del Presupuesto Nacional 2025-2029, la principal función del CFA es “asesorar al MEF en materia de política fiscal, evaluación de los riesgos a la estabilidad fiscal, sostenibilidad de la deuda pública y seguimiento de la regla fiscal”.

Dado que un crecimiento menor al previsto por el gobierno afectaría negativamente la recaudación (como evidencian los datos recientes de la DGI), “el CFA destaca su preocupación por un conjunto de riesgos que podrían incrementar el déficit estructural1 en el corto plazo y advierte sobre la posibilidad de incumplimiento de la meta establecida para 2026 en ausencia de medidas compensatorias”.

Expectativas de inflación

El BCU también difundió las expectativas relevadas entre los agentes para el devenir de la inflación, aunque en este caso los cambios con relación al relevamiento previo fueron menores. En concreto, la encuesta de marzo sugiere que la inflación se mantendría relativamente alineada en torno a la meta (4,5%) durante el horizonte de proyección, que se extiende entre 2026 y 2028.

Indicadores adicionales

Los relevamientos del BCU se amplían en marzo, junio, setiembre y diciembre, incorporando dimensiones adicionales a las consultas habituales. En ese sentido, los analistas estiman que la tasa de desempleo se situaría en torno al 7,6% este año, con un leve incremento en 2027 (7,7%) y 2028 (7,8%). En el caso de la tasa de empleo, las proyecciones indican que se mantendría relativamente estable en el corto plazo, oscilando en el entorno de 59,6%.

Por su parte, para el resultado fiscal del sector público, las nuevas previsiones incorporan una leve mejora entre 2026 (4,5% del PIB) y 2028 (-4,3% del PIB), en tanto anticipan un incremento de la tasa de política monetaria (actualmente en 5,75%) hacia diciembre de 2027 (6,15%) y diciembre de 2028 (6,5%).

Finalmente, los encuestados visualizan una depreciación gradual del peso uruguayo durante los próximos años: 40,95 pesos al cierre de 2026, 42 pesos al cierre de 2027 y 42,95 pesos a diciembre de 2028.


  1. Esta definición “aproxima el componente permanente del balance fiscal, eliminando del resultado observado el efecto del ciclo económico y los egresos e ingresos de naturaleza transitoria o extraordinaria. Se calcula deduciendo del saldo fiscal ajustado por el ciclo el monto correspondiente a dichas partidas temporales y extraordinarias”.