El concepto de competitividad –entendido como la capacidad de un país para producir bienes o servicios que puedan competir con éxito en los mercados internacionales– aparece cada vez con más frecuencia en la discusión económica y política. Sin embargo, en Uruguay ese debate suele quedar rápidamente reducido a una pregunta: ¿el dólar está demasiado bajo o alto?

Esa discusión, que muchas veces puede sonar lejana o abstracta para buena parte de la población, se volvió habitual en el discurso de sectores exportadores que sistemáticamente reclaman un dólar más alto para mejorar su rentabilidad.

En referencia a este tipo de debates, las economistas Gabriela Mordecki y Flavia Rovira explicaron a la diaria que la competitividad no puede basarse únicamente en el precio del dólar y que los debates que insisten en reducir este tema al valor del dólar ignoran otros aspectos que son trascendentales para el desarrollo del país.

Las expertas advirtieron además que un dólar más alto no necesariamente beneficia al conjunto de la sociedad. Al mismo tiempo que mejora los ingresos de algunos sectores exportadores, también encarece productos importados, viajes y distintos bienes de consumo para la población.

En ese sentido, coincidieron en que los principales desafíos de Uruguay para fortalecer su inserción internacional pasan por transformaciones estructurales más profundas, vinculadas a la modernización productiva, la inversión en innovación y desarrollo y la mejora de procesos, tanto en el sector público como en el privado. “El camino no es mantener formas de producción estancadas en el pasado y solo exigir un dólar más alto”, sostuvo Mordecki, coordinadora del área de coyuntura del Instituto de Economía de la Universidad de la República.

¿Qué es la competitividad?

Rovira, investigadora del Centro de Investigaciones Económicas (Cinve), dijo que “la competitividad es la capacidad de competir que tiene una economía en otros mercados” y señaló que el tipo de cambio es un componente relevante, porque impacta en la capacidad de exportar y en la rentabilidad de las empresas que venden al exterior. Sin embargo, remarcó que se trata apenas de una parte del problema. En ese sentido, la experta sostuvo que la competitividad de Uruguay no debe analizarse únicamente a partir del precio del dólar, sino también desde factores estructurales vinculados a la productividad, la innovación y el desarrollo tecnológico.

Asimismo, afirmó que en Uruguay el debate sobre competitividad suele concentrarse en el dólar porque es una variable visible y de corto plazo, mientras que otros factores requieren transformaciones más profundas y sostenidas. “Se entiende que es relativamente sencillo de corregir [el tipo de cambio] en el corto plazo, pero el resto de las variables que afectan la competitividad en general son cuestiones más profundas, que requieren otro tipo de políticas a largo plazo, que tienen también consecuencias, demoran en verse y muchas veces parecieran más difíciles de controlar”, dijo.

En la misma línea, Mordecki sostuvo que asociar automáticamente la competitividad de Uruguay con el valor del dólar es una simplificación de un fenómeno mucho más amplio, que también involucra eficiencia productiva, costos internos, tecnología y facilidad para hacer trámites. “El de competitividad es un concepto bastante amplio que a veces reducimos a lo que llamamos competitividad-precio”, explicó.

Mordecki indicó que el tipo de cambio real –que mide la relación de precios entre países– es apenas una parte de la ecuación. “No es correcto asociar de forma automática la competitividad solo al precio del dólar”, afirmó. Agregó que también pesan factores vinculados a la eficiencia y a las trabas burocráticas que enfrentan las empresas para producir o exportar.

“El concepto de competitividad es más amplio, porque también incluye otra parte, que es la eficiencia en la producción: qué tantas trabas pone el país, más allá del costo efectivo. Porque las trabas, o los trámites, también implican más costos o más trabajo para el exportador si tiene que ir por 25 oficinas para hacer un trámite”, indicó.

¿A quién beneficia el debate sobre el dólar?

Consultada sobre la razón detrás de que el debate sobre la competitividad en Uruguay suela concentrarse en el tipo de cambio, Mordecki dijo que para contestar esa pregunta primero hay que preguntarse quiénes impulsan este tipo de reclamos. “Depende de quiénes son los que están reclamando. Normalmente son los exportadores; a ellos, por supuesto, un valor más alto del dólar les rinde más en lo que exportan. Es un tema de rentabilidad para los exportadores, básicamente, y no necesariamente de competitividad”, indicó.

Sin embargo, señaló que un dólar más alto no necesariamente implica un aumento de las exportaciones. “Varios estudios que hemos hecho a lo largo del tiempo muestran que el tipo de cambio real no impacta directamente en la cantidad de exportaciones”, sostuvo.

La profesora e investigadora universitaria explicó que en sectores agroexportadores el volumen vendido depende mucho más de sí hubo buena producción, suficiente ganado o buenas cosechas que de las variaciones del dólar. “Si es un buen año y hay mucha faena, mucho ganado, vamos a exportar. Si el dólar sube o baja, lo que va a resultar es que los exportadores, tanto los frigoríficos como los productores, van a ganar más. Pero, igualmente, van a exportar su producción”, puntualizó.

Por su parte, Rovira dijo que el tema suele ser impulsado por los sectores empresariales exportadores. “Es algo que ellos no pueden dominar, por lo tanto, lo ponen sobre la agenda para que se discuta y se tomen acciones”, explicó. “Es cierto que con esta discusión se descuidan otros factores que son importantes cuando se piensa en la competitividad, como es la capacidad de generar competencias en el largo plazo”, afirmó.

Aunque los sectores exportadores no suelen plantear públicamente un valor exacto para el dólar, sí reclaman un tipo de cambio “más competitivo” frente al “atraso cambiario”. Las tensiones aumentaron a comienzos de año, cuando el dólar llegó a caer hasta niveles cercanos a $ 37, mientras que actualmente ronda el umbral de los $ 40.

La situación para consumidores y el Estado

Por otro lado, Mordecki destacó que el efecto del dólar varía según el actor económico involucrado. Mientras que un dólar alto puede beneficiar a exportadores, un dólar bajo abarata productos importados, viajes y bienes de consumo para la población. “Depende de qué lado esté parado cada uno”, resumió.

En el caso de los consumidores, los productos importados son “bastante importantes” en la canasta de consumo de los uruguayos, por lo que, cuando el dólar baja, los productos son más baratos y los ciudadanos pueden viajar más, dijo la economista, quien mencionó como ejemplo el aumento de la venta de los automóviles luego de la caída del dólar en años anteriores.

Además, recordó que el Estado uruguayo mantiene una parte importante de su deuda en dólares, por lo que una suba del tipo de cambio también encarece el pago de intereses y otras obligaciones financieras. “La mitad del endeudamiento que tiene Uruguay es en dólares. Si el dólar sube, tenemos un mayor costo por el pago de intereses. A esto se suma que el país importa muchos productos, como los combustibles”, que han aumentado en los últimos meses a causa de la situación en Medio Oriente, dijo Mordecki. “En la situación actual, que baje el dólar ayuda un poco a frenar el elevado costo que tiene la importación de combustibles”, agregó.

Por su parte, Rovira sostuvo que el ciudadano común no suele pensar la cuestión desde la competitividad, sino desde el costo de vida y el consumo. “Probablemente el ciudadano común prefiere que haya una caída del tipo de cambio, porque muchos de los bienes de consumo en Uruguay son importados, por lo que un dólar bajo beneficia al consumidor. En realidad, al consumidor en sí no le afecta tanto la apreciación real de la moneda”, sostuvo, y remarcó que la excepción es cuando se llega al extremo de que haya cierre de mercados o pérdida de empleos.

En Uruguay, muchos bienes de consumo durable y cotidianos dependen fuertemente de importaciones: autos, electrodomésticos, electrónica, combustibles, textiles, productos de limpieza y parte importante de alimentos procesados. Eso hace que el dólar impacte directamente sobre los precios al consumidor.

Foto del artículo 'Exigir un dólar más alto para ganar competitividad es una receta del pasado que perjudica a consumidores, advierten expertas'

Foto: Ernesto Ryan

Según la Cámara de Industrias, Uruguay importó bienes por 12.645 millones de dólares, una cifra similar a las exportaciones (13.237 millones), lo que refleja el fuerte peso que tienen los productos importados en la economía y el consumo uruguayos.

Declaraciones de Oddone

En medio del debate sobre competitividad y tipo de cambio, el ministro de Economía y Finanzas, Gabriel Oddone, cuestionó el sábado las expectativas de parte del empresariado sobre el rol que debería asumir el gobierno respecto del valor del dólar.

El jerarca sostuvo que la comunidad empresarial “tiene que internalizar” que existen decisiones que esperan del Poder Ejecutivo “que no van a ocurrir” y afirmó que seguir reclamando un dólar más alto “forma parte de un viejo país”. Según Oddone, Uruguay dejó atrás una economía más cerrada, inestable y con alta inflación, en la que el gobierno podía intervenir con mayor fuerza sobre el tipo de cambio. En cambio, defendió el actual escenario de baja inflación, desdolarización y mayor estabilidad macroeconómica como parte de una transformación estructural de la economía uruguaya.

Uruguay pasó de convivir durante décadas con inflaciones cercanas o superiores al 10% a registrar actualmente niveles cercanos al 3%-4%, un cambio que, según el ministro, obliga a revisar muchas de las lógicas económicas tradicionales.

“Muchas cosas van en la dirección correcta, pero eso tiene costos dolorosos de transición”, “lo que seguramente saca a la gente de su zona de confort”, dijo el ministro. Según señaló, estos cambios impactan directamente en sectores y asesores “que tienen su razón de ser, porque la economía funciona así”, y que hoy enfrentan transformaciones sobre prácticas y dinámicas “que siempre hicieron y que ahora están cambiando”, lo que genera incomodidad y resistencia.

Consultada sobre las recientes declaraciones de Oddone respecto de que reclamar un dólar más alto responde a “un viejo país”, Mordecki coincidió en que Uruguay dejó atrás el esquema en el que el gobierno controlaba directamente el tipo de cambio. “Después de la crisis de 2002 el tipo de cambio es libre y fluctúa en el mercado. Antes, claramente era un compromiso del gobierno y en ese caso los exportadores exigían un dólar más alto, pero en la actualidad eso no tiene sentido, ya que el Ejecutivo no controla el dólar”, afirmó.

La economista aseguró que desde hace más de “20 años el país es otro”, por lo que planteó que la competitividad actual debe construirse a partir de reformas microeconómicas, mejoras tecnológicas y simplificación de procesos. “Es un trabajo que el gobierno ha empezado ya en el año pasado [con la simplificación de trámites] y las empresas tienen que mejorar sus procesos productivos, la tecnología y promover la eficiencia para poder producir mejor y con costos menores. [...] Todos deben hacer un esfuerzo para que el país sea más competitivo, no solo es tarea del gobierno”, resaltó.

La economista destacó avances vinculados al gobierno electrónico, la digitalización de trámites y la modernización del sistema financiero, factores que reducen tiempos y costos para empresas y ciudadanos. “Eso mejora muchísimo la competitividad”, afirmó.

Por último, señaló que la estabilidad macroeconómica y la baja inflación también son elementos centrales para fortalecer la competitividad del país. “Tener una inflación de 3% o 4% es algo muy positivo y eso también mejora la competitividad”, concluyó.

En la misma línea, Rovira consideró que el planteo de Oddone apunta a quitar centralidad al reclamo cambiario y poner el foco en políticas productivas de largo plazo. “El ministro apunta a quitar un poco de la primera plana este reclamo, que ha hecho que se descuiden probablemente políticas que [...] impulsen transformaciones más profundas. [...] No podemos estar mirando solamente esta variable”, sostuvo.

El principal desafío

Durante la rueda de prensa del sábado pasado, en el cierre del curso “Economía en la agenda pública: claves y herramientas para el trabajo periodístico”, organizado por el Ministerio de Economía y Finanzas, el Banco Mundial y la Universidad Católica del Uruguay, Oddone cuestionó la dificultad para discutir sobre la productividad y señaló que muchas compañías continúan siendo reticentes a compartir información sobre sus niveles de eficiencia y costos.

“Estamos en un proceso de transición en el que hay cosas que los empresarios esperan que ocurran y que no van a ocurrir. Y la política económica no se las va a dar [...] Estoy convencido de que Uruguay es un país mucho mejor de lo que los uruguayos creemos [...] Tenemos que crecer más, y eso supone pensar fuera de la caja, estar más dispuestos a estar fuera de la zona de confort y estar dispuestos a mirar cosas diferentes, a no ser tan conservadores”, afirmó.

En la misma línea que el ministro, Rovira afirmó que el principal desafío de Uruguay continúa siendo el bajo nivel de inversión en investigación, desarrollo e innovación. “Sigue siendo muy reducido el apoyo público y privado a la inversión en investigación y desarrollo tecnológico”, advirtió. La especialista sostuvo que el país necesita fortalecer la generación de conocimiento aplicado a la producción y promover ecosistemas tecnológicos capaces de crear nuevas empresas y cadenas de valor regionales. “Si no hay apoyo público y privado conjunto para el desarrollo tecnológico, es muy difícil progresar”, afirmó.

Además, planteó que Uruguay y la región deberían avanzar en una mayor integración productiva y científica para generar productos más sofisticados y menos dependientes de materias primas. En ese sentido, dijo que es un “debe” para Uruguay y que, si se quiere hacer un “cambio relevante” en materia de competitividad, necesariamente se deben impulsar medidas que apoyen la innovación. “Debe ser un gasto prioritario para convertirlo en el motor de la economía, porque [...] en caso contrario es muy difícil: todo lo que se puede hacer son pequeños arreglos”, concluyó.

Aunque Uruguay alcanzó en 2025 el mayor nivel de inversión en investigación y desarrollo de su historia (0,71% del producto interno bruto, según cifras de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación), las especialistas advirtieron que el desafío sigue siendo transformar ese conocimiento en productividad, innovación y nuevas formas de competir, más allá del dólar.