La visión de los empresarios
La semana pasada se difundió la última edición de la encuesta semestral de expectativas empresariales relevada por la consultora Exante, que recoge la opinión de más de 340 ejecutivos de empresas grandes y medianas que operan en el país. Según se desprende del documento, “la percepción sobre el clima de negocios empeoró por tercera medición consecutiva y ahora predominan las evaluaciones regulares, aunque siguen siendo pocos los que lo califican negativamente (solo 9%)”. En el mismo sentido, más de la mitad de los consultados evalúa que actualmente la situación económica “es peor que la de un año atrás”.
En términos prospectivos, “más de 40% de los empresarios prevé un deterioro de la situación económica y del clima de inversiones el próximo año”, anticipando una expansión de la economía muy modesta para este año y para el próximo, así como para un horizonte de “tres o cuatro años” (en torno al 1,5% anual).
En este contexto, advierte el informe, “las respuestas sobre la marcha de las propias empresas también se enfriaron, pero menos que en lo referido al entorno económico”. Sobre esto, la consultora destaca que el porcentaje de respuestas que sugieren una situación peor que la de hace un año “no luce particularmente alta frente a los parámetros de los últimos años (estando algo arriba del 20%)” y que aproximadamente el 60% no espera cambios para los próximos meses.
Para el empleo, los empresarios continúan con una “visión cauta”, en tanto más de la mitad no estima cambios en sus plantillas y son un poco más los que prevén reducciones (23%) que los que esperan aumentos (20%). Según se indica, esto es “consistente con un entorno de baja o nula creación de empleo, aunque no hay que perder de vista que se da desde niveles récord de ocupación en Uruguay”.
Por su parte, la evaluación de los empresarios sobre la rentabilidad y competitividad de sus empresas “es en general positiva o regular”, dado que solo el 11% las califican como “mala” o “muy mala”. No obstante, solo un cuarto de los encuestados espera un incremento de su rentabilidad durante el próximo año (siendo el mínimo desde 2020) y casi un 90% advierte por factores que afectan la competitividad, en particular los “costos salariales”.
En lo que refiere a la evaluación del gobierno, el nuevo relevamiento también captura un deterioro con relación a la edición anterior (octubre 2025) y también a la de abril del año pasado (cuando fueron consultados sobre los “primeros pasos” de esta administración). Concretamente, la postura pasó de ser “neutral” a ser negativa, con casi un 60% de desaprobación. Sobre esto, la consultora indica que “el entorno luce peor que el observado al cabo del primer año del gobierno anterior y similar al que prevalecía tras el primer año del segundo gobierno de Tabaré Vázquez”.
Al adentrarse en las distintas áreas de la gestión, predominan los “juicios regulares o negativos”, con la excepción de lo que sucede en el frente de la inflación1 y la promoción de inversiones (donde el saldo de respuestas es positivo). En particular, las dimensiones peor evaluadas son pobreza, educación y seguridad, aunque en el plano económico se registró “un deterioro importante en la percepción del manejo de la situación fiscal, del crecimiento económico y del desempleo”. En ese sentido, se advierte, la única mejora constatada en esta instancia corresponde a la inserción externa, en línea con los avances del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur.
En suma, sintetiza la consultora, “si bien el clima de expectativas empresariales no es abiertamente negativo, en las últimas ediciones se observa un corrimiento hacia posturas más cautas e incluso, en algunos casos, desfavorables”.
La visión de Oddone
Consultado sobre estos resultados, en el marco del curso “Economía en la agenda pública: claves y herramientas para el trabajo periodístico” –organizado por el Ministerio de Economía y Finanzas, el Banco Mundial y la Universidad Católica–, el ministro Gabriel Oddone reconoció que es un tema que preocupa y que representa “un problema para todos nosotros”, dado que se trata de agentes que toman decisiones clave para el devenir de la economía.2
Más allá de los aspectos que tienen que ver con el deterioro del contexto internacional, los resultados son “un llamado de atención” y sugieren que existen oportunidades para mejorar la comunicación sobre aspectos vinculados a la política económica.
No obstante, indicó que “hay cosas que la comunidad empresarial tiene que empezar a internalizar y que todavía no internalizó”, en particular en lo que tiene que ver con el dólar: “Que el precio del dólar siga siendo algo que se le reclama al gobierno es un problema y forma parte de un viejo país... Si seguimos razonando que el gobierno puede hacer algo con el valor del dólar, que está en condiciones de fijarlo para devolver competitividad, es que no estamos entendiendo bien lo que pasó los últimos seis o siete años en la economía uruguaya”. En ese sentido, adelantó que “hay cosas que los empresarios esperan que ocurran que no van a ocurrir y la política económica no se las va a dar”.
En la misma línea, criticó la postura de los empresarios que reclaman públicamente que se baje el costo país y luego en privado solicitan medidas impositivas –introducción de impuestos– para su beneficio.
Sobre esta problemática, señaló también las inconsistencias que existen dentro de la órbita de las relaciones laborales, dado que son las empresas las que se muestran reticentes a compartir la información que se necesita para incorporar la dimensión de la productividad a la negociación: “Si queremos que los salarios sigan la evolución de la productividad, tenemos que tener información”, que muchas veces las empresas no están dispuestas a compartir para no exponerse ante sindicatos o competidores (un problema que responde, en parte, a la escala del país).