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Economía Comercio y sector externo
Foto principal del artículo 'La economía global “entre los vientos cruzados de la guerra y la tecnología”' · Foto: Ernesto Ryan

Foto: Ernesto Ryan

La economía global “entre los vientos cruzados de la guerra y la tecnología”

El Fondo Monetario proyecta que el PIB mundial crecerá 3% este año, lo que supone una leve desaceleración con relación a lo observado en 2024 y 2025. No obstante, el balance de riesgos sigue muy sesgado a la baja y las presiones estanflacionarias podrían agudizarse.

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Leve enfriamiento de la actividad

La dinámica de la economía mundial está atravesada por dos fuerzas de signo opuesto, que actualmente parecen estar compensándose parcialmente. Por un lado, el crecimiento reciente del PIB mundial recoge el “mayor ímpetu” de la demanda, asociado al auge de la inteligencia artificial y su creciente adopción, aunque esta realidad varía significativamente entre regiones y países. Por el otro, continúa incorporando los efectos negativos asociados a la guerra en Medio Oriente, que introduce presiones estanflacionarias (menor crecimiento y mayor inflación) y no permite reducir los niveles inusitadamente altos de incertidumbre y volatilidad.

En este marco, el Fondo Monetario Internacional (FMI) divulgó días atrás la actualización de uno de sus principales informes de perspectivas globales, del que se desprende que el PIB mundial crecería en torno al 3% durante este año. Esta previsión supone una moderación del ritmo de crecimiento frente a los registros observados en 2024 y 2025, aunque no implica un cambio significativo con relación a la previsión que había presentado el organismo en su informe de abril.

Naturalmente, detrás de esta estimación general subyacen realidades muy heterogéneas, dado que cada país exhibe un nivel de exposición distinto ante los impactos del conflicto bélico y el vértigo del cambio tecnológico.

En ese sentido, el FMI destaca el efecto positivo que el incremento de los precios del petróleo ha tenido sobre las economías exportadoras de productos energéticos, dado que sus términos de intercambio –relación entre el precio de lo que le venden al mundo y de lo que le compran– muestran una mejora.

Este efecto se potencia en el caso de los países que están más cerca de la frontera tecnológica, dado el fuerte impacto que está generando el despliegue de las inversiones asociadas a la inteligencia artificial, así como su extendida y acelerada adopción. De hecho, el impulso tecnológico está logrando compensar la afectación asociada a la guerra en el caso de los países que son importadores de petróleo, lo que, por el momento, resulta en un saldo neto favorable.

En el otro extremo, las perspectivas para los países importadores de commodities energéticos que van a la zaga en la órbita tecnológica son cada vez más lúgubres, lo que está generando un incremento de la brecha que los separa de las economías avanzadas. Si bien no se trata exclusivamente de los países de ingresos bajos, estos están sobrerrepresentados en este cuadrante (que es el que incluye a las economías más afectadas por el conflicto cuyo grado de penetración tecnológica es menor).

Presiones inflacionarias al alza

En el frente de los precios las perspectivas globales se han tornado más complejas y se prevé un nuevo salto de la inflación durante este año, aunque, si el conflicto en Medio Oriente no escala ni se extiende más de lo previsto, se trataría de un incremento transitorio que se revertiría durante 2027. Concretamente, el FMI estima que, en promedio, la inflación mundial escalará desde el 4,1% observado en 2025 hasta un 4,7%, volviendo a caer por debajo del 4% en 2027. Esto supone una desmejora del escenario trazado meses atrás por el organismo, que asumía una continuación del proceso de desinflación que comenzó a inicios de 2024.

Balance de riesgos sesgado a la baja

Más allá de lo anterior, el FMI destaca, entre los puntos positivos del informe, que el balance de riesgos sobre el escenario de proyección se encuentra más balanceado que en abril, cuando la agregación de todos ellos estaba fuertemente sesgada hacia lo negativo. Si bien ese sesgo es menor, el FMI entiende que igualmente predominan los riesgos a la baja que podrían inducir un deterioro del escenario económico global.

En particular, en el documento se enfatizan los peligros asociados a un potencial recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente, lo que causaría una mayor volatilidad en los mercados de materias primas y en los mercados financieros, una distorsión más lesiva del funcionamiento de las cadenas de suministro y un salto mayor de los costos, que agudizaría el repunte inflacionario previsto.

Esto, a su vez, obligaría a los bancos centrales a mantener una política monetaria más restrictiva (para evitar una afectación más permanente de las expectativas), lo que erosionaría la capacidad de crecimiento y tensionaría las condiciones de acceso a financiamiento en los mercados internacionales, especialmente para los países emergentes como el nuestro. A su vez, asociado a lo anterior, el FMI subraya los efectos negativos que podría generar una fragmentación adicional del comercio internacional, reforzando el empujón negativo sobre la dinámica de la actividad y los precios mundiales.

Al mismo tiempo, entre los riesgos bajistas se identifican aquellos vinculados a una corrección abrupta de las expectativas sobre el devenir tecnológico, que podría impulsar un fuerte ajuste de los mercados financieros. Respecto de esta problemática, son múltiples las alertas que continúan acumulándose en torno al eventual estallido de una burbuja tecnológica que, de materializarse, configuraría un nuevo shock negativo global. Si eso ocurriera, alerta el organismo, la situación sería en extremo compleja, en tanto la mayoría de los países carecen de márgenes de acción para desplegar políticas de mitigación; la inflación elevada limita el espacio para políticas monetarias más expansivas –es decir, para reducir las tasas de interés– y la fragilidad de las finanzas públicas restringe el espacio para incrementos del gasto o reducciones impositivas, es decir, para políticas fiscales expansivas.

No obstante, pese a lo anterior, se identifican otros factores que podrían operar en el sentido contrario y contribuir a una mejora del escenario previsto para el corto plazo. Desde la perspectiva del FMI, “los factores favorables para las perspectivas provienen de una normalización de los mercados energéticos más rápida de lo previsto, una inversión en tecnología superior a la esperada, la revitalización de una cooperación duradera que reduzca las barreras comerciales y reformas estructurales que fomenten el crecimiento a mediano plazo”.