Si bien el desarrollo teórico y metodológico en torno al aprendizaje basado en proyectos (APB) comenzó hace muchas décadas, en los últimos años parece haberse instalado con mayor fuerza a nivel de la educación secundaria uruguaya. En otras modalidades de educación media, como la que se enseña en la UTU, el APB parece estar mucho más presente, pero no era tan visible en la mayoría de los liceos uruguayos. Sin embargo, en los últimos tiempos esta modalidad comenzó a mencionarse más en los discursos de las autoridades de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), con la intención de que se extienda cada vez más.

Un grupo de tres profesoras de Historia se propuso estudiar la implementación de distintas experiencias de APB, para lo que obtuvo financiamiento del Fondo Sectorial de Educación de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación, el Instituto Nacional de Evaluación Educativa, la ANEP y el Ministerio de Educación y Cultura. El sábado Vanessa Hernández, Silvia Ferreyra y Daisy Hernández presentaron los resultados preliminares de su proyecto, en el que hicieron estudios de caso en Canelones, Florida y Montevideo, donde principalmente se estudiaron las percepciones docentes sobre esta metodología de enseñanza, para identificar fortalezas y dificultades en su aplicación.

Los casos que estudiaron las docentes fueron variados. En algunos proyectos convivían profesores de distintas asignaturas, mientras que en otros no, al tiempo que las experiencias tenían distintos grados de consolidación en los centros educativos en los que se implementaban, y se aplicaban con diferentes objetivos. Mientras que había experiencias que se estaban aplicando desde hacía años, otras estaban en momentos más iniciales, e incluso había algunas cuya implementación había quedado trunca por disposición de la dirección del liceo. Las temáticas pasaban por la realización de una huerta en el liceo hasta proyectos que abordaban el reciclaje o la contaminación del agua, pasando también por la reconstrucción de historias de inmigración en las familias de los estudiantes como vehículo para abordar curricularmente temas de historia nacional y mundial. También se abordaron varios proyectos que se hicieron en el liceo de Joaquín Suárez, en Canelones, que por ejemplo implicaron visitas a museos en Rivera o a la Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas.

Entre varios

En la presentación de los resultados de la investigación estuvieron varios de los profesores de los proyectos estudiados, además de la ex directora del Consejo de Educación Secundaria Celsa Puente, quienes intercambiaron con el equipo de investigadoras. Los principales hallazgos del estudio, para el que se hicieron entrevistas y una encuesta a docentes para conocer sus condiciones de trabajo, mostraron que la formación, la antigüedad y la posibilidad de tener una carga media de trabajo semanal son variables importantes para la aplicación de experiencias de ABP. En concreto, 87% de los docentes que participaron en los casos que abordó el estudio participó en al menos dos cursos de actualización en los últimos tres años, mientras que sólo 27% trabaja más de 40 horas semanales en instituciones educativas. Además, 67% de los encuestados trabaja en el centro educativo en el que implementó el proyecto desde hace por lo menos cinco años.

Respecto de la mirada que tienen estos docentes sobre sus estudiantes, se llegó a la conclusión de que existe una visión “altamente favorable” de ellos y que los proyectos parten de una necesidad de generar cambios para mejorar la motivación de los alumnos, además de hacer foco en sus habilidades y no en las dificultades que tienen. Por tanto, para los profesores no son tan importantes las competencias o habilidades que los jóvenes traen consigo sino aquellas que pueden desarrollar en el transcurso del proyecto. De la misma forma, los docentes consideran necesario un cambio en la concepción más tradicional del rol del educador, que lo coloca como el poseedor de un saber que debe ser enseñado. En su lugar, consideran que deben asumir un lugar de guías, mediadores y orientadores de los procesos de enseñanza, para lo que es importante su capacidad de motivación. Según establecieron las investigadoras, esto se relaciona con la necesidad de una mayor profesionalización de los docentes, que muchas veces entra en conflicto con su rol de funcionarios públicos, por el que deben cumplir con ciertas obligaciones en función de las que luego son evaluados.

En relación a los factores institucionales de cada liceo en el que se implementa este tipo de metodología, la investigación arrojó que es importante que desde la dirección haya una mirada favorable a la realización de actividades extracurriculares y de apertura a la comunidad. Para ello, también es relevante la permanencia en el tiempo de los equipos de dirección en un mismo centro, al igual que ocurre con los profesores, ya que permite la formación y consolidación de equipos.

Escollos

Desde la mirada de los docentes, las principales dificultades para implementar experiencias de ABP pasan, en primer lugar, por el tiempo que se debe dedicar a la tarea, ya que no son suficientes las horas de coordinación que se destinan institucionalmente y muchas tareas se desarrollan en horas que no son remuneradas. Además, los profesores señalaron que, muchas veces, el espacio de coordinación se convierte en un ámbito en el que la dirección del liceo comunica informaciones y no sirve para que los educadores pongan en común y coordinen acciones. En segundo lugar, los docentes señalaron como una dificultad la obligación del cumplimiento de programas y pautas de inspección, en relación al abordaje de determinados saberes que los estudiantes deben adquirir para el grado siguiente. También se señalaron dificultades referidas al diseño de las aulas, ya que su disposición y mobiliario está pensado para experiencias de enseñanza y aprendizaje más tradicionales y resultan poco prácticos para una forma de trabajo colaborativa.

Otro tema que abordó la investigación fue el régimen de evaluación por el que deben pasar los estudiantes que participan en actividades de ABP: se concluye que, si bien los docentes tienen en cuenta tanto los procesos como los productos, muchas veces entran en conflicto con el reglamento de evaluación y pasaje de grado de secundaria. No obstante, en cuanto a las herramientas de evaluación utilizadas, el estudio concluye que “no se observa gran variedad ni estrategias novedosas”, excepto por la utilización de “grillas, pautas y rúbricas” que son útiles para “evaluar procesos, subproductos y producto final del trabajo”. La inclusión de los estudiantes en los procesos de evaluación aparece como un “ámbito en construcción” y se visualizan algunas prácticas que apuntan a “empoderar al alumno”, por ejemplo mediante la autoevaluación y la coevaluación.

Sobre este tema, en la presentación de resultados los docentes reflexionaron sobre que muchas veces se dice que el ABP no redunda en la mejora de los desempeños de estudiantes, pero es porque se lo analiza desde un punto de vista tradicional, o sea, a partir de la nota que obtienen en las distintas materias y no según las capacidades de trabajo en equipo que adquieren y los niveles de compromiso con las tareas a los que llegan.