El actual presidente de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), Pablo Caggiani, el expresidente de la República Julio María Sanguinetti, el columnista Fernando Santullo y la decana de Educación de la Universidad ORT, Denise Vaillant, coincidieron días atrás para hablar de educación. El lugar fue el teatro del Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry, en Maldonado, y la excusa fue la presentación de Redoblar las esperanzas en la educación, un nuevo libro del especialista Renato Opertti, quien se desempeña como presidente del Consejo Asesor de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI).
El libro fue publicado por la OEI y puede descargarse de forma gratuita en su página web. Su extensión de más de 800 páginas da cuenta de que en realidad se trata de un compendio de cuatro libros producidos entre 2021 y 2024. Se trata de La educación en tiempos de repienso planetario (2021); El currículo en modo transformación (2022); Un viaje por la educación en tiempos de transformación. Conectando ideas y sensibilidades en educación (2023); y Un viaje por la educación en tiempos de transformación. Sobre educar y aprender para futuros mejores (2024).
Según argumenta Opertti en la introducción, el hilo conductor del nuevo libro es la intención de “argumentar que la aspiración de forjar sociedades mejores va a requerir siempre de la educación como un cimiento insoslayable”. En ese sentido, sostiene que no es novedad marcar la importancia de la educación a la hora de “forjar el desarrollo de la persona, la ciudadanía, las comunidades y la sociedad en su conjunto”, o argumentar “sobre su rol insustituible en cimentar democracia, inclusión, justicia, igualdad, bienestar, desarrollo y convivencia”.
De todas formas, plantea su preocupación acerca de que su relevancia actualmente es “objeto de descréditos, crispaciones y enfrentamientos entre ‘bandos opuestos’, sin que se converse efectivamente sobre educación”. Completa la idea diciendo que eso hace que la educación sea “vista como instrumental a fines ajenos a su razón de ser y esencia, y quede acotada a titulares, adjetivaciones y simplismos sin sustento programático”. De la misma forma, plantea que a menudo se ve la educación como una “sumatoria de iniciativas, planes, programas e intervenciones sin visiones de conjunto que le confieren sentido, rumbo, contenido y proyección”. En cualquiera de los casos, Opertti afirma que esos caminos generan el “desdibujamiento de la relevancia y potencialidad de la educación en la sociedad, a pérdidas de influencias y de crédito en las agendas de las políticas públicas”.
En el prólogo del libro, Mariano Jabonero, secretario general de la OEI, afirma que la compilación “constituye un aporte fundamental y generoso al debate de ideas y propuestas en la región desde una visión transformadora de la educación y de los sistemas educativos”. Agrega que los cuatro libros agrupados abordan los principales desafíos de los sistemas educativos de la región después de la pandemia de covid-19 y lo hace desde una perspectiva comparada.
“Opertti hace un esfuerzo paradigmático por conectar con sentido ideas, sensibilidades, temas, enfoques, estrategias y prácticas que, en su conjunto, redoblan las esperanzas sobre el valor de la educación. Desde la convicción, la argumentación y la evidencia, enmarcados en un multilateralismo educativo, propone pensar y accionar juntos, como región y países, algo que la OEI apoya y promueve”, afirma Jabonero, quien completa que el libro es “un material de referencia para la comunidad educativa de la OEI”. Como la mesa de presentación también lo deja claro, Jabonero sostiene que el objetivo principal es el de “seguir fortaleciendo el diálogo y la construcción colectiva en torno a repensar la educación”.
Las diez ideas fuerza planteadas por Opertti
Opertti resume que el compendio se articula en torno a diez ideas fuerza que aparecen a lo largo del texto y “abogan por resignificar los sentidos, propósitos, contenidos y estrategias educativas en la política (politics), las políticas públicas (policy), la ciudadanía y la sociedad en su máxima expresión de pluralidad y diversidad”.
La primera idea fuerza planteada en el libro es la necesidad de contar con “una educación transformacional de calibre y compromiso planetario”. Entre otros aspectos, Opertti resume que se trata de observar la importancia de “fortalecer la confianza, empatía, colaboración y solidaridad intergeneracional”, con el objetivo de “sentar las bases de un renovado orden de convivencia planetaria”. Según agrega, ello debe estar permeado “por una concepción multidimensional de la sostenibilidad y estimulado por un multilateralismo educativo convocante y propositivo que genere confianza y empatice con las realidades locales”. Al mismo tiempo, el especialista plantea la relevancia de lograr “una visión de conjunto sobre los temas que hacen al bienestar y el desarrollo de las personas, las y los ciudadanos, y las comunidades, así como sobre los derechos humanos y de la democracia como modus de vida”.
La segunda idea es la de “una educación movida por el propósito de formar seres libres y pensantes” que, entre otras acciones, pasa por “reconocer que la persona alumno es una totalidad que se conforma por aspectos biológicos, psicológicos, antropológicos y sociológicos”. También por fortalecer “la adquisición de las competencias fundacionales” en “lenguas, culturas y comunicaciones, STEAM (ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemática, según la sigla en inglés) y las socioemocionales. De la misma forma, Opertti sostiene la necesidad de que los estudiantes puedan “ejercer la libertad sin ataduras”, con “las referencias y los conocimientos para poder cuestionar los negacionismos, los prohibicionismos, las cancelaciones y los relativismos exacerbados que minan la convivencia y la democracia”.
La tercera idea es la de “una educación de roles complementarios y vinculantes sustentada en el progreso social”, lo que, entre otras cosas, implica “integrar” distintos roles de la educación: “como política cultural, social, ciudadana, comunitaria, económica y de familias” orientada “a formar unitariamente en competencias y conocimientos para el ejercicio de los derechos humanos y la democracia, así como para renovados modos de convivencia, inclusión, protección social, prevención y cuidados en salud, producción, trabajo, comercio, desarrollo, movilidad, recreación y bienestar”.
“Una educación universalista y humanista incluyente de lo que es común y diverso” es la cuarta idea fuerza planteada por Opertti y, para ello, sostiene la necesidad de “fortalecer rol insoslayable del Estado en garantizar el derecho a la educación”. Con ese propósito, es necesario tener en cuenta “el derecho en sí mismo a la educación como bien común global, el derecho a aprender, el derecho a conocer múltiples perspectivas que se nutren de la interdependencia entre conocimientos locales y globales, y el derecho a la conectividad gratuita en educación”, según indica. Otro de los puntos señalados dentro de la mencionada idea fuerza es la importancia de “abogar por la complementariedad entre los valores de libertad, justicia, inclusión, cohesión, excelencia, equidad, solidaridad, cooperación y convivencia como ejes transversales de formación”.
La quinta idea fuerza del libro es generar un sistema educativo “que bregue por conectar enfoques, piezas de conocimiento y espacios de aprendizajes”. En ese sentido, el autor plantea la necesidad de tener claro “el para qué, el qué, el cómo, el dónde y el cuándo de educar, aprender y evaluar en el marco de una visión educativa unitaria y potente”. Por su parte, plantea que “el currículo, la pedagogía, la didáctica y la evaluación” deben tener el objetivo de “potenciar los procesos de enseñanza, aprendizaje y evaluación”.
Otra de los conceptos que Opertti desarrolla a lo largo de la obra es que el sistema fomente una “ciudadanía glolocal asentada en el respeto irrestricto a los derechos humanos”, para lo que, entre otros aspectos, es importante “visualizar la formación ciudadana como medular a los debates sobre la sostenibilidad cultural, política, social y económica, reconociendo la diversidad de afiliaciones, tradiciones y estilos de vida”. En suma, el especialista indica que en este plano también se necesita “integrar las dimensiones de educación civil (pluralidad, diversidad, tolerancia y convivencia) y cívica (historia, política y democracia), en el marco de una visión intergeneracional de formación ciudadana democrática”. De igual forma, se debería hacer “congeniar la conducción central del Estado que orienta a los centros educativos en cuanto a definir los para qué y los qué de la formación ciudadana” con su empoderamiento “para asumir la responsabilidad en su localización en cada comunidad”.
En cuanto a lo curricular, un tema que fue especialmente debatido en los últimos años en Uruguay, la séptima idea fuerza señala que se debe visualizar “al currículo y pedagogía como procesos localizados de cambio cultural y social”. Entre varios puntos que desarrolla al respecto, Opertti sostiene la necesidad de “legitimar y sostener el currículo a través de los diálogos, los acuerdos y las construcciones colectivas que involucran diversidad de actores e instituciones de dentro y fuera del sistema educativo”. Al mismo tiempo, propone “promover currículos flexibles, personalizados y empáticos” que estimulen a los estudiantes “a elegir qué explorar y en qué profundizar en conformidad con sus intereses”.
En relación con este tema, indica que la transformación del currículo y la pedagogía debe estar “sustentada en seis dimensiones”: “(i) sociocultural de alineamiento entre los imaginarios educativos y societales; (ii) holística que promueva la formación integral y el bienestar de la persona alumno y alumna; (iii) sistémica que hermane al currículo y a la pedagogía como instrumentos de la política educativa; (iv) comprehensiva que medie entre las intencionalidades de las políticas educativas y las prácticas efectivas; (v) orientada por la diversidad de las expectativas y necesidades de las y los alumnos; y (vi) apropiada por las y los educadores como los principales tomadores de decisiones de los sistemas educativos en las aulas”.
La octava idea fuerza sintetizada por Opertti es la de “una educación que apuntale la diversidad de las inteligencias humanas para direccionar las tecnologías”. Para ello, sostiene que se debe abordar la alfabetización en inteligencia artificial para entender su funcionamiento e incentivar que se aprenda “a hacer en tecnologías”, además de “abordar cuestiones éticas candentes respecto a sus usos”. De la misma manera, la formación debería incluir nociones para “saber interactuar proactivamente” con la tecnología y “reconocer su transversalidad con relación a la formación y al trabajo”.
“Una educación que promueva la empatía, la solidaridad y el compromiso intergeneracional” es otra de las ideas fuerza; a partir de ella, el autor sostiene que se debe “velar por el bienestar y la salud mental de las y los alumnos, y de las y los educadores”, además de “apoyarlos como coagentes de la educación y codesarrolladores del currículo”. Respecto de esta idea, también indica la necesidad de tener en cuenta “cinco dimensiones complementarias del rol de las y los educadores: (i) referente, guía y facilitador; (ii) visionario, pasional y amante del conocimiento; (iii) versátil, abierto de cabeza y glolocal; (iv) proactivo y autónomo, y (v) pensador y hacedor”.
Finalmente, la décima idea fuerza es la de “una educación iberoamericana asentada en la unidad de propósito y acción y en resguardar su diversidad”. En este plano, se propone generar “un renovado acuerdo, pacto o contrato social que congenie lo nacional y local, abierto al mundo y, a la vez, atento a los contextos, las culturas y las sensibilidades de cara a redefinir las bases de futuros mejores y sostenibles sustentados en una ciudadanía democrática y activa”.
En complemento, Opertti habla de “advocar por una nueva generación de políticas públicas que miren más a los futuros a forjar que a trabarse en discusiones crispadas sobre el pasado y el presente que alimentan el divisionismo”, además de encarar con firmeza tres problemas que afectan a América Latina y el Caribe. Entre estos, nombra la “calidad altamente deficitaria de los aprendizajes en lengua materna, matemáticas y ciencia; las brechas sociales en los logros de los aprendizajes que se entienden como inaceptables e intolerables; y la proporción marginal de alumnos destacados”. Al respecto, concluye que los impactos de estas dificultades “comprometen seriamente la realización de imaginarios de sociedades sostenibles, democráticos, inclusivos y justos” en la región.