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Educación Sistema educativo
Rita Segato, el 6 de octubre, en el IPES · Foto: Rodrigo Viera Amaral

Rita Segato, el 6 de octubre, en el IPES

Foto: Rodrigo Viera Amaral

Rita Segato en Uruguay: la educación, los derechos humanos y la necesidad de hacer frente a la normalización de la crueldad

La antropóloga brindó una conferencia en el IPES, en el marco del curso “Educación en Derechos Humanos y Cultura de la Paz” que también tuvo como invitado a Nicolás Arata.

Rita Segato entra en el salón de actos del Instituto de Perfeccionamiento y Estudios Superiores (IPES) y se sienta casi al fondo de la sala entre el público presente que termina de escuchar a Nicolás Arata. “¿Está Rita en la sala?”, pregunta Arata. “Entonces, que venga”, agrega desde la mesa de ponencias al frente del salón. Entre aplausos y algunos chistes que intercambia con su “telonero” —como Arata se presentó al comienzo de su conferencia previa—, Segato se acerca hacia la mesa y toma asiento para comenzar a compartir su diálogo con quienes la esperan.

Antes de empezar formalmente con la actividad, Segato compartió su promesa personal de no hablar en público sin portar un emblema palestino; por eso una persona entre quienes la escuchan atentamente en el público le alcanza un pañuelo y después solo se escuchan aplausos.

Segato es antropóloga y ejerció la docencia durante casi cuatro décadas —actualmente como profesora emérita— en la Universidad de Brasilia, en Brasil, donde reside de forma itinerante, aunque nació en Argentina. Además, es distinguida por su pensamiento e investigaciones en torno al feminismo, racismo y colonialidad.

A pesar del cansancio que le supuso la jornada, ya que Segato compartió que el día martes se dirigió desde temprano a otros puntos de Montevideo, su presencia en el IPES se enmarca en una breve gira que realiza esta semana por la capital de nuestro país, donde también brindó la conferencia inaugural del noveno Congreso de Extensión Universitaria de la Asociación de Universidades Grupo Montevideo este miércoles, en el Palacio Legislativo.

En esta ocasión, el IPES la recibió para brindar un conversatorio en torno a Derechos humanos y educación en el presente regional y latinoamericano como parte de una actividad del curso Educación en Derechos Humanos y Cultura de la Paz que brinda el Consejo de Formación en Educación de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP). En ese contexto, Arata, quien es doctor en Educación por la Universidad de Buenos Aires, también participó en la actividad al presentar su ponencia previamente a la antropóloga y moderar la conferencia que ella brindó.

El evento contó con la participación del presidente de la ANEP, Pablo Caggiani, y la directora de Derechos Humanos del organismo, Nilia Viscardi, quien también formó parte de la moderación de la actividad.

“Rita nos propone pensar en un registro muy distinto”

“Rita nos propone pensar en un registro muy distinto” al que estamos acostumbrados, dijo Arata, como preámbulo, para introducir una frase que Segato planteó en más de una oportunidad acerca de considerarse a ella misma como “exhumana”. A raíz del conflicto en Gaza, Arata introdujo esta posición de la antropóloga a la charla para referirse a “un mundo” que para Segato propone que “la expresión de los derechos humanos se ha vuelto una palabra vacía”. “Me salió de la tripa”, expresó ella al referirse a su dicho y agregó que se debe al sentimiento que generan las “barbaridades que nuestra especie puede hacer” y “lo perversa que es”.

A lo largo del conversatorio, Segato compartió distintos relatos vinculados a experiencias de su vida que fueron hilvanando la conversación con conceptos relacionados con la actualidad que vive el mundo.

La antropóloga se refirió, entre otros asuntos, al racismo en el ámbito escolar y social. En ese sentido, recordó el primer hecho racista que presenció cuando tenía 10 años y asistía a su escuela. A partir de las humillaciones que una maestra ejercía sobre la única niña que no era blanca en su clase, contó que años después comenzó a cuestionar la invisibilización racial en Argentina, lo que la llevó nuevamente a aquel momento de su infancia.

Para Segato, este tipo de situaciones constituyen formas de “microrracismo” que pueden pasar inadvertidas, pero que tienen efectos concretos durante la primera etapa escolar de un niño o una niña. En ese sentido, reivindicó el papel de los educadores y sostuvo que “la escuela tiene que mirar con la misma esperanza todas las cabezas”, independientemente de su color de piel.

La “pedagogía de la crueldad” y la “vulgarización” de la crueldad

Otro de los ejes de su intervención, propuesto en este caso por Viscardi, estuvo relacionado con la temática que propone Segato a través de su libro Contra-pedagogías de la crueldad y la forma en que la exposición reiterada al dolor y la violencia pueden modificar el umbral de “empatía” en la sociedad. La antropóloga sostuvo que nuestra sociedad actualmente atraviesa un proceso de “vulgarización” y normalización de la crueldad que hacen que “sintamos menos” estos aspectos.

Segato señaló que ella misma experimentó ese proceso al trabajar como perita en algunos casos en Guatemala y Colombia. Al respecto, contó que después de un primer momento de “malestar” frente a lo que observaba, con el paso del tiempo comenzó a relatar esos hechos y a “normalizar” y “ver como posible” algo “que no podría ser parte de lo que existe”, señaló.

Vinculado al tema, Segato planteó que existe un desafío que debe ser pensado colectivamente, especialmente por quienes se forman como educadores, y es a través de la pregunta: “¿Cómo trabajamos la memoria para no normalizar ciertos actos humanos?”. Para la antropóloga, este cuestionamiento forma parte de un problema en torno a la construcción de las “contra pedagogías” para hacer frente a la normalización de la crueldad.

A partir de allí, vinculó la discusión con su concepción de la política y de lo político y sostuvo que “la historia camina por el día a día de las personas” y cuestionó la idea de que las grandes transformaciones sociales puedan impulsarse únicamente desde el Estado. En ese sentido, consideró que uno de los errores de los “procesos revolucionarios” fue el intentar que a través de los Estados se encaminara la historia “en otra dirección”.

Frente a la masculinidad “corporativa”

“El tiempo de la transformación del mundo y las tareas que transforman el mundo no son de la política, sino de lo político, ¿y qué es lo político? Lo político es el cara a cara, el cuerpo a cuerpo”, dijo Segato. A través de ese razonamiento, propuso conducir la conversación en otra dirección y se refirió a la masculinidad como una “estructura corporativa” y “jerárquica”.

A través de esta definición sostuvo que “en general la opinión de otro hombre es fundamental para un hombre” y dijo que existe una “lealtad” entre varones que está por encima de cualquier otra cosa. Según planteó, ese modelo también se sostiene mediante pedagogías de la crueldad que enseñan a los varones a soportar y ejercer el dolor, aspecto que definió como la construcción de un “callo masculino”.

Para finalizar, luego de casi una hora y media de haber compartido con quienes se acercaron al IPES a escucharla, la antropóloga se refirió a la participación de las mujeres en los espacios institucionales. En ese sentido, señaló que cargos como los “jueces”, “catedráticos” y “políticos” tienen una carga vinculada al género masculino, por lo que consideró necesario que las mujeres que acceden a ellos tengan conciencia de género para “feminizar” esos lugares y transformarlos. Las mujeres “no deben dejarse colonizar por el cargo, que es lo que muchas veces pasa”, señaló. A su vez, compartió una pregunta para ejemplificar este aspecto y se preguntó: “¿Qué es lo primero que aprende una mujer que empieza a estudiar la carrera de Derecho?”. “A vestirse”, se respondió.