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Educación Educación terciaria
Pablo Martinis, Héctor Cancela, Mauricio Cabrera, Pablo Ezzati, Arturo Briva y Nicolás Duffau, el 3 de junio, en el Campus Luisi Janicki. Foto: Alessandro Maradei

Pablo Martinis, Héctor Cancela, Mauricio Cabrera, Pablo Ezzati, Arturo Briva y Nicolás Duffau, el 3 de junio, en el Campus Luisi Janicki. Foto: Alessandro Maradei

Entre la “puerta giratoria” y la lógica de “aerolínea”: Udelar discute cómo mejorar permanencia de estudiantes de primer año

Además de pensar acciones en conjunto con ANEP y UTEC, la Udelar pone en discusión prácticas de enseñanza y la forma en que organiza sus currículos.

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En los últimos años mucho se ha debatido sobre el cumplimiento del derecho a la educación. En la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) se marca desde 2015 la importancia de lograr “trayectorias educativas continuas, completas y protegidas”. Eso fue de la mano con varias políticas que se tomaron con el objetivo de que el sistema educativo entendiera que el estudiante es una única persona, más allá de que transite por distintas instituciones a su interna.

Recién bajo el rectorado de Rodrigo Arim estos temas comenzaron a sonar en la Universidad de la República (Udelar). La institución tiene libre acceso en la gran mayoría de sus carreras, pero prima una cultura en la que, más allá de la existencia de becas y la instalación de algunos dispositivos en los últimos años, el acompañamiento de los estudiantes y la preocupación por su desvinculación no son parte central de las políticas.

Si bien buena parte de la explicación que encuentran las autoridades tiene que ver con la falta de recursos presupuestales para atender a una matrícula cada vez más heterogénea y que viene en aumento, también tiene incidencia la cultura institucional. El aumento en los estudiantes que ingresan a la principal institución de educación terciaria del país está acompañado por la dificultad de sostener la cursada en el primer año. Días atrás, en una actividad organizada por la ANEP, Juan Cristina, actual decano de la Facultad de Ciencias y exprorrector de Enseñanza de la Udelar, dijo que, si bien el número puede ser variable en otros servicios, en su facultad “se pierde” 40% de la generación de ingreso en el transcurso del primer año.

Mercedes Collazo, profesora grado 5 de la Unidad Académica de la Comisión Sectorial de Enseñanza (CSE) de la Udelar, lo resume con la metáfora de la “puerta giratoria” o, de forma más conceptual, como un proceso de “inclusión excluyente”. En una actividad organizada este miércoles por el Prorrectorado de Enseñanza de la Udelar, referentes académicos y políticos de la institución intercambiaron sobre experiencias de fortalecimiento y renovación de los primeros años de las carreras.

El rector de la Udelar, Héctor Cancela, aseguró que, más allá del debe que tiene Uruguay en el egreso de la educación media, en los últimos 20 años hubo un proceso “muy acelerado” de incremento de la matrícula universitaria, que ha sido acompañado por el aumento del nivel de egreso en las carreras, que, de todas formas, últimamente se ha estancado.

A partir de la temática del evento, el rector valoró que “el primer año de universidad es crítico” y, según dijo, se trata de un “salto” marcado por el ingreso a una nueva institución. Cancela planteó que en la Udelar se aspira “no solo a formar en la disciplina, sino a formar personas con capacidad crítica”. De acuerdo con el rector, se proponen planes “muy flexibles” bajo el supuesto de que los estudiantes ya son adultos que deben ser protagonistas de sus procesos formativos, pero planteó que eso trae consigo el desafío de acompañar ese proceso. Según completó, cuando entran a la Udelar los estudiantes no están habituados a la optatividad de los cursos y deben “construir” ese aprendizaje.

Acciones interinstitucionales y desafíos propios de la Udelar para generalizar la educación superior

En una mesa integrada por representantes de las áreas de conocimiento y de los servicios del interior se plantearon distintos desafíos que la Udelar aborda para mejorar la permanencia de sus estudiantes en un contexto de crecimiento de matrícula y estancamiento presupuestal.

Arturo Briva, decano de la Facultad de Medicina, se refirió en concreto a la posibilidad de que los estudiantes ingresen a las carreras del Área de la Salud desde distintos bachilleratos. Según dijo, eso es posible “en el entendido de que siempre les vamos a aportar algo a los estudiantes, tenemos claro a dónde queremos llegar y consideramos que se puede llegar a eso desde distintas trayectorias”. Sin embargo, señaló que para que eso ocurra los servicios del área deben “tener capacidad de hacer cosas diferentes para los que tienen formaciones diferentes”, algo para lo que actualmente se encuentran “limitados”.

Nicolás Duffau, decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, hizo referencia a la aprobación por parte del Consejo Directivo Central de la Udelar de un documento titulado Hacia la construcción de un Plan Nacional de Promoción de la Democratización de la Educación Superior. Dicho documento fue elaborado en la Comisión Mixta que la Udelar también integra con la ANEP y con la Universidad Tecnológica (UTEC) y esta semana también fue aprobado por el Consejo Directivo Central de la ANEP.

El documento plantea acciones como la articulación de inscripciones a carreras de educación terciaria, ampliar los programas de tutorías entre pares, dar apoyo psicológico y psicopedagógico para la continuidad educativa en los primeros años de las carreras universitarias y ofrecer acompañamiento en la preparación de exámenes. También habla de fortalecer políticas interinstitucionales de cuidados para estudiantes con personas a cargo y de desarrollar y fortalecer un observatorio para el seguimiento de las trayectorias estudiantiles entre las tres instituciones.

El decano de Humanidades se refirió a las restricciones presupuestales de la Udelar y dijo que, “de no cambiar esa realidad, la principal institución terciaria del país va a ver muy comprometida la posibilidad de garantizar el derecho a la educación para todas las generaciones que ingresan”. En esa línea, habló del “malestar docente” que ha generado el aumento de matrícula, en particular en las carreras del Área Social y Artística, principalmente porque ha implicado una sobrecarga en las tareas y ha puesto en evidencia limitaciones edilicias.

Duffau mostró su convencimiento de que “ninguna propuesta de reforma puede ir contra el sentir docente”, y llamó a tener en cuenta especialmente las perspectivas de los docentes que “están en la línea de fuego de los primeros años de formación universitaria”.

El decano afirmó que la institución también debe diversificar sus modalidades de enseñanza. En ese sentido, planteó que la Udelar tiene una modalidad marcada por la clase expositiva tradicional, lo que choca con la forma en que la mayoría de sus estudiantes más jóvenes se ha alfabetizado, en procesos atravesados por la tecnología. Desde su perspectiva, es necesario que la Udelar promueva una “agenda de cambios graduales y experimentales hacia el objetivo común: lograr una universidad crecientemente democratizada en términos de acceso y de egreso”.

Decano de la FING planteó que aceptar inscripciones desde cualquier bachillerato muchas veces termina exponiendo a estudiantes

Pablo Ezzati, decano de la Facultad de Ingeniería (FING), habló de la necesidad de que la Udelar haga “autocrítica” y se concentre en las cosas que puede mejorar por sí misma. Además, se refirió a distintas situaciones que se presentan en su facultad, que desde hace algunos años lleva adelante distintas acciones para mejorar la permanencia y el egreso de sus estudiantes.

El decano apuntó contra el voluntarismo que existe en la universidad, institución en la que no está bien visto decir que no cuando llega una propuesta, pero en la que muchas veces no se tienen en cuenta las condiciones materiales para implementarlas. Por ejemplo, se refirió al caso de una carrera compartida con otro servicio de la Udelar que se aprobó el año pasado con la posibilidad de ingreso desde cualquier bachillerato. Según dijo, los docentes de la FING que defendieron esa posibilidad ahora van a quejarse al Decanato por el nivel que muestran los estudiantes en las pruebas, y se preguntó a qué fueron expuestos los estudiantes al aprobar esas reglas de juego.

Ezzati llamó a “focalizar” en acciones que apunten a cambiar las realidades que tienen que atacarse de forma prioritaria antes que a acciones que, aunque sean innovadoras, no se pueden sostener en el tiempo o no apuntan a los principales problemas a nivel de enseñanza. En tanto, el jerarca cuestionó el acceso a la información en la propia Udelar y planteó que “faltan un montón de herramientas de gestión” para el tamaño de la institución.

Al respecto, señaló que en la Udelar prima una cultura “artesanal” que ya no es viable con el crecimiento estudiantil de los últimos años. “En un curso de 2.000 personas tiene que haber una coordinación, una gestión, saber lo que se va a dar, darles a los estudiantes una coherencia, reglas claras, y eso nos cuesta un montón”, sostuvo.

Ezzati contó que en la FING se estima la cantidad de gente que va a rendir los parciales de los cursos más masivos de forma similar a “una aerolínea”: “Sobrevendemos las sillas, porque no entran en el local”, relató, y agregó que eso hace que tengan que estimar cuánta gente que está en lista va a faltar a las pruebas. El decano señaló que eso se hace “sin herramientas” y a veces él mismo termina encargándose de la tarea. “Tenemos tres escarbadientes, los tenemos que usar bien. Tenemos que ir rápido a hacer cosas que cambien y mejoren”, concluyó.

El filtro del primer año

Collazo, por su parte, cuestionó la cantidad de carreras que ofrece la institución: más de 140 carreras de grado y, según dijo, al menos 50 de ellas se crearon en los últimos años. Para la docente, ese “proceso de diversificación curricular puede estar dificultando la visualización de la oferta” para los estudiantes.

La referente de la Unidad Académica de la CSE dijo que el análisis de los factores propios de la Udelar que llevan a la exclusión en los primeros años es un “punto poco visibilizado” entre los docentes. Collazo se refirió a la necesidad de revisar “rasgos estructurales del currículo universitario”, que se generaron más de un siglo atrás, cuando la universidad tenía encomendada la tarea de formación de élites para el país.

En ese sentido, sostuvo que en la Udelar “pervive el modelo curricular de la racionalidad técnica”, que supone que las carreras empiezan abordando “todos los conocimientos básicos” que se requieren para el ejercicio profesional y, además, con una exigencia muy alta. Según la docente, es necesario “conectar los contenidos de la formación inicial con el sentido de la profesión”.

Collazo completó que otro de los rasgos de los currículos universitarios es el de la fragmentación, que “es histórica y tiene que ver con la estructura de las disciplinas y la creciente especialización”. De acuerdo con su argumento, esto va acompañado de un “enorme enciclopedismo” por el que se apuesta a trabajar “desde la lógica disciplinar en extensión y profundidad a la vez y al máximo”. “Para los inicios quizás tendríamos que pensar si eso es posible. 15 unidades curriculares en un primer año no puede haber”, dijo, y argumentó que eso luego conduce al “evaluacionismo”.

Según la referente académica de la CSE, es necesario considerar el grado como el primer escalón de la formación terciaria, que luego puede ser continuada en el posgrado. En ese sentido, llamó a “repensar los objetivos iniciales del primer año” de las carreras y a dejar en claro qué es lo que se espera que aprendan los estudiantes en ese momento.

Entre algunas propuestas, mencionó la posibilidad de diseñar ciclos iniciales flexibles y organizados en función de contenidos de carreras afines, algo que se aplica en el interior (ver recuadro), pero que puede ser llevado a los servicios de Montevideo. Además, habló de “rever la ubicación de las disciplinas críticas” y que no estén en el primer año, lo que supone “ir ajustando el grado de dificultad progresivamente”. “Si solo frustramos a la gente en primer año, es difícil que tenga ganas de quedarse”, valoró.

Por su parte, planteó la importancia de que todos los servicios universitarios cuenten con pruebas diagnósticas al inicio de las carreras y de revisar las modalidades de enseñanza y evaluación. También marcó la importancia de los manuales didácticos para los estudiantes que ingresan, ya que “en muchas carreras no están leyendo absolutamente nada” y “hacen síntesis de todo lo que encuentran en el EVA [Entorno Virtual de Aprendizaje]”.

Según completó, la Udelar debería “atreverse a discutir si no es razonable que los estudiantes se puedan inscribir a no más de dos carreras de forma simultánea”, lo que “mejoraría enormemente la planificación educativa” en la institución.

La experiencia de los CIO en el interior

En representación de la Comisión Coordinadora del Interior, el director del Centro Universitario Regional Litoral Norte, Mauricio Cabrera, sostuvo que la política de descentralización de la Udelar debe de haber sido la principal política de la institución que contribuyó con la democratización en el acceso a la educación superior en los últimos años.

No obstante, planteó la necesidad de revisar los ciclos iniciales optativos (CIO), que ya tienen más de diez años. Según dijo, hasta el momento han logrado ser vías de ingreso alternativo a la institución, pero con el paso de los años han perdido su carácter propedéutico y el valor en sí mismo del tramo, que ha pasado a valorarse en función de la carrera posterior a la que permite ingresar. Cabrera planteó que “eso se tensiona más” en la medida en que se ha ampliado el listado de carreras que el CIO permite seguir cursando al año siguiente. “Se intenta poner un contenido específico para cada carrera posterior, y eso ha hecho que no haya tanta facilidad para la movilidad de estudiantes entre CIO”.

Según el director, la clave para salir de esa lógica es “romper el paradigma de la formación por contenido, que está fuertemente instalado en la universidad”, y priorizar la acreditación de módulos. Muchos estudiantes se frustran porque se les exige el egreso del CIO para anotarse al segundo año de una carrera al año siguiente, lo que se suma a que “en muchos casos el estudiante, con 17 o 18 años, no tiene la vocación disciplinar definida”, agregó.