La palabra que usa Danilo Astori para definir la actitud del Frente Amplio (FA) en la crisis de 2002 es “responsabilidad”. En entrevista con la diaria, el senador de Asamblea Uruguay y exvicepresidente de la República defiende la posición que adoptó en ese entonces, que lo hizo enfrentarse con sus compañeros e incluso con el presidente de la fuerza política, Tabaré Vázquez, de forma pública.

En contra de plantear el default y el juicio político a Jorge Batlle, y en ocasiones manifestando explícitamente su respaldo al gobierno, Astori fue protagonista de las discusiones que afrontó la izquierda en 2002, y 20 años después reafirma las ideas que en ese momento lo dejaron “solo”: “Todos admitieron, con aquellos con los que pude hacer comentarios al respecto, que el camino correcto había sido el que yo había defendido”, asegura.

Al hablar sobre la crisis de 2002, ¿cuáles son las primeras ideas o recuerdos que te vienen a la mente?

Las primeras ideas tienen que ver con el carácter de la crisis, y ahí hay dos cosas a tener en cuenta: por un lado, que tuvimos una crisis de deuda y, por otro, una crisis bancaria. En segundo lugar, hay que destacar que fue una crisis yo no diría compartida, pero que afectó a Argentina y Uruguay al mismo tiempo, con causas y consecuencias diferentes pero que tuvieron puntos de enlace fundamentales.

¿Qué papel jugó el Frente Amplio (FA) en esos días?

Yo diría que si hay una palabra que lo define es la responsabilidad. A mí me parece que el FA adoptó una posición crítica, opositora con las medidas que se tomaron en el país, pero lo hizo con responsabilidad, sin alimentar ni estimular conductas que fueran extremadamente ofensivas sobre las medidas que se estaban tomando: hizo sus críticas, votó en contra, por lo general, y simultáneamente adoptó esa actitud responsable, que yo caracterizaría como una actitud republicana, democrática.

¿En ese momento se planteaba en esos términos esta correlación entre ser oposición y ser críticos, pero también ser responsables y garantizar la continuidad del gobierno?

La responsabilidad no significa ocultar las diferencias, y el FA las planteó permanentemente. Responsabilidad significa no fomentar actitudes de desborde frente a esas consecuencias y eso fue lo que hizo el Frente, y lo hizo bien aun cuando tuvo diferencias internas, que se resolvieron democráticamente. La postura que defendió la oposición frenteamplista fue la mayoría que se obtuvo en la discusión interna; fue mayoritaria, pero había matices. Había diferencias importantes.

En un momento algunos sectores manejaron la posibilidad de hacerle un juicio político a Batlle e instalar un “gobierno de salvación nacional” para hacer la transición. ¿Por qué no estuviste afín a esos planteos?

Yo no estuve afín al planteo de determinar el default, la cesación de pagos ante la crisis de la deuda. A mí me pareció y me sigue pareciendo: la historia lo demostró, contrastando incluso los casos de Argentina de Uruguay, que optó por la negociación, por el acuerdo con los acreedores, y la verdad es que salió bien. Yo estoy de acuerdo con esa postura y sigo creyendo que es la que Uruguay debió haber adoptado en ese momento.

Entonces, con el diario del lunes te parece que fue correcto tomar esa posición.

La historia lo demuestra. Uruguay no sólo resolvió los términos de la deuda y las exigencias que le planteaba al país, sino que es hoy, por muy lejos, un país de alta confianza financiera y en materia de deuda tiene un coeficiente de riesgo muy bajo, ha tenido un manejo de la deuda muy bueno, hecho, en primer lugar, por el propio Frente Amplio durante los 15 años de gobierno, y ahora se continúa con ese manejo de deuda que es impecable. Creo que al país le ha traído solamente beneficios. Esto que estoy diciendo ahora no lo podría decir si hubiéramos determinado el default como pidió el Frente Amplio.

De todas maneras, yo adopté una actitud coherente de disciplina partidaria y voté en contra de las propuestas que había realizado el gobierno, pero convencido de que este era el camino, el que en definitiva se siguió. Hay una parte que quiero señalar, además, y ahí no tuvimos ninguna diferencia, que es la parte de la crisis bancaria, porque los desequilibrios de Argentina originaron una fuga de depósitos muy importantes y esa fuga de depósitos se transmitió a Uruguay; a la gente, después de sacar dinero en Argentina, le dijeron que no se podía sacar más, el famoso corralito se trasladó a Uruguay y se empezó a sacar plata de Uruguay, y ahí empezó no la crisis de la deuda, sino la crisis bancaria en Uruguay.

Ahí el FA actuó unánimemente porque encontró un sistema financiero donde no había mecanismos de supervisión y regulación de la conducta de los bancos, y ocurrieron cosas difíciles de creer; por ejemplo, no sólo no había mecanismos de regulación bancaria, sino que llegaron a pasar cosas como que faltó una hoja en el libro de actas del Directorio del Banco Central, cosa que nunca se aclaró.

Sobre la posibilidad del juicio político, ¿cuál fue tu posicionamiento?

Lo mismo que planteó el FA. A mí me pareció que eso que hemos llamado oposición responsable incluía, en un momento difícil como ese, un apoyo al gobierno. Por eso tampoco estuve de acuerdo con una convocatoria a un gobierno alternativo, porque en momentos difíciles como los que se estaban viviendo lo importante era, más que plantear medidas de sustitución o alternativas, tratar de apoyar el camino que el gobierno había decidido.

Volviendo al tema del default, que fue una de las principales diferencias que tuviste con tus compañeros, incluso con Tabaré Vázquez, ¿en algún momento tuviste conversaciones en las que te dijeron que se equivocaron en este momento?

Yo quedé solo, y no sólo con Tabaré Vázquez. Todo el resto del FA votó distinto. No recuerdo en realidad si tuve alguna conversación, pero todos admitieron, con aquellos con los que pude hacer comentarios al respecto, que el camino correcto había sido el que yo había defendido. No recuerdo haber tenido conversaciones de reconocimiento, pero muchos frenteamplistas me hicieron llegar opiniones al respecto. No estoy hablando de dirigentes, estoy hablando de militantes, etcétera, y algunos compañeros dirigentes también lo hicieron, pero no puedo identificar casos concretos. Tabaré también; aun sin mencionarlo expresamente, yo estoy seguro de que terminó reconociendo que el camino correcto había sido el que se siguió, en definitiva.

¿Cuánto pesaban en ese momento las cercanas elecciones de 2004 en las decisiones que adoptaba el FA? ¿Había una lectura de interés electoral?

Yo creo que el Frente en términos generales actuó con responsabilidad, y si bien se preparó para la elección de 2004 yo no diría que hizo predominar esa conducta electoral sobre las posturas a defender ante la crisis. Obviamente el Frente quería ganar la elección y trató de hacer lo posible por convocar a las mayorías necesarias para lograrlo, sin duda, pero me parece que en ningún momento hizo predominar su interés electoral. Yo participé como dirigente, en ese momento, en todas las discusiones que se tuvieron en el Frente sobre estos temas, que fueron discusiones muy intensas, muy largas, y yo no podría decir que predominó el interés electoral.

Hubo figuras relevantes de la izquierda en esa época, como Jorge Zabalza, que plantearon que en ese momento el FA adoptó una estrategia rentable en términos electorales pero en desmedro de los intereses populares.

Estoy convencido de lo contrario: si hubiéramos seguido el camino del default, el camino del desequilibrio y del no acuerdo con los acreedores, que siguió Argentina, eso hubiera perjudicado mucho más a la gente más débil, más desposeída, más castigada por la crisis.

Con el paso del tiempo se reconoce a la figura de [Alejandro] Atchugarry como uno de los grandes responsables de la salida de la crisis, y también hay quienes destacan el accionar de Batlle durante su presidencia para llegar a la mejor salida. ¿Compartís esta visión?

Totalmente, [Atchugarry] fue fundamental porque fue un ministro que dialogó permanentemente y a cualquier hora del día y de la noche; nos hablábamos a diario, y a veces en los días más calientes, más importantes, varias veces por día. Por supuesto, Atchugarry fue desde el gobierno la figura emblemática que concibió la necesidad de seguir este camino y lo empujó, y Batlle lo apoyó. Yo también estoy de acuerdo con la actitud que adoptó Batlle con respecto a todos estos temas, porque los resultados son los que resultaron mejores para el país, y vuelvo a repetir: la historia lo demostró.

¿No pudo el gobierno de Batlle tomar más medidas para prevenir la crisis? ¿Era algo inevitable?

Bueno, no. Separemos la actitud previa a la crisis de Batlle y lo que después hizo, desencadenada la crisis, como dos momentos diferentes. Yo durante todo el gobierno de Batlle, hasta el momento de las decisiones de la crisis, estuve totalmente en desacuerdo, porque tenía otra visión de la política económica y la sigo teniendo, obviamente, con respecto al sector batllista, pero otra cosa es, una vez explotada la crisis, qué hacemos, ¿me explico? Y cuando explota la crisis estuve de acuerdo con lo que hizo Batlle, porque creo que fue el camino correcto que necesitaba el país.

¿Qué medidas podría haber adoptado previamente? ¿Cuáles marcaste en ese momento?

Una fundamental fue la carencia de instrumentos de supervisión y control del sistema financiero bancario. Puse el ejemplo de la página del Directorio del Banco Central que faltaba, de la desprolijidad del gobierno, y de eso el responsable es el Banco Central, pero en última instancia el responsable es el presidente de la República, así que ahí tengo una diferencia sustancial muy importante.

¿Qué aprendizajes o resonancias dejó la crisis?

Primero, la necesidad de tener instituciones financieras que realicen la supervisión, el control de cómo se comportan las instituciones que componen el sistema.

En segundo lugar, la necesidad de adoptar conductas responsables en materia de gestión y administración de la deuda pública. Eso, por suerte, lo logramos durante el primer gobierno del Frente Amplio, ya cambiamos mucho lo que había en el país en ese momento, y hoy Uruguay es uno de los países que administran mejor su deuda pública, con criterios modernos, con criterios de supervisión y control, con solidez, seguridad y certeza en el manejo de las variables, al punto de que el equipo que maneja la deuda pública en este momento en Uruguay es el mismo que teníamos nosotros durante el gobierno del FA, son profesionales de alta calidad. Agregaría que naturalmente tenemos, en términos generales, visiones diferentes entre el gobierno y la oposición en este momento acerca de la política económica.

El gobierno actual hace un culto del resultado fiscal, un culto extraordinariamente rígido, y con ello quita posibilidades de colaboración entre el sector público y el sector privado y de mejores resultados para la gente que está sufriendo más. Basta tener en cuenta la cantidad de ollas populares que hay en el país y cómo crecen los problemas de empleo, los problemas de pobreza, para darse cuenta de que el resultado fiscal está mal manejado, porque se ha hecho un culto de su reducción, sin tener en cuenta que arriesgar un poco más desde el punto de vista fiscal hoy puede traer resultados positivos en el futuro.

Recién destacabas la responsabilidad y el diálogo con el gobierno como atributos de la oposición durante la crisis. ¿Los identificás en el Frente Amplio actual?

Yo creo que sí. El FA está dispuesto a ser oposición y lo está siendo, pero está dispuesto a dialogar también. Como algún compañero dijo, dialogar no es conversar, dialogar es estar dispuesto a perder un poco de identidad en aras de un acuerdo. Si nosotros nos reunimos y no estamos dispuestos a perder un poco de identidad, es una conversación y nada más. Lo fundamental es buscar temas de actuación conjunta, temas de Estado en los que el gobierno y la oposición puedan construir. Así que yo diría que es muy importante mantener firme nuestra posición, bien diferente de la del gobierno, pero también estar dispuestos a buscar acuerdos cuando se den las condiciones.

Por eso yo creo que el FA tiene que apostar a su renovación ideológica permanentemente y a su renovación organizativa, de modo de asegurar que podamos escuchar todas las voces que hay en el FA, donde tenemos principios de acción comunes pero también tenemos diferencias en cuanto a la aplicación de esos principios, que son diferencias ideológicas que no podemos negar, pero tenemos que estar dispuestos a escuchar a todos los compañeros. Y finalmente la renovación generacional, que es muy importante también.

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