El gobierno argentino de Javier Milei nombró “Ley de Modernización Laboral” al texto que, tras la reciente aprobación en el Senado -con 42 votos a favor, 28 en contra y dos abstenciones-, modifica drásticamente las relaciones entre los empleadores y la clase trabajadora. Otro ajuste disfrazado de renovación que atrasa décadas. El tiro de gracia al corazón de las personas que trabajan, dirigido con empeño al de las mujeres trabajadoras.
Para Cynthia Benzion, expresidenta de la Asociación de Abogados y Abogadas Laboralistas, no existe la neutralidad de género en materia de regulaciones sociales: “O se transforma el statu quo mediante acciones afirmativas o se reproduce la desigualdad del sistema imperante. Esta nueva ley reproduce y agrava la ya deteriorada situación de las mujeres y las sexualidades disidentes, recurriendo a viejas recetas”.
Benzion ubica el desfinanciamiento de la seguridad social como el primer embauque: “Producto de las numerosas causas de discriminación estructural existente, las mujeres acumulamos menos recursos para nuestra vejez y nos exponemos a mayores vulnerabilidades. Es decir, llegamos a viejitas más pobres que los varones. Por ende, todo lo que signifique reducir o ajustar las jubilaciones nos va a impactar más”.
En la revista La crítica del derecho, Benzion explica cómo la reforma reduce contribuciones a la seguridad social al eliminar sanciones y condonar deudas por trabajo no registrado de empleadores incumplidores. Además, para el pago de las indemnizaciones por despido se crea el Fondo de Asistencia Laboral (FAL) con aportes patronales que antes iban a la Agencia Nacional de la Seguridad Social. “Los empleadores podrán despedir con libertad y a costo cero. Un costo absorbido por el sector más vulnerable de nuestra sociedad, jubiladxs y pensionadxs, que aumenta la demanda del cuidado, fuertemente feminizado. Los y las pobres financiando a los ricos. El Estado Hood Robin [que, al revés de Robin Hood, transfiere recursos a favor de una minoría de privilegiados] en su máxima expresión”, remata la experta.
Como si no fuera suficiente el daño, la norma excluye del FAL a las trabajadoras de casas particulares, para quienes, encima, extiende a seis meses el plazo de prueba -hasta ahora era de un mes para trabajadoras sin retiro y de tres meses para trabajadoras con retiro-. La consecuencia se prevé bastante obvia: fácil rescisión de vínculos laborales sin expresión de causa y sin indemnización, en un sector de alta inestabilidad e informalidad histórica.
Según la Asociación Argentina para la Investigación en Historia de las Mujeres y Estudios de Género, 1,5 millones de personas trabajan en el país realizando tareas de limpieza y/o de cuidados en casas particulares. El 98% son mujeres, mayormente de sectores populares, migrantes y con hijos e hijas a cargo. El 77,9% no están registradas, principalmente las que ocupan pocas horas en diferentes hogares. Sin embargo, cual guionistas de ficción, desde Presidencia celebraron en un comunicado oficial la modernización aprobada, porque permitirá “planificar a largo plazo y crear empleo de calidad”.
Cuidados
La Ley de Modernización Laboral modifica 28 leyes y deroga 11. Por ejemplo, pone patas arriba la Ley de Contrato de Trabajo —vigente, con cambios, desde el gobierno peronista de 1974—, al habilitar que las vacaciones se fraccionen por un mínimo de siete días. El empleador deberá conceder el goce de las vacaciones entre octubre y abril -incluyendo así el período estival-, pero las partes pueden “acordar” disponerlas por fuera de esos meses.
Pasajeras en tren próximo a Constitución en Buenos Aires.
Foto: Victoria Gesualdi
Por otro lado, y a contramano del mundo, se legaliza que la jornada laboral diaria se amplíe de 8 a 12 horas —siempre que se respete el descanso reglamentario de 12 horas entre días de trabajo y el descanso semanal de 35 horas— y se elimina la obligación de pagar horas extra. La nueva normativa insiste con que empleador/a y trabajador o trabajadora “acuerden de manera voluntaria” un banco de horas o francos compensatorios.
Benzion vuelve a tamizar la letra de la ley: “En la naturaleza de la relación de dependencia está la imposibilidad fáctica de que exista un acuerdo entre trabajador y empleador. La voluntad del primero jamás es libre. Precisamente por ello la función del derecho del trabajo es establecer pisos mínimos de protección para evitar supuestos ‘acuerdos’ que son mera imposición patronal”.
En diálogo con la diaria, agrega: “Para las mujeres que tienen hijos, personas con discapacidad o adultos mayores a cargo, el fraccionamiento de las vacaciones y la flexibilización de las jornadas laborales hacen imposible conservar el trabajo. Llegás un día y te dicen ‘mañana trabajás 12 horas’. ¿Quién busca a los chicos al colegio? ¿Quién acompaña a un familiar a un turno médico? O te autorizan una semana de vacaciones en mayo, otra en agosto y en octubre: ¿quién atiende a los niños en verano cuando no hay clases? Ni hablar del deseo de conciliar y disfrutar del descanso en familia”.
En este panorama, resuena como un eco la sistemática indignación de Milei frente a la caída de la natalidad y su vinculación, sin evidencia, con la legalización del aborto. Reversionando al consultor político estadounidense James Carville: “Son los cuidados, estúpido”.
Tiempo
Leticia Medina, secretaria general del Gremio de los Docentes e Investigadores Universitarios de Córdoba, resume en una frase un debate válido sobre la necesidad de actualizar las leyes del trabajo: “Las trabajadoras necesitamos tiempo”. Enumera lo que ya faltaba en Argentina y hoy parece transformarse en horizonte utópico: “Necesitamos leyes que garanticen espacios de cuidado a cargo de los empleadores y del Estado, y sistemas de licencias que se distribuyan de manera equitativa para que las tareas de cuidado no recaigan sobre nosotras. Necesitamos leyes que limiten la jornada laboral. Y, en especial, necesitamos leyes que reconozcan las desigualdades que existen en el mundo del trabajo: de género, generacionales, de origen étnico y de poder entre trabajadores, trabajadoras y empleadores”. En épocas oscuras, vale recuperar la invitación de Eduardo Galeano y aferrarse a la “utopía que sirve para caminar”.