Un año más, los feminismos se manifestaron en ciudades de todo el mundo durante una nueva jornada del 8M, con motivo del Día Internacional de las Mujeres. En un contexto global de avance de la ultraderecha, aumento de la brecha ideológica entre hombres y mujeres jóvenes y auge de la manosfera, el movimiento feminista enfrenta uno de sus momentos más tensos. La realidad es que, al mismo tiempo que en la región se presenta un avance en la legislación con perspectiva de género, la reacción contra las luchas feministas está más organizada que nunca.

Es por eso que este año, en la región, a las consignas como “Ni una menos” o “Nos queremos vivas”, en denuncia de la violencia machista y los femicidios, se sumaron protestas contra el imperialismo y contra los gobiernos ultraconservadores, como el de Javier Milei en Argentina, que arrasó con las políticas de género, o los de El Salvador y Nicaragua, en Centroamérica, que atentan directamente contra los derechos de las mujeres penalizando y prohibiendo el aborto. A este mapa se suma Chile, a unas horas de que Antonio Kast asuma como presidente al frente del primer gobierno de derecha desde el fin de la dictadura.

Cómo se vivió el 8M en América Latina

En Colombia, las mujeres se presentaron el domingo en las urnas con un símbolo de resistencia feminista, ya que la jornada en la región se vio marcada por las elecciones para el Congreso. La plataforma de mujeres y disidencias Bloque Feminista reivindicó en sus redes sociales el derecho a votar: “Las elecciones de Senado y Cámara, el espacio donde se debate el futuro de este país; y nosotras, como mujeres, tenemos la responsabilidad de ejercer este derecho, por el cual se luchó tanto. Así que las invitamos a ir a nuestros puntos de votación con nuestras pañoletas moradas, como símbolo de resistencia”.

En Chile, también en un momento de cambio político a días de la asunción de Kast, el lema “Ni un paso atrás” protagonizó las pancartas de este 8M para alertar los riesgos que supone para los derechos de las mujeres las convicciones ultracatólicas del futuro mandatario.

En Centroamérica la lucha se centró contra las políticas antiaborto. En El Salvador, bajo el régimen de Nayib Bukele, hay una recesión de los derechos humanos, tal y como lo calificó el mes pasado la Agrupación Ciudadana por la Despenalización del Aborto al anunciar su disolución. Era la única organización del país dedicada a defender el derecho de las mujeres a decidir durante el embarazo y reconocida por su trabajo para liberar a las presas por abortar, pero anunció su disolución legal ante un “contexto adverso”, y aseguró que seguiría la lucha desde el activismo.

En Nicaragua, el régimen de Daniel Ortega, cuyo mandato se caracteriza por una violencia política contra las mujeres, también prohibió el aborto en todas sus formas y criminalizó la protesta social. Tanto es así que la situación obligó a las principales figuras del feminismo a pasarse a la clandestinidad, después de que fueran encarceladas 33 activistas y opositoras.

En Venezuela tuvo lugar la primera marcha del 8M tras la caída de Nicolás Maduro: puso el foco de la denuncia en la precariedad de los cuidados en un país con el salario mínimo congelado y pidió la libertad de las presas políticas durante el régimen del dictador. La marcha de este año tuvo la consigna “Juntas por la democracia” y reunió a decenas de familiares de presos políticos, excarcelados, sindicalistas y estudiantes que reclaman el espacio de las mujeres en la transición política que atraviesa Venezuela desde el 3 de enero, tras el secuestro de Maduro por parte de Estados Unidos.

Una de las consignas más coreadas durante la marcha fue la que pidió por la libertad de las 56 mujeres que forman parte del grupo de 526 detenidos políticos que aún permanecen en prisión, según el último reporte de la ONG Foro Penal.

Por su parte, en Argentina, la marcha y el paro de mujeres fue convocado el lunes 9. La idea fue promovida por el colectivo Ni Una Menos, que afirmó que el paro de actividades no tiene la misma repercusión un domingo que un día laborable. “Este 9M volvemos a las calles en todo el país porque no aguantamos más el ajuste y su política de hambre, odio y represión. Frente al gobierno fascista levantamos la bandera de la rebelión feminista: organizadas, unidas y en lucha. ¡Fuera Milei! ¡Los feminismos combativos son la rebelión que necesitamos!”, decía la convocatoria.

Las manifestaciones en Argentina tuvieron como foco los recortes en las políticas de género por parte del gobierno libertario, desde el cierre definitivo del Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidades, cuando recién asumió, hasta el subsiguiente vaciamiento de las políticas destinadas a garantizar derechos de las mujeres y proteger a las víctimas de violencia de género.

En Brasil, el 8M llegó después de que el país registró en 2025 el número más alto de femicidios de la historia: 1.518 mujeres y niñas asesinadas por violencia machista. Así, las manifestantes reclamaron contra “la epidemia de femicidios”.

México también llegó a cifras preocupantes, en su caso, por la impunidad del 95% en los crímenes de violencia machista, en un país donde alrededor de diez mujeres son asesinadas cada día.

En Uruguay, miles de mujeres marcharon en Montevideo y otras ciudades frente a la violencia machista, las desigualdades de género y la “amenaza imperial”.