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Feminismos Derechos sexuales y reproductivos
Foto principal del artículo 'La pastilla anticonceptiva masculina y un debate cultural de fondo' · Foto: Sin dato de autor

Foto: Sin dato de autor

La pastilla anticonceptiva masculina y un debate cultural de fondo

Avanzan las pruebas y la polémica detrás de la píldora YCT-529.

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El estudio de la salud femenina, incluidos tópicos como la menstruación o enfermedades como la endometriosis, ha sido una cuestión invisibilizada a lo largo de la historia de la medicina; en ese escenario, una deuda pendiente de la ciencia con las mujeres es, sin dudas, la evolución en los métodos anticonceptivos. Mientras que durante décadas la investigación y el financiamiento estuvieron puestos en el desarrollo de anticonceptivos femeninos, no mucho parece haberse avanzado en relación con los métodos para los varones, más allá del preservativo, algo que llama la atención si miramos en paralelo la gran cantidad de recursos que existen para las mujeres, desde píldoras a inyectables, parches, pasando por el anillo vaginal, el diafragma o el dispositivo intrauterino (o DIU).

Tal vez por eso haya sido una novedad muy sonada que la primera pastilla anticonceptiva masculina no hormonal (YCT-529) pasara su primer ensayo en humanos. Si bien todavía estamos lejos de una aprobación y uso masivo, el hallazgo sobre la seguridad de la droga y una potencial salida al mercado ya genera debate. Además, al ser no hormonal –a diferencia de los métodos para mujeres–, produce menores efectos secundarios sobre la salud y alteraciones en la libido o el humor, abriendo toda una serie de interrogantes en relación con los sesgos y desigualdades estructurales en la investigación de la anticoncepción. En especial, si pensamos en los avances en la lucha por la igualdad o aspectos a remediar como la tasa mundial de embarazos no deseados, que hoy ronda el 50% del total, según datos del Fondo de Población de las Naciones Unidas, y suele ser aún mayor entre las adolescentes. A su vez, las mujeres enfrentan más obstáculos que los varones respecto del acceso a métodos anticonceptivos por motivos religiosos y estigmas culturales.

Entonces, ¿por qué llegan tan tarde estos métodos anticonceptivos masculinos? ¿Es una forma de liberar a las mujeres de la carga –casi exclusiva– de la responsabilidad de la anticoncepción que recae actualmente sobre ellas? ¿Por qué no tenemos aún métodos no hormonales para nosotras?

Un derrotero hacia la anticoncepción masculina

“La búsqueda de un anticonceptivo masculino no comenzó ahora. Lleva más de medio siglo de investigación. Los primeros intentos aparecieron en la década de 1950, pero varios fueron abandonados por efectos adversos importantes. Más adelante, la investigación se enfocó en métodos hormonales, utilizando testosterona sola o combinada con progestágenos para frenar la producción de espermatozoides. Algunos demostraron buena eficacia, aunque los cambios hormonales y sus efectos secundarios limitaron su desarrollo. Uno de los proyectos más avanzados es un gel hormonal que combina nestorona y testosterona, que mostró resultados alentadores en estudios clínicos y continúa en investigación”, explica a la diaria la ginecóloga argentina Melisa A Pereyra, también conocida por su trabajo de divulgación en la cuenta de Instagram @ginecoline.

El gel tiene el nombre temporal de NES/T y lleva más de una década de desarrollo en el Biomedical Research Institute de Los Ángeles y en la Universidad de Washington. Todavía está en fase experimental y se especula que no saldrá al mercado antes de 2032.

En 1957, el endocrinólogo Gregory Pincus, que estudiaba los efectos hormonales de las enfermedades cardíacas, descubrió la manera de manipular el ciclo menstrual de la mujer y creó Enovid, la primera píldora anticonceptiva aprobada en 1960 por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA). Luego se propuso el desarrollo de una opción masculina usando la misma hormona inhibidora. Tras algunas pruebas en ambos sexos con resultados poco concluyentes, el esfuerzo se frenó. El efecto colateral fue que con el tiempo se dejó a los hombres fuera de la conversación, como indica Jonathan Eig, autor del libro The Birth of the Pill.

En contraposición, la creación de la pastilla anticonceptiva fue todo un hito en la historia de las mujeres, por una miríada de motivos médicos, sociales, culturales y políticos. Sin embargo, más de 60 años después todavía no tenemos una opción segura, reversible y accesible para los varones. Si bien algunas de las razones de por qué esto no sucedió aún rondan la complejidad de la tarea (la formación completa de un espermatozoide demora aproximadamente 74 días, por ejemplo) y hay variables que tienen que ver con los costos (gran parte de la financiación para anticonceptivos masculinos ha provenido de organizaciones sin fines de lucro o gubernamentales), muchas dudas también tienen que ver con la percepción en torno a los usos y costumbres: si los hombres estarían dispuestos a usar un método anticonceptivo masculino con efectos sobre su salud, si sus parejas mujeres confiarían en ellos, quién les proporcionaría el método y si los nuevos métodos competirían con los femeninos existentes.

Todo esto conspiró para que la industria no participara demasiado y por eso la investigación en este campo ha sufrido escasez de fondos durante las últimas décadas. La falta de participación también puede pensarse como una inversión poco segura que las grandes farmacéuticas simplemente no están dispuestas a hacer cuando ya tienen un negocio asegurado (el de los métodos femeninos) y un público cautivo.

Pereyra también explica que existen cuestiones regulatorias que pueden obstruir la investigación: “Como el hombre no enfrenta directamente el riesgo biológico del embarazo, los organismos reguladores suelen exigir un perfil de seguridad extremadamente alto. Cualquier efecto adverso tiene un peso importante al momento de evaluar la relación entre riesgos y beneficios”.

El presente de la anticoncepción masculina

“La anticoncepción masculina no hormonal representa uno de los avances más interesantes en salud reproductiva de los últimos años”, señala Pereyra, y apunta que el fármaco que hoy genera mayor expectativa es el YCT-529, “una píldora que actúa bloqueando un receptor del ácido retinoico, una molécula indispensable para que se inicie la producción de espermatozoides”. “Lo novedoso es que no modifica el eje hormonal. Es decir, no disminuye la testosterona ni debería afectar la libido, la función sexual o el estado de ánimo, algo que sí fue una limitación importante de varios métodos hormonales investigados anteriormente”, explica la ginecóloga.

Los resultados disponibles son todavía muy preliminares, pero hay optimismo. En julio de 2025 se publicaron los datos del primer estudio en humanos (fase I), realizado en 16 hombres, en el que el medicamento mostró un buen perfil de seguridad y no se registraron efectos adversos relevantes. Actualmente se encuentra en una fase Ib/IIa, que busca evaluar qué tan eficaz es para reducir la producción de espermatozoides cuando se administra durante varias semanas. Esos resultados todavía no fueron publicados.

Una encuesta destinada a medir la demanda de los consumidores de nuevos anticonceptivos masculinos e identificar los atributos del producto asociados con las preferencias de los hombres mostró que 61% de los hombres tenía interés en probar nuevos anticonceptivos masculinos en su primer año de disponibilidad, según revela el Journal Contraception.

“En el último tiempo los varones han tomado un rol más activo en anticoncepción. La vasectomía tomó un rol muy importante, pero, obviamente, las opciones que tenemos siguen siendo todavía pocas. Creo que un punto muy importante es que el varón se siga involucrando en la planificación familiar y se involucre en la decisión de cómo cuidarse junto a su pareja. Es cuestión de tiempo para que esto vaya cambiando, y también de que la industria farmacológica y la comunidad médica nos puedan acercar diferentes opciones”, comenta a la diaria Jonathan Finkelstein, urólogo, andrólogo y sexólogo argentino, al frente de la cuenta @saluddelvaron.

¿Un futuro reproductivo más igualitario?

Uno de los aspectos más discutidos tiene que ver también con un desbalance en la evaluación (tanto para el desarrollo como para el uso) de los efectos secundarios de las drogas hormonales para la contracepción. Mientras que en un caso se publicita que es un método no hormonal, reversible y sin efectos adversos, en el otro se advierte de los efectos como cambios de humor, dolor de cabeza, náuseas, disminución de la libido, aumento de peso y hasta riesgo de trombosis. Sin mencionar los casos en que condiciones preexistentes (cáncer de mama y otros) o la receta de medicamentos como antidepresivos, en paralelo, impide o complica la toma de anticonceptivos hormonales.

“Durante décadas la anticoncepción se entendió exclusivamente como una responsabilidad de la mujer y eso hizo también que muchos hombres desconocieran o minimizaran efectos adversos que pueden experimentar las mujeres con estos anticonceptivos. Creo que cada vez se habla más del tema no solo en los medios, sino entre las parejas, y definitivamente son disparadores de conversaciones, que es lo que faltaba”, admite Finkelstein.

A la pregunta de por qué todavía no contamos con anticonceptivos no hormonales para mujeres, Pereyra señala que durante mucho tiempo la investigación se concentró en perfeccionar los métodos hormonales que ya habían demostrado eficacia, en lugar de desarrollar mecanismos completamente nuevos.

Todo esto impulsó en los últimos años el interés por desarrollar alternativas no hormonales. Además del YCT-529, existen otras líneas de investigación que buscan bloquear proteínas o mecanismos específicos involucrados en la fertilidad masculina, evitando alterar las hormonas. En Argentina existen grupos que trabajan en este campo –no incidentalmente son equipos liderados por mujeres–, como es el caso del grupo liderado por la doctora Patricia Cuasnicú, investigadora del Conicet, que está trabajando en un método basado en la proteína CRISP1 con el objetivo de desarrollar un anticonceptivo no hormonal.

Más allá de que este tipo de anticoncepción ampliaría las opciones disponibles y permitiría que sea una responsabilidad más compartida, todavía hay aspectos básicos que reforzar en la educación sexual con métodos tradicionales, sobre todo si vemos la falta de información y acceso en poblaciones vulnerables o, incluso, el aumento de casos de infecciones de transmisión sexual que se registra en muchos países.

A su vez, la existencia de una pastilla masculina no garantiza por sí sola un cambio cultural. Los motores de una transformación profunda también tienen que ver con la educación y el acceso a la información, con decisiones políticas y factores socioeconómicos, y, finalmente, la distribución de esa responsabilidad, con el tipo de prácticas sexuales que asume una pareja, el diálogo y la confianza dentro de esta, el acceso al método y el costo.

“Hoy disponemos de anticonceptivos muy seguros y efectivos, pero muchas mujeres no pueden utilizarlos por contraindicaciones médicas o presentan efectos adversos que afectan su calidad de vida. Por eso es tan importante seguir investigando alternativas no hormonales tanto para mujeres como para varones. La anticoncepción del futuro debería ofrecer más opciones, más personalización y permitir que la responsabilidad del cuidado reproductivo sea verdaderamente compartida. Ese es, probablemente, el cambio más importante que estos nuevos desarrollos pueden aportar”, cierra Pereyra.